Empoderamiento, autocuidado y autoestima (+ Cuadernillo de trabajo)

Empoderamiento, autocuidado, autoestima

  Empoderamiento, autocuidado y autoestima

Hola, me llamo María y me descuido.

Eso, y escribo post interminables porque cuando hablo de empoderamiento y autocuidado me emociono. Así que si os parece largo este post, dad gracias porque lo he partido por la mitad para hacer una segunda parte.

He empezado por este autocuidado porque en la encuesta ¿Me ayudas a ayudarte? autocuidado y autestima fueron los temas más solicitados. Si quieres otros, la encuesta sigue abierta y puedes responderla aquí.

Vaaaale, a lo que te interesa.

Este post es para ti si:
  • Sufres agotamiento por hiperactividad pero lo ves como algo normal porque lo has integrado y estás convencida de que la vida (en comunidad, sea familiar o activista) es eso. Te has resignado y la posibilidad de cambiar es más un sueño que una posibilidad real para ti.
  • Sabes que tienes que dar un cambio a tu vida porque estás agotada.
  • No tienes tiempo para ti ni para cuidarte pero no te atreves a cambiar porque ya te has acostumbrado y la situación te parece bajo control. Ya sabes, «más vale malo conocido que bueno por conocer».
  • Estás mal y sabes que tendrías que cambiar pero no sabes cómo o no tienes la energía para averiguarlo. 
  • O lo que no sabes es si tienes ganas de emplear la poca energía que te queda en probar algo que igual no funciona y te deja peor. Si al menos vieras cambios rápidos que te animaran un poco…
  • Intentas cambiar tu forma de vida pero te resulta muy complicado por circunstancias diversas.
  • No encuentras una manera eficaz de empezar, alguien que te inspire confianza, una buena metodología, con quién hablarlo o una persona en quien apoyarte. 
Total, es para ti si has empezado pero acabaste volviendo a la situación de partida o logrando avances tan mínimos que te desesperan. O te frustran.

Al igual que muchas mujeres que conozco, debido a los modelos con los que crecí y a los mensajes que recibí desde pequeña, ha sido normal para mí no escuchar los mensajes de mi cuerpo, sobreesforzarme, priorizar las necesidades y demandas de l@s dem@s o sentirme culpable cuando tomaba tiempo y espacio para mí.

Durante años me dio vergüenza hablar de esto en público. Estar cansada se convirtió para mí en un tabú. Qué iban a pensar de mí. El día que empecé a contarlo en mis talleres y cursos, la sorpresa fue mayúscula.

Veamos si te suena:
  • Quieres ir contra los estereotipos de belleza, de trabajo, de pareja, como madre, hija, hermana  o compañera de vida, pero eres mejor alentando a otras que aplicándotelo a ti misma. Algo te paraliza a la hora de hacer cosas que en tu corazón sabes que deberías. Y te sientes culpable por no hacerlas.
  • Hay gente cercana alrededor que cree que puede decirte qué hacer y cómo hacer, desacreditando y desautorizando cada decisión, con el consiguiente desgaste emocional tanto si  haces frente directamente como si no.
  • El cuidado familiar te deja sin fuerzas. Intentas encontrar tiempo para tener un espacio propio pero sientes que luego tienes que recuperar el tiempo que te dedicaste.
  • Quieres hacer mil y una cosas y todas bien. No, mejor que bien: perfectas. Tu cuerpo te avisa de la sobrecarga de tensión con mareos, desánimo, desgana, irritación o contracturas musculares pero sigues y sigues y sigues, como si fueras un anuncio de pilas que no voy a nombrar.
  • Trabajas duro profesionalmente para que te reconozcan. Sabes que lo haces bien pero, si no se te reconoce de forma voluntaria, no lo reclamas. Te sientes resentida pero no lo pides. No quieres suplicar” ni ser el centro de atención. Pero si una compañera sí pide ese espacio sientes un punto de envidia y de enfado.
  • No es algo continuo pero, a ratos, estás harta de tener que estar siempre estupenda, justificar casi todo lo que haces, no quieres sentirte en la obligación de hacer cosas (sea con la familia, las amistades o en el trabajo) pero si no las haces es peor porque te reconcomes pensando lo egoísta que eres.
  • La conciliación te desgasta porque siente que tú te llevas la peor parte, o que parece que te estuvieran haciendo un favor por asumir una parte de la responsabilidad de los cuidados familares.
Puede que te veas reflejada en esas situaciones u otras parecidas. No son hipotéticas. Son palabras casi textuales de mujeres. Y me las dicen de forma idéntica desde todos los lugares del mundo.

Da igual que seamos o no conscientes de que es el sistema patriarcal el que nos pone un estándar que cumplir. Da igual que tengamos formación feminista o no. Llega un punto en el que o paramos o petamos.

Si has decidido parar y no puedes leer hasta el final, descarga el Cuadernillo de trabajo "Autocuidado: cómo entender y prevenir esas cosas normales que nos hacen polvo", que he preparado para ti.
Autocuidado, empoderamiento y autoestima

Autodescuido: la violencia machista que todas cometemos

Empoderamiento, autocuidado, autoestima

El autodescuido está tan interiorizado que no ser siempre las últimas en nuestra lista de prioridades supone un esfuerzo añadido a todos los demás.Tenemos actitudes, cada una consigo, que jamás permitiríamos que otras personas tuvieran con nosotras.

¿O acaso tú exijes a alguien tanto como te exiges a ti?

El resultado es que vivimos en un tobogán emocional que nos hace sentir invencibles cuando estamos arriba y detestables cuando estamos abajo. Y no de vez en cuando. Varias veces al día. O a la hora.

Nos descuidamos física, mental, espiritual y emocionalmente. En mayor o menor grado de una u otra manera. En uno u otro aspecto, pero lo hacemos.

Y tenemos que para de hacerlo porque nos va la vida en ello. Las activistas feministas nos llenamos la boca diciendo “Nos queremos vivas” (y es cierto). Pero tenemos que decirnos cada una a sí y todas a las demás: nos queremos sanas. Y ponernos en acción. Tenemos que hablar de ello allá donde nos juntemos dos mujeres. Y hacer un pacto persona con el autocuidado. Porque un movimiento con activistas exhaustas es un movimiento tocado y posiblemente hundido.

Para cuidarse, aunque parezca una obviedad, hay que quererse. Y aquí está la trampa. A las mujeres nos han enseñado a querernos poco y mal.

Es evidente que hay una exigencia del cuidado que no aporta bienestar. Y no es ase, creo que no hay que aclararlo, al que me refiero.
No hablo del cuidado que impone mandatos y obligaciones respecto de nuestro físico: estar delgadas, estar depiladas, estar suaves, estar jóvenes eternamente. La industria de la belleza nos impone unos cánones de belleza irreales que muy pocas mujeres logran cumplir (aproximadamente solo unas ocho mil mujeres en todo el planeta, según Naomi Klein, periodista e investigadora canadiense). A lo largo de la vida invertimos tiempo, energía y recursos en luchar contra el paso del tiempo y la fuerza de la gravedad.

Resulta difícil quererse bien a una misma cuando los medios de comunicación nos bombardean a diario con mensajes en los que nos recuerdan lo imperfectas que somos. Resulta difícil, también, no sucumbir a la amenaza de que si somos feas, gordas o viejas nadie nos va a querer (ni el príncipe azul, ni las demás mujeres, ni el mercado laboral).

Vivimos en permanente lucha interna: contra nuestros kilos de más, nuestras arrugas, los pelos que florecen en todas las partes de nuestro cuerpo.

Y aunque no lo hagamos, no resulta fácil conciliarnos con nuestro cuerpo y nuestra imagen cuando los años avanzan. Ni ir en contra de mandatos estéticos que esperan de nosotras que nos pongamos las faldas más largas o más cortas dependiendo de la edad, más ajustadas o menos dependiendo del tamaño de nuestras tetas, más o me nos tintes dependiendo de las canas.

Al compartir estas experiencias con otras mujeres, y el agotamiento y los resentimientos que traen como consecuencia, fui consciente, entre otras cosas, de la necesidad de transformar algunas creencias muy arraigadas en mi inconsciente, por ejemplo “el autocuidado es egoísta” o “no merezco tomarme tiempo para mi bienestar”, “cómo voy a sentarme tan ricamente con la de cosas que hay que hacer”, “estoy reventada pero la mani es a las 8 y  no puedo faltar”.

De nuevo ¿te suena?

Nos sentimos culpables si impuestas por la sociedad adelgazamos (o no), si se nos caen los pechos (o son demasiado voluptuosos), si nuestra piel pierde elasticidad (o si trabajamos para que no la pierda), si no hacemos nuestros sueños realidad (o si no los tenemos, hasta ahí podíamos llegar). Es el patriarcado.

Nos sentimos culpables si por necesidad personal descansamos, tomamos tiempo para nosotras, decimos que no, pedimos un poco de espacio personal, nos reímos y nos lo pasamos fenomenal (con la que está cayendo). O nos damos un capricho (si es que en realidad no me hace falta). Es el patriarca interior.

Batallamos más dentro que fuera del sistema: no nos aceptamos tal y como somos, no nos escuchamos, no nos permitimos hacer locuras, no nos admitimos como somos, no nos concedemos parar, ni ponernos las primeras alguna vez.

Porque si puedo estar haciendo algo y no lo hago ¿qué clase de persona soy? O quizás es aún más profundo ¿y si no lo hago todo perfecto y me dejan de querer? ¿Me merezco que me quieran incluso parada y sin tirar del carro?

Y tiramos y nos notamos cansadas. Y tiramos y nos sentimos extenuadas. Y tiramos a pesar de que nuestro cuerpo nos avisa. Y tiramos aunque queremos parar. Lo queremos con todas nuestras fuerzas. Pero no lo hacemos.

En esta cruzada que se libra en nuestro interior, tendemos a castigarnos en lugar de dedicar nuestras energías a buscar el placer y el bienestar propio. Vivimos en una cultura que sublima el sufrimiento y el sacrificio femenino.  Para ser perfecta (como en el amor) hay que sufrir, y cuanto mayor es el sacrificio, mayor es la recompensa.

Además del evidente de la tiranía de la belleza física, las mujeres tenemos otros monstruos internos y externos que amenazan nuestra autoestima a diario.

Vivimos en una sociedad muy competitiva que nos exige estar siempre a la última, que nos motiva a ser las mejores en todo. El mito de la supermujer o la super woman aparece en todas las revistas de moda, y resulta difícil no compararse  o que  te comparen con esas supermadres, superhijas, superesposas, superprofesionales que aparecen en los medios de comunicación.
  • La supermujer no solo es exitosa en su vida laboral (no renuncia a ascender en su trabajo y a dar lo máximo de sí misma a su empresa), sino que también es una gran ama de casa que cocina de maravilla.
  • La supermujer limpia sin mancharse, cuida a las mascotas, cambia pañales, cose los disfraces para el colegio de la prole, va a la compra, quita la grasa, plancha cerros de ropa, y además tiene tiempo para formarse y reciclarse profesionalmente, cuidarse a sí misma, hacer deporte, acudir a sesiones de terapia, hacer el amor y disfrutar de su pareja.
  • Las supermujeres no se cansan, ni se quejan: siempre están de buen humor y tienen energía para levantar un camión si hace falta. 
  • Las supermujeres se levantan como recién maquilladas y salidas de la peluquería. Y tu cara hinchada y los pelos de loca son un terrible defecto que tienes que esconder.
  • Las supermujeres limpian en tacones y tienen las uñas limadas y perfectas y las manos hidratadas tras limpiar el baño. Eso es así.
Yo las admiraba al tiempo que no podía evitar sentirme mala madre, mala trabajadora, mala esposa, mala hija y nieta, mala compañera, mala amiga… Porque no llegaba a todo, porque no sabía cómo ser las mejor en todo, y porque, encima, mi relación de pareja no solo no era tan maravillosa como había soñado (bueno, en realidad era una relación de violencia machista que yo no supe detectar hasta 15 años después).

Sin embargo, las supermujeres que yo encuentro todos los días entre mi alumnado y mis pupilas, entre las mujeres que me eligen como mentora son de otro tipo.

Son mujeres que, como yo un día, decidieron parar. Pensar. Repensarse. Ponerse pequeños objetivos e intentar cumplirlos. Premiarse si los cumplían. Perdonarse con amor si no los conseguían. Y contarlo. Gritar a los cuatro vientos sus imperfecciones, su cansancio y su dolor. 

Son mujeres con miedos que se sobreponen a ellos. Mujeres que se hacen conscientes de las tiranías del patriarcado y de su propio patriarca interior.

Ese patriarca se manifiesta en sus miedos. Todos los días. Muchas veces.
Miedos ligados a las expectativas que la cultura patriarcal pone sobre nosotras.
Los que más me manifiestan mis alumnas, los mismo que yo un día tuve y a veces me asaltan por sorpresa.
  • al ridículo
  • al reproche
  • al castigo
  • a no ser comprendidas
  • a no ser escuchadas
  • a la soledad
  • a que no las quieran
  • a que sepan como son “realmente”
  • a la muerte de seres queridos
  • a que pase el tiempo
  • al sufrimiento
  • a que me exijan más
  • a que todo se termine
  • a lo que dirán
  • a seguir siempre “así”
  • a no tener fuerzas para llegar a todo
A veces, si conseguimos deshacernos de nuestro rol femenino tradicional trasladamos nuestros mandatos de sacrificio y abnegación al espacio del activismo.

Nosotras seguimos viviendo por y para los demás, y seguimos, de algún modo, sometidas a la tiranía del “qué dirán”. Nuestra condición de mujer tradicional, moderna y posmoderna nos lleva a querer agradar y complacer a l@s demás, a necesitar la aprobación y el reconocimiento de l@s demás: solo así podemos valorarnos a nosotras mismas.

Lo disfracemos con el mensaje que lo disfracemos, el “ser para otros” nos sigue atando como cadena individual y colectiva.

En la cultura patriarcal, las mujeres nos sentimos culpables y egoístas cuando pensamos en nuestras necesidades o en nuestro placer. Nos enseñan que una mujer de verdad es aquella que p iensa más en los demás que en sí misma, una mujer que se entrega sin pedir nada a cambio y sin perder la sonrisa.

Ese es el problema, pero tenemos una solución. la solución se llama autocuidado.

Empoderamiento, autocuidado, autoestima

Los trucos pasan por hacerse unas preguntas y responderlas con sinceridad.

  1. ¿Tienes claridad sobre cuáles son tus necesidades emocionales y cómo puedes satisfacerlas?
  2. ¿Tienes claras tus prioridades?
  3. ¿Te das un espacio para ti cada día, ya sea para relajarte o distraerte de algún modo?
  4. ¿Practicas algún deporte o técnica de meditación que te ayude a relajarte?
  5. ¿Tienes algún hobby que te haga sentir bien y te brinde alegría?
  6. ¿Te fuiste de vacaciones o hiciste algo para desconectar de tus rutinas el año pasado?
  7. Para los próximos meses, ¿tienes planeada alguna actividad que desees realizar con entusiasmo y muchas ganas? 



Todas estas preguntas pueden parecerte muy sencillas, pero su respuesta es la medida de tu autodescuido. ¿Hasta dónde eres capaz de abandonarte?

Si tras responder crees que demasiado, haz un pacto contigo misma: Empieza ahora mismo a cuidarte. Pero no de cualquier manera.

No intentes cambiarlo todo a la vez:
  • El autodescuido es un conjunto de hábitos, deshazte de ellos poco a poco.Empieza por uno que te resulte fácil y ve aumentando la dificultad. Por ejemplo, si necesitas alimentarte major elimina el aceite de palma de los productos de tu próxima cesta de la compra. O la harina refinada. Si decides hacer dieta absoluta 7 días a la semana el resto de tu vida lo más probable es que te aburras antes de empezar ¿no? Yo me aburriría.
  • Si quieres que te acompañmos en el proceso, temenos un grupo de autocuidado y empoderamiento feminista: La Tribu. Quedas invitada.
  • Si te apetece seguir recibiendo trucos de autocuidado, suscríbete al Blog de Especialista.
Comenta al final del post. Que otras mujeres sepan qué hiciste, cómo, si te pasó, cuándo. Si tienes trucos ¡cuéntalos!

¿Cansada? Empieza ahora mismo tu plan de autocuidado

¿Tienes CLARAS tus necesidades emocionales y cómo puedes satisfacerlas?

Es una pregunta que tienes que responder sí o sí. Si no sabes qué necesitas, no podrás conseguirlo y sentirte realizada, tranquila y feliz.
  • Dedica unos minutos a responder esta pregunta.
  • Haz un lista de necesidades.
  • Desarrolla un plan que para satisfacerlas.
Por ejemplo: si necesitas reirte, llama a alguna amiga de esas que sabes que acabarás con la mandíbula desencajada. O con una que transmita energía.

¿Qué lugar ocupas dentro de tus prioridades? 

Otra pregunta fundamental. Si te dedicas por completo a satisfacer las necesidades de tus seres queridos, amistades, colegas, etc., y descuidas las tuyas, lo más probable es que te sientas estresada, abrumaday con la sensación de que vives sacrificándote por los demás.

Haz una lista de las que han sido tus prioridades hasta ayer. Si te resulta más fácil divídelas en:
  • Laborales
  • Familiares
  • Emocionales
  • Espirituales
Haz otra lista con los mismos apartados y el nuevo orden si alguna de las prioridades crees que te perjudica. Algunos consejos:


  • Es necesario que te dediques un tiempo. 
  • No empieces por una hora porque igual te pones excusas porque es demasiado; toma 1 minuto recién levantada. O antes de acostarte. 
  • Ve aumentándolo poco a poco y crea un tiempo y espacio para ti, cada día, sin culpas. Te lo mereces: ¿si no te cuidas a ti misma, cómo vas a relacionarte con quienes te rodean? Probablemente lo harás desde el cansancio, la frustración, la rabia, la impotencia, y eso sólo genera rencores y roces en las relaciones interpersonales.

¿Te das un espacio para ti cada día, ya sea para relajarte o distraerte de algún modo? 

Múltiples estudios psicológicos demuestran que el bienestar emocional se relaciona con conductas de autocuidado básicas:

  • Dormir al menos 8 horas
  • Alimentarte bien
  • Realizar ejercicio físico al menos dos veces por semana, no hace falta apuntarte al gimnasio. estírate un poco al leantarte y al acostarte, solo eso, mejorará tu humor.
  • Practicar alguna técnica de relajación o meditación. 
Te invito a reflexionar sobre cuánto tiempo dedicas a estas actividades

Si sientes que es insuficiente, considera dejar aunque sea unos minutos cada día, para practicar algún ejercicio sencillo de meditación o respiración, que te ayude a enfocarte y reducir tus niveles de estrés.

Yo, que tengo siempre la cabeza como un molinillo, para tomar conciencia del ahora tengo un truco. cada día tomo mi teléfono y hago una serie de fotos a la misma hora, al mismo lugar. Es un bosque que hay frente a casa, con una serie de montañas en el horizonte. Cada día salgo, hago una serie de fotos. Eso me obliga a concentrarme para que sea el mismo lugar, a ver los matices de luz, de color del cielo, del aire. Ahora a precio los sonidos con una nitidez que antes no alcanzaba a detectar.

Os dejo unas cuantas fotos de "mi lugar" ¿No es precioso? 



¡Ojo! Puede ser cualquier otro lugar, no tiene por qué ser la naturaleza. La pared de tu despacho, un rincón de tu cocina, el cielo que se ve desde la ventana del baño, el parque de al lado de casa, la ropa tendida de la casa de enfrente. Da igual. Solo concéntrate en lo que ves antes de disparar ¡es mágico! Ya me lo contarás.

¿Practicas algún hobby que te haga sentir bien y te brinde alegría?

Tener un espacio propio para desarrollar la creatividad y realizar actividades que efectivamente disfrutes y te hagan sentir bien es un componente fundamental del bienestar personal y de nuestro nivel de satisfacción en la vida.
  • Puedes escuchar música, leer un buen libro, tocar algún instrumento musical, dedicarte a crear artesanías, al dibujo, la pintura, ir al cine, ver películas, etc
  • Lo importante es que encuentres algún hobby que puedas realizar al menos una vez por semana, y que te ayude a relajarte, distraerte y desarrollar la creatividad.
¿No se te ocurre por dónde empezar?
  • Haz una lista con al menos 20 actividades que acostumbres disfrutar y te brinden felicidad.
  • Proponte hacer, al menos, una el próximo mes/semana/día… todo depende de tu necesidad.

¿Te fuiste de vacaciones el año pasado? 

A veces por motivos económicos o dificultades familiares, no es posible ir de vacaciones, puedes aprovechar  un día de fiesta, un fin de semana o un puente para ir a alguna playa cercana o al campo, y cambiar de aire. O para hacer de tu turista en tu ciudad o tu pueblo. Haz fotos, mira todo con otros ojos. ¡Te vas a sorprender!

Te sentirás renovada, con nuevas energías para regresar y enfrentar tus responsabilidades con tranquilidad.

Si no sabes por dónde empezar, volvamos al lápiz y el papel:
  • ¿Qué actividad te gustaría realizar?
  • ¿Cuándo y cómo podrías llevarla a cabo?
  • ¿Necesitas ayuda de alguien más?
  •  De ser así, ¿cómo podrías conseguirla? 
Más que las cosas concretas lo importante es que reflexiones sobre las distintas formas de autodescuido con las que te maltratas día a día. Y sobre qué hábitos de autocuidado las sustituirán.

Poco a poco. Si eres como yo querrás cambiar todo a la vez y te sentirás frustrada. Yo estuve en esa situación más de un año.

Aprende, si quieres, de mis errores y sé más lista que yo: empieza poco a poco.

Para establecer nuevos hábitos de autocuidado necesitas:
  • Organizarte para cumplir con tus metas y responsabilidades de manera realista
  • Reconocer los factores que desencadenen estrés en tu vida diaria y buscar un modo de manejarlos efectivamente.
  • Pedir apoyo a tus seres queridos, si lo necesitas.

El bonus de la autoestima

¿Has tomado la decisión de empezar a cuidarte ? ¡Bien!



Pues puedes tener un plus: si lo haces poco a poco y con firmeza tu autoestima no solo mejorará de forma puntual sino que irá subiendo su nivel de “piloto automatico”. ¿Cómo?
  • Reconociendo tus logros.
  • Aceptando los elogios que recibas. Nada de "qué guapa te ves hoy" y responder "bah, pues no será por lo bien que he dormido". Gracias y una sonrisa.
  • Agradeciendo sin excusas las críticas constructivas que te permiten crecer como persona. 
  • Recompensándote cada día por los avances que realices en tu vida. 
  • Manteniendote consciente de ti misma y de las necesidades que tienes que satisfacer para sentirte bien.
  • Durmiendo bien.
  • Aliméntate adecuadamente
  • Practicando algún ejercicio.
Date tiempo para relajarte y lo más importante, para disfrutar contigo misma: las personas felices tienden a vivir más tiempo, gozan de buena salud, consiguen sus metas y se relacionan sanamente con quienes les rodean. 

Porque lo cierto es que para poder cuidar a los demás (si es que queremos o no tenemos más remedio que hacerlo), tenemos que estar bien, sentirnos a gusto con nosotras mismas, y empoderarnos, es decir, confiar en nuestras capacidades y habilidades, y tener una buena percepción de nosotras mismas y de nuestras pequeñas y grandes hazañas.

Por eso es tan importante el autocuidado para la autoestima femenina: aprender a querernos bien a nosotras mismas no solo mejora nuestra calidad de vida, sino la de todo el mundo a nuestro alrededor. Si nos queremos bien a nosotras mismas, podremos querer bien a los demás: el amor es una energía que se mueve en todas las direcciones, y que cuanto más se expande, a más gente llega.

Si aprendemos a aceptarnos tal y como somos, y si nos centramos en aprender a querernos bien a nosotras mismas, podríamos acabar con las torturas y auto-castigos porque pensaríamos más en nuestro bienestar que en la opinión de los demás.

¿Qué sucedería en ese mundo ideal en el que hemos introducido hábitos de autocuidado?
  • No nos sentiríamos tan presionadas a cumplir con las expectativas ajenas o los mandatos de género.
  • Pensaríamos más en nuestro derecho al placer, a disfrutar del tiempo libre, a hacer lo que más nos gusta.
  • Se elevarían nuestros niveles de autoestima.
  • Nos permitiríamos delegar y compartir responsabilidades con la pareja, y con el resto de los miembros de la familia.
  • La familia pasaría a ser un equipo en el que cada quién mira por su parte del juego y por los resultados del conjunto.
  • Aprenderíamos a trabajar en ese equipo sin hacer tantos sacrificios personales, y sin hacer tantas renuncias.
  • Compensaríamos la balanza entre las obligaciones y los placeres, y estando más contentas, nuestro entorno también se vería beneficiado.
  • Pero, recuerda: no hagas el tonto tanto tiempo como yo lo hice.

No se trata de imponernos nuevos deberes, ni nuevas obligaciones. Dejemos de lado la idea de comprometernos a hacer una misma cosa cada día porque generalmente esto no nos apetece. Ni a hacerlas todas todos los días.
Tengo unas últimas sugerencias:
1. Haz una lista de cosas que se te han ocurrido mientras leías. Por locas io imposibles de realizar que te parezcan en este momento. No lo dejes para cuando tengas un rato, ni para mañana. Hazlo ahora.
2. Coge un papel y un boli, o tu grabadora dle móvil y lugar haz una lluvia de ideas con todo lo que ya estás haciendo en tu vida para nutrirte y cuidarte: 
  • en lo físico 
  • en lo emocional 
  • en lo mental 
  • en lo espiritual. 
3. Háblalo con tus amigas, compártelo en un grupo de Facebook o Whasapp. Quizás la que no se te ocurre a ti se le ocurre a la de al lado; o la que no te apetece hoy se te antoja dentro de un mes. Solo porque sí.
4. Suscríbete al blog o a la EVEFem para que lleguen mis trucos y sugerencias directamente al mail.

5. Ven a La tribu: espacio de autocuidado y empoderamiento feminista, donde podrás encontrar materialy  ejercicios exclusivos, trucos y vivencias demasiado personales para compartir en un blog.

6. Descarga (si no lo has hecho todavía) el Cuadernillo de trabajo "Autocuidado: cómo entender y prevenir esas cosas normales que nos hacen polvo", que he preparado para ti.
Autocuidado, empoderamiento y autoestima

¡Por favor! Cuéntanos en comentarios la primera cosa que vas a hacer que te encanta y desde cuándo no la hacías.

Quererse bien a una misma: todo son ventajas. ¿No crees?






María S. Martín Barranco

@generoenaccion

Comentarios

  1. El cuidado de una misma es importante. Yo intento tener tiempo para mí y hacer las cosas que me gustan y también la oportunidad de tirarme todo el día, un domingo, por ejemplo sin hacer nada. Me hace sentir bastante bien escribir relatos y leer. Psra quitarme el estrés y volver a motivarme o recuperar algo de la autoestima es salir a correr. Recientemente me he creado una lista de reproducción de música feminista que me llevo a correr o que me pongo cuando estoy de bajón. Me hace relajarme y ver las cosas con otras perspectivas y, sobre todo, me hace sentirme bien conmigo misma.

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    1. ¡Queremos YA esa lista! jajajaja Muchas gracias por contarnos. Tienes razón en eso de la escritura, me lo dicen muchas veces. Un besazo.

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  2. Mirarme al espejo y moverme al son de una mùsica muy sensual.Aprovecho y me estiro mucho y como de jovencita practique ballet realizo pases y me siento Paulova

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    1. Qué buena sugerencia. Yo soy más de ponerme rock y saltar como poseída (por eso elegí la imagen de la cabecera) saltar y reír para mí son dos cosas que han estado unidas siempre :). ¡Un beso! Gracias por contarnos.

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  3. Según fui leyendo el texto, lo primero que hice fue copiar el enlace y enviarlo a unas cuantas amigas y conocidas.
    Le leído el post tres veces, para no dejar nada en el aire. He hecho unas cuantas listas, unos cuantos diagramas..., ahora falta dar orden a esta lluvia de pensamientos. Ser consciente y realista.

    He sido consciente de que no me aplico el autocuidado. Aunque también es cierto, que en los últimos tiempos aprendí a decir que NO y a elegir que hacer y que no, sin sentirme culpable por lo que no hacia (¡algo muy importante para mí!). Por cuestiones del azar, tuve un percance con el coche hace unos días, lo cual me ha llevado a estar en reposo. Me he dado cuenta de que no se estar si hacer nada (¡Qué lástima!), creo que actividad es mi segundo apellido. Así que he aprovechado para tomarme un respiro y marcar prioridades.
    Es la primera vez que escucho a mi cuerpo.

    Gracias por el material, y por la TRIBU :)

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    1. Muchas gracias a ti por tomarte el tiempo de escribir y poner tu experiencia a disposición de otras mujeres. Es muy importante darnos cuenta de que no es "cosa tuya" ni "cosa mía"; no son rarezas, son una cultura y un sistema que nos convierte en cautivas de nosotras mismas. Ahora, paciencia y amor para perdonarte. Saber es una cosa, querer es otra y poder hacer una más, y diferente. Porque a veces caemos en el error del si puedo, debo. O si quiero, debo. Y no: preguntémonos ¿quiero, puedo, debo? Al menos que gane la mayoria ;)

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  4. Muy buenas:

    Mi nombre es Nerea y me gustaría que me facilitasen un email para hacerles llegar un decálogo con propuestas para conseguir empoderamiento de mujeres y niñas e igualdad de género. Mi email es comunicacion@squareventures.es

    Pueden escribirme a ese email. Un saludo.

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    1. Hola Nerea, puedes escribir a especialistaenigualdad@gmail.com nos encantará recibir el material.
      ¡Un abrazo!

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  5. Chicas, a mi me han pasado muchas de estas cosas que explicáis en el post. La más reciente y que me ha afectado mucho, hasta el punto de abandonar un trabajo fijo, ha sido la desigualdad en cuanto a valorar mi trabajo respecto a otros compañeros hombres. Sabía y se que no era peor que ellos, pero se me invisibilizó durante más de 2 años y ya no pude más, para conseguir lo mismo tenía que luchar el triple. Lo he dejado y me sentía mal en un principio porque pensaba que era un fracaso, pero ahora creo que atreverme a salir de ese lugar tóxico ha sido lo mejor que he podido hacer. He sido afortunada porque lo que si tuve fue el apoyo de mis compañeras. Gracias por hacerme sentir que no soy la única.

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    1. A veces, cuando se puede elegir, elegir alejarse de los espacios tóxicos es la mejor opción. Muchas gracias por contarnos tu experiencia, efectivamente, no eres la única. Un abrazo enorme.

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