miércoles, 28 de diciembre de 2011

Reflexión de Nuria Varela ante la deriva de las políticas de igualdad con el nuevo gobierno español

Hubo un tiempo en el que llamábamos violencia de género a la violencia de género Lo escribo para recordarlo. Quizá dentro de unos años se nos haya olvidado que hubo un tiempo en el que conseguimos llamar las cosas por su nombre. Y seguro que si olvidamos esto, aún se hundirá más en el pozo de la desmemoria que fue el resultado de mucho estudio, mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucha, mucha valentía. Porque también hubo un tiempo anterior en el que como dice Teresa Meana, a las mujeres "no nos veían ni muertas", era el tiempo en el que se hablaba de "crímenes pasionales", "problemas de faldas" y ese tipo de cosas. Era el tiempo en el que a la violencia se le llamaba amor y a las víctimas culpables o incitadoras, o provocadoras... Y para llegar al tiempo en el que llamamos a las cosas por su nombre fue necesario el testimonio de miles de mujeres que salvaron su vida con coraje, sin ayuda y con el rechazo social, que contaron y relataron y explicaron (algunas se jugaron la muerte y fueron quemadas vivas por su testimonio, como Ana Orantes). Y así, gracias a todas ellas, conseguimos entender en qué consistía esa violencia que dejaba muertas en vida, asesinadas, llevaba al suicidio y a la enfermedad crónica. En qué consistía esa violencia que solo se ejercía contra las mujeres, esa violencia tan "normal" y tan aceptada. Pero en ese tiempo en el que llamábamos violencia de género a la violencia de género comenzaron los insultos y las descalificaciones y los sabios de la tribu apelaron a su sabiduría para condenar lo nuevo que habíamos aprendido y se salía del canon y cuestionaba el orden establecido. Y quienes le daban importancia al lenguaje fueron tachadas de ignorantes y quienes exigían un respeto escrupuloso a las leyes, a todas las leyes, fueron calificadas de intolerantes y tantas y tantas cosas más. Y así llegamos al tiempo en el que ya no llamamos violencia de género a la violencia de género y ya no sabemos cuántas mujeres han sido asesinadas ni por qué ni por quién y quienes están siendo maltratadas no ponen denuncias y algunas de las que las ponen salen del juzgado también denunciadas por sus maltratadores y de otras tantas dicen que ponen denuncias falsas y la impunidad que comenzaba a desaparecer, vuelve con más fuerza aún que antes. Y así llegamos al tiempo en el que como no hay violencia de género ya no hacen falta las casa de acogida, ni las ayudas económicas ni el apoyo psicológico porque además estamos en tiempos de crisis y la vida de las mujeres siempre ha sido un lujo.

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