viernes, 28 de marzo de 2014

La intuición femenina o la excusa científica para la desigualdad


Según un reciente estudio, las mujeres, debido a nuestra menor exposición a la testosterona, somos más intuitivas y, por lo tanto, menos reflexivas: “Científicos españoles apuntan que las mujeres son «más intuitivas» que los hombres por un componente biológico, que las predispondría a adoptar durante sus vidas un pensamiento «menos reflexivo» que ellos” Universidad de Granada, Secretaría General

Esto es así, lo ha demostrado la ciencia, es nuestra biología, menor, imperfecta, lo que nos hace más intuitivas, pasionales e irracionales, víctimas de nuestros sentimientos y nuestro estado de ánimo. Descritas así, parecemos bombas ambulantes a punto de estallar en un ataque de histeria inminente e impredecible. Recordemos que la RAE nos advierte de que la “histeria” es “más frecuente en la mujer que en el hombre”. Tenemos, pues, todas las pruebas científicas y argumentos autorizados en nuestra contra: somos así, volubles, la donna é mobile. No me extraña que no nos dejen trabajar en puestos de responsabilidad, ¡si es que en cualquier momento la podemos liar parda!

El estudio está realizado con 623 estudiantes (363 mujeres y 260 hombres), por un equipo de investigadores de las universidades de Granada, Pompeu Fabra de Barcelona y Middlesex University de Londres, cuyos resultados pueden consultarse aquí, donde hay acceso al artículo completo: Can exposure to prenatal sex hormones (2D:4D) predict cognitive reflection?

Ilustración Ratio Digital
Las sorprendentes conclusiones que se han divulgado surgen de una teoría ampliamente contrastada por la cual la diferencia entre nuestro dedo índice y anular nos indica nuestro mayor o menor contenido en testosterona, es lo que se llama el ratio digital. Pues bien, tras realizar una serie de preguntas de contenido matemático, se observó que las mujeres cometían más errores y ello es achacable a su menor contenido en testosterona lo cual, a su vez, se puede comprobar en la mayor diferencia entre su dedo índice y el anular.

Es evidente que si se parte de una hipótesis como la existencia de conocimiento intuitivo en las mujeres y que, este está en contraposición con otro tipo de conocimiento más reflexivo y práctico, las pruebas, métodos y análisis estarán guiadas y  determinadas por este pensamiento, de manera que las conclusiones son esperables.




Table 2.
CRT: % of correct answers by sex.
Males (%)Females (%)P-value
CRT-item 135.7729.200.098
CRT-item 225.7710.470.000
CRT-item 334.2318.730.000

0 correct answers43.4661.43
1 correct answer28.8523.97
2 correct answers16.159.37
3 correct answers11.545.23
P-values from two-sided Fisher's exact tests for the difference in proportions.


Sin negar la validez de las pruebas científicas y la objetividad del estudio original, me asombra la orientación de las conclusiones y de las hipótesis de partida que se han elegido para la divulgación del artículo. En primer lugar, llama la atención la consideración de la intuición como una facultad opuesta a la reflexión: “El pensamiento intuitivo se puede definir como aquel que se procesa de forma automática e inconsciente y que, por tanto, requiere poco esfuerzo cognitivo”, y se continúa explicando qué se entiende por pensamiento intuitivo: “se basa en las sensaciones y es más «emocional»”. Además, se aclara: “En ciertas situaciones, «dejarse llevar» por la intuición será más acertado que pararse a reflexionar; en otras, ocurrirá lo contrario”. Adivinad en qué situaciones es mejor intuir que reflexionar y ya tenemos la segregación sexual en el trabajo.

La intuición, así, es una facultad negativa, contraria a la razón (así se define en el drae: “Facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”), lo cual, a mi juicio, obedece a una concepción romántica del mundo. Más inexplicable es, todavía, la vinculación entre la intuición y la creencia en dios o en lo paranormal: “Creer en Dios o en lo paranormal –que se relaciona positivamente con responder el test de forma intuitiva”

Es más, considero que incluso en este mismo estudio, los tres investigadores –todos varones– que lo han realizado, han tenido que echar mano de su intuición para atisbar por dónde debería ir su estudio. Ellos han tenido la intuición de que le cerebro femenino funciona de forma diferente y se han propuesto comprobarlo. La intuición, por tanto, en este caso, ha servido de paso previo a una reflexión, a un estudio científico, razonado y apoyado en pruebas y tesis ampliamente documentadas. No me parece, por tanto, que la intuición sea un rasgo negativo más asociado a lo femenino (además de lo “débil, endeble”, con que nos relaciona la RAE) y que, si es verdad, como parece comprobarse en este estudio, que el cerebro femenino y el masculino son diferentes, se elaboren conclusiones más integradoras que no sigan alimentando estereotipos, que son los que, a su vez, promueven la desigualdad.

Pilar Jódar
Filóloga, investigadora en Literatura española y Profesora.
Licenciada en Filología Hispánica y DEA, por la Universidad de Salamanca.
Profesora de Lengua, Inglés y Francés y autora de artículos relacionados con el teatro, en revistas y publicaciones especializadas.

Interesada por las situaciones de desigualdad que viven las mujeres de mi país, encontré en el Proyecto Desgenerad@s un cauce para mis preocupaciones.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Feminicidio y feminicida según la RAE

La foto es de Mentes Femeninas

La edición 23ª del DRAE incluirá la palabra “Feminicidio” en un diccionario que conmemora los 300 años de esta rancia, sexista y discriminatoria institución.
Lo que podía haber sido un gran triunfo —y en parte lo es— se queda en una muestra más de la prepotencia con la que los académicos (y en este masculino excluyente incluimos a las escasas académicas que “adornan” la RAE) tratan a quienes usamos el lenguaje para pensar, para concebir y expresar nuestra forma de ver y entender la realidad.
La definición de feminicidio por parte de la RAE no es que se quede corta, es que falsea esa realidad. Los “inmortales”, después de haber recibido la iluminación divina han dictaminado que feminicidio es el “asesinato de una mujer por razón de su sexo”.
¿A quién pidieron asesoramiento para decidir que era esta y no otra la definición más correcta de esta palabra tras la cual se esconde un genocidio por razones de género?
Quizá podrían haber consultado, por ejemplo, con Marcela Lagarde y de los Ríos quien castellanizó el término y que junto a otras expertas en género ha recalcado que los feminicidios no se producen por razón de sexo sino de género.
El término 'feminicidio' fue utilizado por primera vez en el Tribunal Internacional sobre Crímenes contra las Mujeres en 1979 por Diana Russel, que hablo de 'femincide'. Posteriormente, esta misma autora y Jane Caputi publicaron un artículo titulado “Femicide: Speaking the unspeakable” en 1990. En dicho artículo se hablaba de diversos tipos de violencia contra las mujeres que incluían otros tipos más allá de los asesinatos, como la violación, la mutilación genital, la esclavitud sexual, etc. Además, catalogaban estos feminicidios en función de la cercanía y el parentesco entre la víctima y su agresor como feminicidio “íntimo, no íntimo y por conexión”.
Si la definición de feminicidio por parte de la RAE falsea la verdad, tampoco se queda corta con la de “feminicida”. Para la academia feminicida es, además de “el adjetivo perteneciente o relativo al feminicidio”, con lo que feminicida sería “una persona que comete feminicidio”.
Resulta llamativo que los académicos afinen tanto dependiendo de las ganas que tengan de explicar un término u otro. Mucho habrán tenido que investigas para determinar que de los miles y miles de feminicidios cometidos el género es tan poco importante que, por una vez, se decantan por hablar de personas y no de hombres, ni siquiera de personas del sexo masculino.

No menos curioso es que Fundéu (Fundación del español urgente) respondiera hace poco más de un mes sobre esta definición diciendo que “La palabra feminicidio es adecuada para referirse al asesinato de mujeres por el hecho de serlo, como una forma extrema de violencia machista.” Y, aunque sigue destacando que feminicidio es “el asesinato de mujeres por razón de su sexo”, sin embargo especifica que «Las leyes de varios países y las resoluciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos definen feminicidio como el ‘homicidio de mujer por razones de género’». En resumen, que en esta cuestión, para la RAE ni siquiera tiene validez la definición de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y prefieren introducir la suya que fija, pule y da esplendor a su sesgada visión de la realidad.
Las excusas de la RAE para introducir nuevos términos al diccionario fluctúan entre varios razonamientos, como la de dejar pasar un tiempo para comprobar si la palabra es de uso común. Prueba de ello es un artículo de 2007 donde ya se hablaba de 'feminicidio' (prefiriendo su uso al de femicidio) y también de 'violencia de género', término imposible de definir puesto que la propia acepción de 'género', no había sido aún, hasta ahora, recogida en el DRAE. También hay que recordar que la RAE recomendó, incluso, que la Ley integral de Violencia de Género que ahora cumple 10 años en España fuera llamada "violencia doméstica o por razón de sexo".
Sinceramente, fue una sorpresa cuando después de la campaña #GolondrinasalaRAE en la que se cuestionaba a la RAE por sus definiciones sexistas contestaron que tanto 'feminicidio' como 'género' iban a ser incluidas en su nueva edición. 'Feminicidio' por primera vez y 'género' con la acepción de 'género sociológico', también como derivada de la voz inglesa 'gender'.
Pedro Álvarez de Miranda, académico y director del diccionario (no iba a ser una directora, claro), dijo, al presentar la nueva edición que “Es cada vez más difícil pillar al Diccionario en un resabio machista”, lo que viene a demostrar que no leen lo que publican. Durante la mencionada campaña de #GolondrinasalaRAE de Especialista en Igualdad, multitud de personas que preguntaron a través de las redes sociales a la academia sobre ese “resabio machista” aportaron cientos de ejemplos sobre el sesgo sexista y patriarcal en las definiciones.
Entre otras perlas del diccionarios se contabilizaron en apenas dos días más de 80 sinónimos de 'prostituta', tales como 'pelota', 'maleta', 'gamberra', 'mujer del arte', 'mujer del partido', 'mujer de punto', 'mujer perdida', 'mujer mundana' o 'mujer pública'. Básicamente, para la RAE, 'mujer' es casi un término peyorativo de 'puta'.
Quizá como colofón de lo “poco” machista que sigue siendo la RAE, baste con exponer la definición de “huérfano, na” y que nos da una idea de la visión androcéntrica de la institución que dice salvaguardar el buen uso de la lengua: “Dicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre”.
No esperamos ninguna sorpresa, pues, en cuando a la definición de 'género', excepto que sea la última de las acepciones en concordancia con su importancia y que sea algo así como “género sociológico, especialmente el masculino, incluido en el DRAE para acallar a las feminazis”.

Al tiempo… 


lunes, 24 de marzo de 2014

La violencia machista y el "delito" de Violencia de género en España



En España, como en el mundo, las violencias hacia las mujeres son tantas y hay una parte tan pequeña que se contabiliza, que hablar de violencia machista es hablar de una gota del mar. Pero es una gota importante porque son gotas de vida. Unas, malogradas definitivamente, otras, muertas en vida a causa del miedo al agresor y del miedo a una sociedad que siempre culpabiliza en mayor o menor grado a las mujeres maltratadas del maltrato sufrido. Desde los medios de comunicación que hablan de "locuras de amor" o"discusiones" hasta el juez que dicta una sentencia absolviendo a un maltratador por romper la orden de alejamiento y regresar a su casa tras estar en la cárcel "porque no tiene dónde ir". O cuando todo un Colegio de Jueces (¿y las juezas, habría?) boicotea a una fiscal por hacer su trabajo y denuncia irregularidades en las sentencias por violencia de género.

También culpabilizamos cuando si violan a una prostituta pensamos que estaba justificado, y cuando ponemos en duda la palabra de una mujer que denuncia porque alguien se ha empeñado en hacernos creer que denunciar a un maltratador es un chollazo que te da una paga casi automáticamente y se hace al buen tuntún solo por fastidiar. Y nos maltrata la Academia de la Lengua cuando permite que personajes misóginos e infames (y sálvese quién pueda) decidan cómo se nos nombra a las mujeres o mejor dicho, cómo se nos deja de nombrar. 

Y nos maltratamos entre las mujeres cuando decimos eso de "soy femenina no feminista" como si no ser feminista (es decir, no luchar por los propios derechos) diera un plus de feminidad. Y es que en realidad, así es. Si te ajustas mejor al papel de mujer establecido era más femenina en el sentido en el que la sociedad te necesita: sumisa y transmisora de sumisión.


Todas esas pequeñas, medianas y grandes violencias que no desembocan en una muerte también matan; son violencias que todo el mundo comete (cometemos) a todas horas son las que permiten que un hombre considere a una mujer su propiedad y como tal, la destruya en el modo que considere conveniente, cuando lo cree conveniente.

No es de esas violencias de las que hablaré, sino de las que podemos contar; son la mínima parte pero verán ese mínimo hasta qué cantidades espeluznantes alcanza.

Puntualizaré para quienes no lo saben que en este país solo algunas de las manifestaciones de la violencia machista de hombres contra mujeres recibe la denominación legal de violencia de género y así se recoge en las dos leyes-marco de protección de las mujeres (Ley Integral contra la Violencia de Género y Ley de Igualdad) contra lo que yo prefiero llamar terrorismo machista, tal y como aclaré en un artículo en el periódico progresista español Nueva Tribuna que tiene su mayor, pero no más numerosa expresión en el asesinato de mujeres por parte de sus parejas o ex parejas.

La definición legal de la violencia de género en España, se recoge en la Ley Orgánica 1/ 2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, y es la siguiente:
Artículo 1. Objeto de la Ley.
1. La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.
2. Por esta ley se establecen medidas de protección integral cuya finalidad es prevenir, sancionar y erradicar esta violencia y prestar asistencia a las mujeres, a sus hijos menores y a los menores sujetos a su tutela, o guarda y custodia, víctimas de esta violencia..
3. La violencia de género a que se refiere la presente Ley comprende todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad. 
¿Cómo se traduce ese concepto en una sanción penal, es decir en un delito? ¿Qué figuras delictivas específicas existen para perseguir la violencia sobre las mujeres?  el Código Penal introdujo a raíz de la Ley Integral modificaciones para acoger una tutela penal reforzada en lo que entonces eran delitos y faltas vinculados a la violencia de género. Hasta ese momento conductas violentas quedaban sin sancionar por no tener el requisito de la habitualidad. ¿Cuántas bofetadas o puñetazos había que recibir para fuese habitual? .

Escuchamos una y otra vez hablar de delitos de violencia de género lo cierto es que esta ley no tipifica delitos nuevos. Como  dice Marisa Soleto: 

En realidad, cualquier infracción que tenga naturaleza penal puede convertirse en un delito de violencia de género cuando es cometido en el ámbito de una pareja por parte del hombre contra una mujer.  Delitos como el homicidio, las lesiones graves, las violaciones y el resto de delitos violentos graves, cuando son delitos de violencia de género se juzgan y condenan de acuerdo con las normas generales del Código Penal sin que haya ninguna diferencia entre mujeres y hombres, más allá de las circunstancias del caso que se juzgue.

Así existen los delitos de lesiones de los artículos 153 y 173.2, las amenazas del artículo 171.4 y .5, las coacciones del artículo 172.2 así como los delitos leves de amenazas, coacciones, injurias o vejaciones injustas de carácter leve recogidas en el artículo 173.4, todos del Código Penal.

Además, se reconocen nuevas conductas tipificadas (es decir, que recibirán castigo, para entendernos) como, entre otras:
  • Los matrimonios forzados (Art 172 bis).
  • Divulgación no autorizada de imágenes o sexting (art. 197.4).
  • Manipulación de dispositivos electrónicos (art. 468.3), 
  • La trata de seres humanos (177 bis)
Ahora, además, existe la agravante genérica de género que, si bien  no es un  nuevo delito sí dota de herramientas jurídicas para agravar una conducta cuando se produce contra las mujeres, por el hecho de serlo.

Ello no obsta que una conducta a pesar de quedar fuera de las previsiones de los mismos pueda ser perseguida conforme las normas generales del Código Penal.

Entiendo que pueda parecer que deja -y deja- muchas violencias fuera, pero el simple concepto de violencia de género era desconocido en aquél momento por una buena parte de profesionales del derecho, de cuerpos y fuerzas de seguridad que debían aplicarla, de cuerpos médicos y -por supuesto- de la sociedad y los medios de comunicación. Tuvo resistencias enormes durante su tramitación y el mayor número de mociones de inconstitucionalidad que ha tenido nunca una ley España , al aprobarla, tras aprobarla y aún hoy diez años después, para cumplirla y hacerla cumplir. Se pretendía visibilizar algo que hasta ese momento permanecía en el ámbito de lo doméstico que, desde la aprobación pasó de ser un problema de pareja a ser un problema social.

No podemos olvidar que el Gobierno ultraderechista de España está desmontando todo el sistema de protección y devolviendo a las mujeres a la situación en la que se encontraban hace 30 años. Declaraciones de la Secretaria de Igualdad ignorando incluso la existencia de denominación violencia de género, la retirada de todas las Campañas de Prevención que se habían realizado en los últimos diez años llevaron al Observatorio de la Violencia de Género (una institución de obligada existencia mientras no se elimine la Ley Integral contra la Violencia de género) a advertir en 2012 de que la falta de recursos público unido a la desproporcionadamente grave y larga crisis económica que sufre España disuade a las mujeres de divorciarse o denunciar con lo que los repuntes en la cifra de muertes no tardaría en producirse. Ya las tenemos aquí.

Aclarado esto, paso a recordar algunos de los fallos que cometemos a diario a la hora de enfrentarnos a la violencia machista, violencia de género o terrorismo machista (vuelvo a decir sálvese quien pueda). Por un lado, es mucho el tiempo que se dedica a hablar de violencia de género aunque mínima la información adecuada, lo que podría producir un efecto de “anestesia” que haga que dejemos de prestar atención. Por otro y aunque es imprescindible poner al alcance de la sociedad la oportunidad de conocer a fondo cuáles son las violencias que se ejercen contra las mujeres también tenemos la obligación inexcusable de saber de qué hablamos y cómo lo decimos. O cuando lo callamos.

Tenemos que saber cuándo la ejercemos, cuándo la sufrimos, cómo la reproducimos y, sobre todo, qué falacias han llegado hasta el imaginario común y van quedando arraigadas. No podemos conformarnos con espantarnos, tenemos que conocerlas. Todas. 

Y me refiero a esos mitos como que la violencia machista solo se produce en las clases bajas o entre inmigrantes, que es un problema familiar, se soluciona si la mujer ama lo suficiente y pone de su parte, que ellos algún día reaccionan y cambian, que es resultado del consumo de alcohol o drogas, que son consecuencia de una disputa, que algo harán o las que encabezan top ten de las mentiras modernas sobre la violencia de género: las mujeres también agreden en la misma medida, la ley es injusta con los hombres, las mujeres denuncian para sacar beneficios en los procesos de divorcio, casi todas las denuncias por violencia son falsas y los hombres son ahora presuntos delincuentes.

Y debemos también saber que la Ley Integral, sin ser perfecta ¿cuál lo es? supuso un enorme avance. Que todas las violencias pueden y deben ser castigadas y que nuestro Código Penal tiene las herramientas para hacerlo.

Esos avances, sin embargo, han producido como reacción un rearme del patriarcado que ahora esconde los argumentos de siempre tras unas nuevas palabras tomadas a veces de la terminología feminista y que llevan a la confusión a una buena parte de la sociedad. Consuelo Abril, una de las más prestigiosas defensoras legales de las mujeres en España, lo resumía así hace unas semanas en un Taller organizado por el Forum de Política Feminista (una asociación con más de 25 años de solera) en mi ciudad, Granada, sobre “Violencias económicas: el rearme del patriarcado”:
  • La judicatura no estaba preparada para la aplicación de leyes tan avanzadas, y desde juzgados y tribunales se usaban argucias legales para demorar sus sentencias (hizo igual con divorcios, abortos, matrimonios homosexuales, órdenes de alejamiento de agresores…).
  • Difundir que la Ley es inconstitucional, porque vulnera el principio de presunción de inocencia e igualdad ante la Ley. Algo totalmente falso como ha afirmado una y otra vez el Tribunal Constitucional.
  • Se comenzaron a escuchar voces con inmediato y gran eco mediático propagando falacias como que las denuncias de agresiones eran falsas en su mayoría (cuando la cifra no llega al 1%) o que los hombres ya no gozan del derecho constitucional de presunción de inocencia.
  • Se intenta legalizar insistentemente (con el apoyo de algunos partidos políticos) el inexistente Síndrome de Alienación Parental (SAP), una supuesta “enfermedad” provocada por las madres que atentan psicológicamente contra sus hijas e hijos para alejarles de su padre, desacreditada científicamente por prácticamente todos los Colegios de Psicología del mundo, y que a veces pone a las criaturas en situaciones tan difíciles como pasar fines de semana con el padre condenado por malos tratos a su madre o a otras mujeres.
  • Se promueve la custodia compartida obligatoria sin contemplar la previa corresponsabilidad y situación de la pareja bajo el techo familiar, lo que llevaría a graves desequilibrios a los hijos e hijas.
Por eso estoy segura de que el debate sobre la mejora de la Ley es posible  e incluso necesario, pero debe hacerse desde el conocimiento y no desde la emoción del caso concreto. Una ley, para poder ser efectiva debe tener un tiempo de recorrido, esta lo tiene y sus mayores "fallos" no están en la propia ley sino en las enormes resistencias a aplicarla, en la falta de medios para hacerla cumplir y en la falta de voluntad de conocerla no solo por parte de las personas que deben hacerla cumplir, sino de quienes debemos exigir su cumplimiento.

Cuando lo que se juegan son nuestros derechos, no vale hablar de oídas.

*Este post ha sido levemente reformado para adaptarlo a las reformas legislativas de 2015. Agradezco a "Ius Puniendi" el tirón de orejas por no tener el post 100% actualizado ¡gracias por la aclaración! espero haber introducido  bien las novedades.

María S. Martín  Barranco
@generoenaccion

Ser o no ser víctima



Víctima, en México, es una palabra incómoda inclusive entre grupos que se dedican a defender DDHH, entre feministas y entre mujeres que han sido víctimas de distintos tipos de violencia sexual. Es posible que esto sea consecuencia de los estereotipos melodramáticos e indignos que son difundidos a través de los medios y que asociamos con una actitud de conmiseración. O tal vez sea por la connotación de pasividad que sugiere el término mismo: a la víctima, le ocurre; el victimario, comete.  

Sin embargo, esta relación no es así de simple si consideramos el contexto. En el caso específico de las mujeres es necesario que recordemos continuamente que hemos sido educadas y socializadas de acuerdo a los preceptos del sistema patriarcal que se fundamenta en la dominación de los hombres sobre las mujeres. Y aunque en muchas partes del mundo las reivindicaciones feministas han logrado grandísimos avances, la brecha de desigualdad entre unas y otros aún es enorme. Bastaría enumerar los siguientes datos:

- 39 millones de niñas entre 11 y 15 años de edad no asisten a la escuela[1] y el matrimonio forzado de niñas es una práctica habitual en diversos países. 

- Las mujeres constituyen el 80% de las personas que son traficadas con fines de explotación en el mundo, y de este porcentaje el 79% es con fines de explotación sexual.

- Una de cada tres mujeres ha sido o será víctima de violencia sexual en algún momento de su vida.

- Un aproximado de 70 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la mutilación genital.[2]

- Sólo el 1% de las mujeres en el mundo es propietaria de tierras y persiste la desigualdad en el ámbito laboral.[3]

- Hay países en donde aún no se reconoce el derecho al voto de las mujeres.

En este contexto de desigualdad todas somos susceptibles de ser víctimas de violencia de género en algún momento de nuestras vidas. De hecho, somos víctimas simplemente porque todos los días nos violentan algún derecho -¿quién no ha sido víctima de acoso sexual en el espacio público?-, o, peor aún, ni siquiera se nos reconocen. Aunque también es importante destacar que las desigualdades no nos afectan a todas del mismo modo, pues cada una tiene un contexto y cada tipo de violencia tiene consecuencias distintas.

Por lo tanto, ser o dejar de ser víctima no es una simple cuestión de actitud. Una víctima es una persona, o un colectivo de personas, que ha sufrido daños como consecuencia de acciones y omisiones ajenas. De esta manera, la palabra víctima describe una situación, no una identidad. Aunque también es cierto que un hecho traumático puede volverse parte constitutiva de la identidad de la persona que lo padeció.

De tal modo que:

“La identidad resultará afectada por la gravedad que implica un hecho violento, pero el destino del conflicto creado tendrá dos posibilidades: el hecho violento podrá quedar incluido en un contexto biográfico más abarcativo o quedar atrapado en la identidad asignada de ‘víctima para siempre’.”[4]

En ambos casos, es pertinente que nos preguntemos qué tipo de factores socioculturales e institucionales facilitan que algunas mujeres puedan recuperarse de la violencia de la que han sido objeto y que, en cambio, otras la integren como marca de identidad. Por qué no todas logran llegar a la fase de la sobrevivencia, que es el proceso de reparación que la persona inicia cuando reconoce que fue o que es objeto de violencia. Pero es justamente en la falta de reconocimiento donde reside el problema.

La dificultad para reconocer que se está en una situación de violencia es mayúscula, pues según los estereotipos de género, es normal, inevitable y hasta admirable que los hombres sean violentos, así como que las mujeres soporten el dolor con estoicismo. La pasividad y la sumisión con la que se comportan muchas mujeres que han sido victimizadas, son tomados como valores asociados a lo femenino y que, por lo tanto, son deseables en las mujeres.

En este contexto, tendríamos que preguntarnos con qué mecanismos cuentan o, tendrían que contar, las víctimas para poder activar su capacidad de respuesta si han sido sistemáticamente violentadas, ya sea directamente a través de golpes, o desde el ámbito de lo institucional, lo cultural y lo simbólico pues, como decía Goethe, se sabe lo que se ve. ¿Y qué sabemos las mujeres de nosotras mismas? ¿Cómo somos representadas en los medios? ¿Cómo somos representadas en el arte? ¿Cómo somos representadas en las distintas religiones? ¿A qué tenemos o a qué no tenemos derecho según las leyes? ¿Cómo nos socializan y educan en la casa y en la escuela?

Todo cuenta.

También es necesario que nos preguntemos de quiénes o de quién es la responsabilidad de facilitar las herramientas para que las víctimas puedan sobreponerse a la violencia de la que han sido objetos, pues si no tomamos en cuenta la multiplicidad de factores que rodean a una víctima estaremos contribuyendo a su estigmatización en lugar de contribuir a su recuperación y empoderamiento.



Adriana Bautista Jácome.
Feminista. Actriz, escritora, gestora cultural y productora de teatro. Dirige Teatro En la Piel, compañía con Perspectiva de género y Derechos humanos. Ganadora del XVII Concurso de cuento “Mujeres en vida”, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Mención Honorífica en el Premio de la Juventud de la Ciudad de México 2013, del INJUVE. Dirige el proyecto “Actuando Por Tus Derechos, Mujeres. Teatro en tu universidad”, que obtuvo Mención Honorífica en el Banco de Buenas Prácticas contra la violencia hacia las Mujeres, Hermanas Mirabal 2013, de la Comisión de Derechos Humanos del D.F. 




[2] Protección infantil contra el abuso y la violencia http://www.unicef.org/spanish/protection/index_genitalmutilation.html
[3] La situación laboral de la mujer en el mundo http://feminismo.about.com/od/trabajo/tp/situacion-laboral-de-la-mujer-en-el-mundo.htm
[4] Velázquez, Susana, Violencia cotidianas, violencia de género Buenos Aires: Paidós; 2006. p. 39.

viernes, 14 de marzo de 2014

III Incursión #GolondrinasalaRAE

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña
Mientras escribo esto un 14 de marzo de 2014, la RAE cierra la 23ª edición de su diccionario que que se publicará en octubre de este año. Dado el sesgo sexista y la poca voluntad de cambios reales en el seno de la Real Academia de la Lengua Española. Los próximos días 20 y 21 de marzo se realizará la Incursión de Primavera en las redes sociales de la Real Academia Española. En Twitter, Facebook,  correo electrónico y su página de propuestas estaremos durante esas 48 horas haciendo educadas consultas sobre las definiciones, informes y gramática sexista que ellos "limpian, fijan" y a cuyo machismo "dan esplendor", así como por la composición sexista de la institución y sus órganos de Gobierno, incluso los de designación más reciente.
Hay una vigésimo tercera edición del Diccionario, con leves cambios. Está en creación CORPES XXI, el banco de datos del español del siglo XXI y no queremos que tenga el marcado carácter machista que tiene hoy.


En esta nota, que se ampliará con las preguntas y dudas que nos dejen a modo de comentario en las redes sociales, se irán dejando las consultas que se harán a la venerable, machista y anticuada institución, entre la que se incluyen tipos deleznables como el ultramachista Pérez Reverte. Hay algunos artículos interesantes que pueden leer al respecto como estos de Eulalia Lledó, Mercedes Bengoechea o esta respuesta del escritor Carlos de la Fé al conocido informe contra los manuales de uso no sexista del lenguaje del académico Ignacio Bosque.

Algunos de los ejemplos a los que podemos referir nuestras consultas los encontraremos en el propio diccionario.

  • ¿Por qué no respetan el orden alfabético en los lemas? Se dice niño-a...
  • ¿Por qué no se admite el sentido sociológico de la palabra género?
  • ¿Por qué la composición de la Academia sigue siendo abrumadoramente masculina?
  • Propuestas de nuevas académicas (por si no conocen mujeres con méritos suficientes y por eso no las eligen...).
  • ... añadan lo que deseen en comentarios. 
También pueden añadir las fotos a sus perfiles y portadas de las redes sociales, para ello hemos hecho diseños con los tamaños adecuados:

Perfil FB y Twitter

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.
#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.


Portada Facebook

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.
#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.


Portada Twitter

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.
#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.

martes, 11 de marzo de 2014

¿Están guionizadas nuestras relaciones sexuales?

                                                 Sexualidad y género                                                               


Cuando mantenemos una relación sexual nuestrxs cuerpos y sus reacciones fisiológicas no son los únicxs protagonistas. Nos "dirige" la educación sexual y afectiva que hemos recibido, condicionando los sentimientos, pensamientos  y comportamientos que entran en juego en esos momentos.  En esta situación íntima, los roles de género tradicionales nos describen un guión, cargado de "Debes y Deberías", que gira alrededor de  algunos de los siguientes tópicos y estereotipos:

“ El rol pasivo de la mujer y el rol activo del hombre en las relaciones de pareja y eróticas". En las relaciones de pareja, "La mujer, objeto de deseo masculino, deberá resultar deseable mostrándose a la espera de la aprobación del varón, mientras que el hombre, sujeto autónomo deseante, deberá realizar el acercamiento". Este guión desnaturaliza los deseos de intimidad  femeninos fomenta un rol de sumisión y dependencia masculina, a la vez que normaliza los deseos masculinos, incluso llegando a exagerarlos. Para que este tópico se siga perpetuando, la presión social ejerce un papel fundamental a través de descalificaciones, que generan vergüenza y culpa, en el caso de las mujeres, y con calificativos que cuestionan la masculinidad, si se presenta miedo al rechazo o falta de deseo, en el caso de los hombres. En esta misma linea, a la hora de mantener relaciones sexuales "La mujer  debe mostrarse sexy y complaciente con un varón que deberá dar la talla". Los cánones de belleza actuales presionan a las mujeres con la intención de crear inseguridad e insatisfacción con su imagen corporal y les indican la necesidad de corregir "cualquier defecto" para resultar más atractivas, de este modo se continúa reforzando un rol complaciente femenino. La presión social de los hombres se centra en aspectos relacionados con el deber de mostrar su brío sexual, muy relacionado don los valores tradicionales asociados a la masculinidad. Entre las consecuencias de seguir este estereotipo podemos encontrarnos que aumenta la probabilidad de realizar comportamientos sexuales no deseados, sobre todo en el caso de las mujeres, riesgo de embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y los bloqueos relacionados con el rendimiento (impotencia psicológica masculina).

 "Conocimiento de la anatomía femenina y masculina respecto a su sexualidad". Durante mucho tiempo las investigaciones médicas sobre la anatomía femenina se han centrado en su capacidad reproductiva, infravalorando los aspectos relacionados con el placer. Como ejemplo, podemos tomar los mensajes en contra del autoconocimiento  y  autoexploración de su cuerpo, con la intención de  inhibir su derecho al placer sexual y  la negativización de procesos femeninos específicos como la menstruación, el embarazo, parto o menopausia. Por el contrario, los varones gozan tanto de una mayor tolerancia respecto al autoconocimiento de su cuerpo y a la masturbación como de una connotación positiva de sus genitales  y sus fluidos. La presión ejercida en contra del placer y la negativización de los procesos femeninos resulta dañino para la autoestima y la satisfacción sexual de las mujeres. El placer erótico parece pertenecer exclusivamente a los hombres. La calidad de las relaciones eróticas entre hombres y mujeres se verá mermada debido a este  desconocimiento, aunque la autoestima masculina se vea privilegiada por el refuerzo que supone una mayor tolerancia hacia el placer sexual. La exaltación de las connotaciones positivas del cuerpo masculino y sus fluidos, cercanas a la exageración, ponen en peligro la salud de las parejas, exponiéndolas a un mayor riesgo de contagio de ETS.

"Responsabilidad frente a los embarazos no deseados".  Las mujeres se encuentran ante una situación paradójica que las responsabiliza mayoritariamente de los embarazos no deseados, con el "irónico mensaje" de que su cuerpo le pertenece, ya que suyas son las consecuencias. Sin embargo, a la hora de decidir sobre su maternidad su libertad se verá coartada por las distintas creencias sociales sobre el aborto. Un juego perverso en el que en un momento parece pertenecerle y en otro no, según los intereses patriarcales. Tanto si continúa con el embarazo como si no lo hace, se verá descalificada de algún modo socialmente, lo que refuerza posiciones de inferioridad y aleja el derecho a la igualdad. Es de esperar que las relaciones sexuales de muchas mujeres puedan estar cargadas de miedo, vergüenza y culpa. 


Las creencias relacionadas con estos estereotipos pueden ocasionar problemas, dando lugar a reacciones de ansiedad,  trastornos del estado de ánimo, trastornos sexuales de origen psicológico, ETS...con una mayor prevalencia en el caso de las mujeres, justificada por las desigualdades sociales y limitaciones que transmiten los roles de género del sistema patriarcal.  Es importante, por tanto, una educación sexual y afectiva igualitaria que posibilite un cambio en los estereotipos tradicionales de feminidad y masculinidad (sumisión vs dominación) hacia modelos igualitarios, en donde la autoestima de las mujeres se vea fortalecida gracias al conocimiento de su cuerpo, su deseo, sus capacidades, permitiendo su autonomía e independencia a nivel personal, afectivo, erótico y económico, a la vez que se reformula el rol masculino tradicional basado en la prepotencia, reconciliando la autoestima e independencia masculina con sus emociones y sentimientos, para que tanto sus relaciones sexuales como afectivas estén basadas en el cuidado y autocuidado. Reconociéndose que, como seres humanos que son, sienten miedo, inseguridad, tristeza, frustración y aprendiendo a manejar estas emociones de un modo sano e inteligente que los aleje de las formas agresivas y de dominación.






Autora: Esmeralda Fernández. Psicóloga con acreditación sanitaria, Terapeuta Familiar reconocida por la FEATF, Máster en Asesoramiento y Orientación Familiar por la USC.