jueves, 20 de febrero de 2014

Sexismo en los materiales educativos o cómo ideologizar subrepticiamente

Sexismo en los materiales educativos o cómo ideologizar subrepticiamente


A pesar de que uno de los temas transversales que han de aparecer en todas las programaciones educativas españolas es la igualdad entre sexos y la visibilización de las mujeres en los campos de las ciencias y la cultura, parece que en la práctica es un asunto al que no se le otorga demasiada importancia, a juzgar por el claro sesgo sexista de numerosos materiales que se utilizan como recursos educativos.
Mi campo de trabajo es la Lengua y la Literatura española e hispanoamericana, ámbito que fácilmente se podría prestar a practicar esta visibilización  de las mujeres y a luchar contra la desigualdad en los medios decomunicación.
El mundo en que vivimos se configura como un entorno textualizado: en nuetsro entorno nos rodean textos y discursos; desde el whatsapp o el tweet, pasando por el correo electrónico, hasta la noticia de un periódico digital o los libros en papel que utilizamos para entretenernos, aprender o trabajar (libros de texto, diccionarios). El contacto con estas manifestaciones escritas del pensamiento van configurando nuestra idea del mundo, la cual, la mayoría de las veces no se corresponde con lo escrito, dado que, si hiciéramos caso a los libros, no existiríamos apenas mujeres profesionales cualificadas, o escritoras o científicas. Por ello, las entidades textuales con las que tratamos diariamente han de reflejar de forma adecuada el otro cincuenta por ciento de la realidad: las mujeres y lo que hacemos, que normalmente se obvia o queda disfrazado por otros comportamientos marginales y pasivos con los que normalmente se nos asocia: vestir bien, comprar, tener sentimientos y preocuparnos de nuestro aspecto físico.  
No hay que investigar mucho para encontrar ejemplos de esto que digo, y aquí quería mostrarles algunos de ellos. Para empezar, dos ilustraciones con un pie de foto que no se corresponde con la fotografía y que oculta deliberadamente lo que se está representando, de manera que el texto manipula, tergiversa, no reproduce lo que vemos. He escogido un par de ejemplos de un libro de texto de 1º de Bachillerato, de la editorial Oxford, que ahora mismo debe de estar siendo usado en numerosos centros públicos y privados.
"Fuentes, García Márquez y su mujer en el IV Congreso Internacional de la Lengua"
En esta primera imagen vemos a tres personas destacadas del mundo de la cultura en el ámbito hispánico: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha. Sin embargo, el nombre de esta última ha sido ocultado bajo el alias de “su mujer”, impidiéndonos conocer el nombre de tan ilustre ciudadana, así como su labor profesional que, intuimos, no debe ceñirse solamente a la de ser mujer o esposa de alguien.
La otra imagen que traigo como muestra de la invisibilización de las mujeres es esta que ilustra un texto sobre las múltiples variedades geográficas con que cuenta la lengua española, tanto en España como en Hispanoamérica, las cuales contribuyen todas ellas a configurar una lengua con una riqueza lingüística inabarcable. No obstante, esta gran variedad, riqueza y expresividad de la lengua española no sirve para nombrar a estas niñas que están en la escuela y que aparecen en primer término, puesto que se las llama “niños”. No merecen que se las tenga en cuenta, a pesar de que han prestado su imagen sin saber para qué y, sin embargo, los que adquieren el protagonismo son sus compañeros que están detrás.
"Niños indígenas hispanoamericanos en el colegio"
Este mismo libro contiene, como material complementario, un cederrón con una batería de textos para ejercitar el comentario de texto en que consiste la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). En estos textos complementarios podemos encontrar ejemplos tan poco adecuados como el titulado "La mirada vaginal", de Vicente Verdú (15 de marzo de 2008). Este texto anima a considerar el sentido de la intuición como forma de conocimiento; pero, va más allá asociando esta capacidad con una especie de instinto femenino, perpetuando así el estereotipo de asociar a las mujeres lo irracional, inexplicable o misterioso. De ahí a considerar a las mujeres histéricas por el simple hecho de disentir de algo solo hay un paso.
La elección de textos para ejercitar la capacidad analítica y crítica de futuras y futuros aspirantes a la universidad debería ser una tarea encaminada a educar en la igualdad y en la destrucción de estereotipos, ya que lo que se pretende es evaluar la competencia crítica y la exposición de un pensamiento propio. Sin embargo, vemos que, en fechas bastante recientes, no parecía ser ese el objetivo fundamental. Así, nos encontramos con textos como "Eternamente protegidas", de Edurne Uriarte (Mujer de hoy, 2006) en la que se cuestiona la validez o pertinencia de la Ley de Igualdad. Esta autora afirma que esta ley no es el camino para luchar contra la desigualdad y que no hace sino convertirnos en víctimas: “Después de todos estos años de esfuerzos para remover todos los vestigios de discriminación, me temo que hemos empezado a andar por el camino equivocado, el del victimismo, el de la queja eterna”. Es más, para justificar lo innecesario de esta ley, cuestiona el probado hecho de la desigualdad laboral entre mujeres y hombres: “Todo eso tendría sentido si pudiéramos probar que todas esas jóvenes que están accediendo al mundo laboral no avanzan lo mismo que los hombres porque los empresarios, o los partidos, se lo impiden por ser mujeres”.
Otro ejemplo sorprendente es el de este texto de 2004, titulado "Madre no hay más que dos", de Luis Ignacio Parada, en el que se pone en duda la capacidad reproductiva y adoptiva de una pareja de madres, ante la resolución de un juzgado pamplonés que las reconoce jurídicamente como progenitoras, tras acogerse al “artículo 8 de la Ley Foral para la Igualdad Jurídica de las Parejas Estables, que entró en vigor en 2000”, tal y como se afirma en el artículo. Sin embargo, al autor no parece satisfacerle del todo esta resolución favorable: “En una resolución sin precedentes, un juzgado de familia de Pamplona ha conseguido, por vía legal, lo que todavía no se ha logrado mediante la ingeniería genética: que una persona pueda tener dos madres. Pero no una biológica y otra adoptiva, donante o “vientre de alquiler”, no. Dos mamás lesbianas que ya son madres, a todos los efectos, de unas gemelas concebidas por inseminación artificial de una de ellas sin que haya quedado constancia de quién es el padre”.

Para finalizar, quisiera hacer hincapié en que estos textos circulan por la red y están puestos al servicio de la comunidad educativa por páginas oficiales, de manera que se suelen utilizar en la actualidad como material didáctico para preparar la referida prueba de acceso a la universidad, ofreciendo una visión de nuestra sociedad que en absoluto se ajusta a la realidad y que ofrece una perspectiva sesgada y restrictiva sobre temas que tienen que ver con los derechos de las mujeres.




Autora: Mª Pilar Jódar Peinado
Filóloga, investigadora en Literatura española y Profesora. Licenciada en Filología Hispánica, por la Universidad de Salamanca), donde también obtuve la Suficiencia Investigadora con mi tesina sobre Teatro español contemporáneo.



lunes, 17 de febrero de 2014

La polémica de la maternidad (again).


Tras leerla desde hace años, sé que suelo estar en desacuerdo con Beatriz Gimeno muy a menudo. No siempre. Eso no hace que ella me disguste. Me parece brillante, clara, valiente. Me gusta su forma de enfocar los asuntos aunque no llegue a las mismas conclusiones que yo. Justo por eso nunca dejo de leerla, porque su punto de vista enriquece el mío. 

Esta semana ha planteado en la Revista Píkara, en el artículo "Construyendo un discurso antimaternal" , algo que con mis alumnas surge continuamente: la invisibilización del discurso de la no-maternidad. Para las feministas que deciden no ser madres o que no disfrutan de la maternidad no hay un sostén teórico firme que explique el porqué de sus inquietudes, de los ataques, de la incomprensión dentro y fuera del (los) feminismo(s).

Como ella dice, es un tema tabú. Y al ser un tema tabú surgen las respuestas más inesperadas. Una de ellas, aparece varias veces en mi TL de Twitter y a la de cinco o seis, me pica la curiosidad. Tiene como título "En respuesta al artículo de Beatriz Gimeno contra la maternidad" . Reconozco mi ignorancia, nunca he leído nada de María Llopis, su autora. Tengo como una única referencia ese artículo y el título y subtítulo de su blog: "María Llopis desnuda. Transfeminismo, postporno y maternidades subversivas". Espero un artículo rompedor, argumentos nuevos, "maternidad subversiva" es interesante. Y leo.

Desde el mismo título dice "En respuesta la artículo "contra" la maternidad" ¿el artículo de Beatriz -lean ambos por favor y fórmense una opinión, desconfíen de la mía- es contra la maternidad? Creo que en absoluto. Beatriz plantea la necesidad de hablar de la no maternidad como una opción válida, como una posible alternativa y como una hipótesis de estudio analítico y deconstrucción de la feminidad clásica poco aceptada y estudiada. No es un artículo contra la maternidad, sino contra el pensamiento único

¿Que hay feministas que discriminan a otras feministas, por madres, altas, bajas, rubias, jóvenes o mil cosas más? toma, pues claro. A mí me han discriminado por burguesa unas feministas anarquistas. Es que cobro por mi trabajo y claro, eso es burgués. Y como es burgués me piden que haga lo mismo que me pide el patriarcado: que trabaje gratis. Uno me lo pide por ser mujer, las otras para ser una "buena" feminista. Y me parece que no nos enteramos de nada. Lo que haga una mujer feminista no lo hace "el feminismo", que no sea una feminista como tú (como ella, como yo, como otra cualquiera) no me hace menos feminista, ni más. Me hace diversa. Y si deseamos salir del espacio de las idénticas, pero no se nos permite la diversidad por nuestras pares entonces ¿qué demonios estamos haciendo? Nos pedimos el feministómetro como nos pedían la prueba de feminidad. Y ahora el "nuevo" feminismo que no lo es, el "verdadero" feminismo que a saber qué es y ese hablar de "las feministas" desde fuera. Como si hubiera carnés, examen de acceso y prueba del algodón.

¿Hay mujeres que disfrutan del parto, la maternidad, la lactancia, el puerperio? Enhorabuena ¿para visibilizarlas o reivindicarlas hay que usar un discurso patriarcal de negación del resto? "Qué pesadas las feministas", como si todas fueran/fuéramos iguales y el feminismo fuera uno. "Que no me digáis que yo soy menos feminista" ¿y quién lo ha dicho? ¿Por qué defendernos de inexistentes ataques? ¿por qué una experiencia de la maternidad ha de ser LA experiencia de la maternidad y no cabe un discurso alternativo? ¿Que nos roban el parto? concedido ¿Ser madre es parir? ¿Ser madre de una forma determinada es ser más madre? ¿No cabe la posibilidad de fantasear sobre la posibilidad de que haya parido de forma natural, con todas las facilidades y no haya disfrutado de mi experiencia? ¿de verdad no podemos ni siquiera plantearlo a nivel teórico sin caer en la desvalorización del discurso, en la negación, en la desautorización? ¿Hay algo más patriarcal?

Vuelta a nosotras y las otras, vuelta a defendernos de la diversidad de nuestras compañeras en lugar de hacernos una contra quien de verdad nos jode la vida: el discurso insoslayable del patriarcado y el terrible patriarca interior que nos hace comportarnos entre nosotras como las peores enemigas. Y no, no digo que por ser mujeres debamos vivir en el mundo de la paz y el amor con mariposas volando y florecillas entre los labios. Digo que la fraternidad masculina nos lleva milenios de ventaja. O construimos la sororidad y la hermandad femeninas o seguirán llevándonos con las cadenas del cuello, mientras miramos a la esclava de al lado con desconfianza. 

Esto no va sobre la maternidad, ni sobre los Feminismos sino sobre las feministas que los conformamos. Sobre nosotras y nuestra pésima gestión de las diferencias. Ya nos vale, compañeras.

María S. Martín Barranco
@generoenaccion