viernes, 24 de octubre de 2014

Buenas prácticas de ciberfeminismo en red

Las páginas y grupos feministas en Facebook, los blog y web feministas en internet, los perfiles feministas individuales y colectivos en todas las redes sociales son (somos) manada. Bravo.


Imagen desde el Blog de María Llopis. Campaña "Caperucitas feroces"

Somos diversas, afortunadamente; somos distintas, como no podía ser menos; nos complementamos a veces y nos superponemos otras. Perfecto también. En ocasiones nos detestamos, nos ignoramos, nos criticamos o nos castigamos con toneladas de indiferencia. No me parece tan perfecto pero no creo que vivamos en un mundo ideal, lo asumo, e intento evitarlo en la medida de lo posible. Sé dónde están mis campos de batalla y no están en territorio feminista (detesto este lenguaje bélico y de pronto es el único que me sale; lo anoto para pensar después).



Sí me parece inaceptable y me niego a asumir prácticas desleales: copiar frases o textos sin citar la autoría, usar las ideas de otras compañeras u otras páginas, atacarlas solo porque su planteamiento vital del feminismo difiere del propio. No, no y no. Bastante tenemos con el patriarcado de fuera para ser condescendientes con el patriarca interior que campa a sus anchas dentro de cada una de nosotras y de nuestras organizaciones. Ese, considero que hay que señalarlo (preferiblemente en privado) y reflexionarlo con detenimiento cuando nos lo señalan, sea en público o en privado e independientemente de las formas. 


Además, cada vez con más frecuencia encuentro otra práctica que creo que deberíamos meditar:

Hay páginas, grupos o perfiles que dejan el mismo mensaje en privado, en público, te ingresan al grupo correspondiente sin decirte ni mú, te etiquetan junto a ni se sabe cuántas personas más que, a su vez, responden y llenan tus notificaciones de mensajes. Para completar el cuadro entran a tus conversaciones sobre algo (sea lo que sea, da igual el espárrago verde que el precio del yen) y dejan el dichoso enlace. 

Compartir nuestro trabajo en un grupo o una página feminista (o en algunas) que no sean la tuya está bien. La idea de la red es compartir, crear, entregar, lanzar o arrastrar conocimiento de acá para allá. Pero ¿dónde está el límite entre compartir el trabajo y el SPAM? ¿Qué pasa cuando eso que haces y está muy bien no lo dejas en un grupo sino en 50 (generalmente compartido por personas con intereses similares -las redes son muy pequeñas al fin y al cabo-)? ¿Y cuando llegas a promocionar tu producto (o tu curso, tu taller, tu actividad, tu revista, tu lo que sea) en grupos donde hay otras personas que se dedican a lo mismo y por respeto al conjunto no se promocionan? ¿O cuando usas cualquier conversación para meter con calzador lo que haces, tu enlace, tu blog, tu página, tus cursos o tus servicios?  

Porque no sé a ustedes, pero a mí hay mañanas en las que me han incluido en 50 grupos y tengo invitaciones a 20 o más eventos (algunos al otro lado del mundo), y estoy etiquetada en docenas de publicaciones. Y eso es tiempo, es trabajo en ignorar, o borrarte o consultar para saber si te interesa o no. 

Conste que soy la primera que a veces (muchas veces, más de cuatro veces como en la canción popular) deja enlaces a su blog en conversaciones donde cree que el post enlazado es pertinente. O ha invitado a algún evento a gente que he creído interesada. No me refiero a eso, sino a la insistencia y la reiteración. ¿Dónde está el límite entre la información y el abuso? Y lo que es más importante ¿por qué las reacciones cuando ese comportamiento se hace notar, o se plantea el tema son tan desproporcionadas? 

Si osas replicar ¡oh, rayos y centellas! eres poco feminista, atentas contra la libertad de expresión, eres nazi e inquisidora. Se desvía la atención desde la sanción (o la réplica) al comportamiento hacia la victimización por la represión del contenido. Oigan, que no digo que lo que comparten no sea una maravilla, solo digo que dejarlo en 100 grupos en 30 minutos no es compartir información, es atosigar. Y ya me atosiga bastante el sistema. 


Feministómetro surgido del XII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe
Imagen desde el Blog de Ersilia 

Pero, señoras y señores, pongamos las cartas sobre la mesa ¿no lo decimos abiertamente y con tranquilidad si quien lo hace en nuestras páginas es un perfil sospechoso de machista? ¿Por qué habríamos de consentir esos mismos comportamientos solo porque esa página sea -o se llame- feminista? No pretendo cerrar debates sin abrirlos, pero quiero que el debate sea una exposición de ideas, no una exhibición de feministómetros.

Sería enriquecedor y gratificante poder acordar un código de buenas prácticas en las redes, y respetarlo. Porque pedimos a los medios decálogos para el tratamiento de la violencia machista. A las agencias de publicidad que se regulen para no vulnerar los derechos de las mujeres y no usarnos como carnaza en la venta de sus productos. ¿No estaría bien no usar la sororidad como excusa para avasallar a nuestras páginas compañeras?

Imagen de Feminismo Unizar

Especialista en Igualdad tiene desde 2009 un Código de auto-regulación que aplicaba -hasta hoy- en privado. Ha ido creciendo, mutando, ampliándose en unas partes y haciéndose más exigente en otras. Con toda seguridad es imperfecto, pero es el mejor que hemos sabido hacer. Y lo cumplimos.

Quienes colaboran en los  diversos proyectos  de Especialista en Igualdad lo conocen al dedillo. Hoy lo hacemos público para que cuando lo infrinjamos, puedan agitarlo ante nuestras pantallas y exigirnos una rectificación, o un cambio. Y para que nos ayuden a mejorarlo.

Es nuestro grano de arena a la sororidad entre ciberfeministas. 

María S. Martín Barranco
@generoenaccion

miércoles, 22 de octubre de 2014

Sobre hombres incompetentes

Estos días estoy cansada de leer noticias sobre cómo las mujeres preferimos conciliar nuestra vida familiar y laboral a entregarnos afanosamente a nuestro trabajo fuera del hogar. Cada vez que leo algo así siento que insultan a mi inteligencia y la de todas las mujeres. Me pongo a redactar esto para desfogarme un poco tras leer un artículo publicado el 16 de octubre en El País: “El concejal de Hortaleza echa auna alto cargo municipal por tener un hijo. Y es que ya no es solo que parezca que las mujeres tenemos que seguir convenciendo a la sociedad de que tenemos pleno derecho a trabajar fuera del ámbito familiar, sino que se dude de nuestra profesionalidad a la hora de abordar nuestras responsabilidades laborales porque piensen que nuestro supuesto papel de madre abnegada interfiere directa y negativamente  en la buena marcha de nuestro trabajo asalariado.



Hace unos días comentábamos en la oficina mis colegas y yo que a menudo y en general, que no quiero herir susceptibilidades masculinas, los hombres son incapaces de ponerse en el lugar de las mujeres a la hora de pensar en medidas de conciliación por el simple y llano hecho de no poseer ovarios. Trabajo en una administración pública. Hace un tiempo una compañera de otro departamento me llamó para pedirme que le echara un cable en una gestión vital para ella. Recurría a mí por pertenecer yo a una unidad de Igualdad y estar convencida de que su reclamación era justa y por ello enmarcable en este incomprendido y vilipendiado terreno de la Igualdad. Su cuita era que a la vuelta de su baja por maternidad deseaba seguir alimentando a su bebé con leche materna, para lo cual, encontraba imprescindible extraerse leche dentro del horario laboral y no había un espacio adecuado en su oficina para hacerlo con el suficiente confort e intimidad. La solución fue permitirle reservar una sala de reuniones cada vez que deseara usar el sacaleches, todo ello con la mayor discreción. La evidente necesidad del personal femenino de realizar  tal actividad no forzó iniciativa alguna para crear un  espacio ad hoc, como en mi opinión habría sido lo lógico y oportuno, teniendo en cuenta el alto número de trabajadoras de esta empresa en cuestión.

Este tipo de solución del tipo “pan para hoy, hambre para mañana” no nos satisfizo ni a mi amiga ni a mí, ni a ninguna de las mujeres con las que  lo comenté, pero algo era algo. Cuando en la unidad de igualdad se debatió sobre la necesidad de crear una sala de lactancia en mi departamento, diferente al de mi amiga, la respuesta vino de un jefe hombre, que argumentó que en el nuestro ninguna mujer lo había solicitado antes y que todas las trabajadoras se acogían a la acumulación de los días de lactancia tras la baja por “descanso” maternal.  Este hombre no empatizaba plenamente con las mujeres, ya que de haberlo hecho habría sabido que acumular las horas de lactancia no es sinónimo de dejar de dar el pecho a una criatura, para lo cual, sacarse leche en horario laboral es del todo imprescindible. Porque obviar la necesidad de habilitar una sala de lactancia no quiere decir que no haya mujeres que no se saquen leche en un cuarto de baño si no de manera clandestina, por lo menos sin ir publicándolo por la oficina. Si este hombre hubiera vivido esta experiencia habría por lo menos entendido la reclamación como justa y necesaria.

 A menudo, en mi relación con algunos hombres, constato que no entienden las reivindicaciones y preocupaciones de las mujeres porque no las sienten como suyas. En una ocasión negociábamos el ejercicio de la flexibilidad horaria que permite retrasar una hora la entrada en el trabajo, haciendo lo propio en la hora de salida hasta el curso escolar en que la niña o el niño cumpliera 16 años. Hasta ese momento teníamos consolidada la flexibilidad hasta la edad de 12 años. La respuesta que nos llegó de quien se encargaba de capitanear dicha negociación fue lo llamativo de que con 12 años dejáramos que nuestros hijos hicieran botellón, pero que no fuéramos capaces de dejarles ir a la escuela solos. Evidentemente este hombre tampoco entendió nada, y ni de lejos llegó a considerar que las madres y los padres quisiéramos gozar de esta hora de flexibilidad de entrada para ver a nuestras hijas e hijos cada día, desayunar en familia, pasar tiempo con ellos y ellas, además de acompañarles a clase o no, sin por ello dejar de atender nuestras responsabilidades laborales. De sus palabras se infería que este hombre nunca habría ejercido de padre o que, si lo había hecho no se había ocupado de las hijas y/o los hijos, por lo menos a esas horas tempranas de la mañana.



Ana Botella manifestaba en declaraciones posteriores a las palabras de Donesteve que éstas son ofensivas “porque es dudar de la capacidad que tenemos las mujeres para a la vez trabajar y ocuparnos de nuestra casa”. El quid de la cuestión es precisamente que Donesteve no parece compaginar  o haber compaginado alguna vez el trabajo del ámbito privado con el del público. Algunos hombres, muchos, tengo que decirlo y tendrán que admitir de una vez quienes se encargan de navegar en el mundo de la política,  no se ponen en el  lugar de las mujeres porque no concilian su vida familiar con su vida laboral. Y no hablo de la vida personal ni  de la vida social. Los hombres como el concejal Ángel Donesteve, con su ceguera de género, conformarían un tipo de  hombre incompetente, no lo suficientemente preparado para ocupar puestos de responsabilidad. En el caso de este concejal en particular y de otros muchos políticos,  empresarios y jefes en general, se cruza además el factor del nivel económico: nunca se han visto en la necesidad de conciliar, porque o bien lo ha hecho su mujer o porque tiene capacidad económica para sufragar que lo hagan por él.
Hasta que los hombres no llenen y se asienten efectivamente en el espacio privado-familiar, y compartan las tareas y responsabilidades domésticas haciéndolas también suyas; hasta que los hombres que manejan los hilos de la política no se pongan en nuestro lugar,  las medidas  de conciliación continuarán siendo un fracaso y en la práctica seguirán estando solo perversamente dirigidas a nosotras las mujeres. Mientras tanto, este país seguirá teniendo ese molesto y lamentable tufillo machista y retrógrado que le caracteriza.

Angélica Cortés Fernández
Angélica Cortés Fernández es licenciada en Filología Inglesa y Máster de Igualdad de Mujeres y Hombres por la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitaea, UPV/EHU. Proyecta su activismo feminista a través de las redes desde el Planeta feminista y desde hace un tiempo escribe artículos de opinión en los que intenta aportar una visión crítica sobre el Patriarcado.



lunes, 20 de octubre de 2014

10 mitos de machismo del siglo XXI



No hay mujer que se declare feminista o "parezca" serlo que no haya escuchado todas o algunas sandeces de las que voy a decir a continuación. Sin embargo, no quiero avanzar sin aclarar ese "parezca". Porque según quién mire y sus prejuicios ser feminista puede conllevar parecer poco femenina, ser lesbiana, ser mujer o ser hombre gay (y hay quienes creen firmemente que es casi lo mismo), no arreglarse, no depilarse (y en esto de los pelos el imaginario es compartido porque me han dicho poco feminista algunas feministas), no arreglarse o no utilizar ropa o accesorios considerados "femeninos" .

Pero como hoy hablo de mitos* del machismo del siglo XXI dejaré los mitos del feminismo del siglo XXI para otra ocasión. 

Los mitos del machismo del siglo XXI se caracterizan por ser flexibles, contradictorios y adaptables ¿Qué quiere decir eso? que nuestrxs queridxs machistas del XXI nos pueden achacar una cosa y su contraria y quedarse tan anchos (o anchas) como largos (o largas).

Algunos son ya clásicos del machirulismo posmoderno: *(Los "mitos" son las frases que aparecen en cursiva)

1. El feminismo es lo contrario del machismo. Todos los ismos son malos. Y yo me pregunto ¿también el pacifismo? ¿el automovilismo? Los extremos siempre son perjudiciales. Yo ni feminista ni machista o esa versión dulce ángel del hogar de "Soy femenina no feminista". Inmediatamente después, y tras aclarar una por millonésima vez que el Feminismo (los feminismos) es (son) un movimiento social que lucha sin sangre ajena desde hace siglos por una sociedad justa y sin privilegios por razón de sexo, llega la Fase 2. Como nadie en su sano juicio puede decir en el siglo XXI que está contra una sociedad sin discriminaciones llegan los intentos de demostrar que somos nosotras las discriminadoras. 


2. A vosotras se os dan ahora todos los privilegios. Obsérvese que cuando ellos los disfrutan son derechos, cuando los disfrutamos nosotras, privilegios.Estáis en contra de los hombres. El feminismo no quiere igualdad sino revancha. Ya os estáis pasando. Ahora somos los hombres los discriminados. No se nos trata igual a los hombres. Para los hombres ya no existe la presunción de inocencia. Y digo yo, si hay un juicio es porque hay presunción de inocencia porque si no se pasaría de la denuncia a la cárcel ¿no?. La Ley Integral no funciona y discrimina al hombre porque busca un único culpable.  Se ha consagrado la asimetría penal del hombre y la mujer (como si eso fuera necesariamente malo). Y de ahí se pasa a mentir con descaro. No se ha dejado de difundir que la Ley española contra la violencia de género es inconstitucional, porque vulnera el principio de presunción de inocencia e igualdad ante la Ley. Algo totalmente falso como ha afirmado una y otra vez el Tribunal Constitucional. Se comenzaron a escuchar voces con inmediato y gran eco mediático propagando falacias como que las denuncias de agresiones eran falsas en su mayoría (cuando la cifra no llega al 1%).

3.Hablar de violencia de género, de género o de igualdad es discriminatorio para el hombre. Los causantes de la violencia en la familia pueden ser tanto el hombre y como la mujer en la misma proporción. Ellas también maltratan a los hombres y lo hacen en la misma medida, o más. O su versión femenina: "Algunas nos perjudican a todas porque yo tengo un amigo que su mujer le hace la vida imposible pero le da vergüenza denunciar". Tras este mito base viene toda una retahíla de mitos machistas: las estadísticas de violencia están falseadas, la mayor parte de las denuncias son falsas, denuncian para conseguir dinero... todas desmentidas una y otra vez con pruebas que los grupos que las manifiestan se niegan a admitir. Ciertamente la violencia cometida por mujeres existe, es condenable y está condenada en todos los países del mundo, cosa que no se puede decir de las violencias de los hombres contra las mujeres. Lo que me pregunto es ¿incluso en el caso de que fuera idéntica, que no lo es, por qué cada vez que se habla de violencia machista la conversación acaba de nuevo poniendo el foco en los hombres no como maltratadores que es el mayor número de casos sino como víctimas de mujeres? Porque en realidad, la mayor parte de los hombres maltratados lo son a manos de otros hombres, pero esos parecen no importarles.

4. El Feminismo no puede querer la Igualdad, para eso tendría que llamarse igualismo. O bien: "Feminismo solo hace referencia a mujeres". El feminismo no debería llamarse Feminismo sino Igualismo (humanismo... o cualquier otro ismo que se les ocurra, que de pronto han dejado de ser malos para ser buenos porque como los han "bautizado" ellos, pues vuelta a la tortilla). He escrito largo, aunque no tendida, sobre Por qué el Feminismo sí debe llamarse Feminismo y porqué los hombres no tienen por qué decidir (hoy) cómo se llama un movimiento de siglos de antigüedad. Por sus mismas reglas podríamos decirles que si nos "debemos" sentir incluidas en un masculino supuestamente genérico y realmente excluyente solo porque siempre (mentira) ha sido así ¿por qué si siempre se ha llamado así deberíamos cambiarlo? Pero ya hemos visto su característica principal: pueden pedir una cosa y la contraria con un argumento y su opuesto y así las conversaciones y los debates no existen, son bucles con turno de palabra (si tenemos la suerte de dar con alguien que los respeta).



5. La Ley del Divorcio ha empeorado los contenciosos que saturan los juzgados. La mujer sale siempre beneficiada económicamente de los divorcios. Eso afirman sin pudor, aunque las estadísticas confirman que más de la mitad de los hombres divorciados en España no pagan ninguna pensión no ya a sus ex parejas, sino a sus hijas e hijos. Los juzgados con competencias en violencia de género impusieron, por ejemplo,  73.930 medidas cautelares de carácter penal en 2011 en España, cifra "significativamente" superior a las 18.726 de índole civil acordadas durante el mismo año, lo que desmonta el argumento del uso para conseguir beneficios en el divorcio. Las cifras son muy similares desde hace años. No llega al 13% el número de mujeres que ha presentado una denuncia por malos tratos y "se ha decidido por un proceso de separación o divorcio".

6. Las mujeres manipulan a los hijos e hijas con mucha frecuencia para que odien al padre. Quieren quitarle las criaturas a sus padres. Las cifras también dicen lo contrario: la suspensión del régimen de visitas a hijas e hijos, de acusados de malos tratos tuvo lugar en un 3,4% de las denuncias.La suspensión de la patria potestad no llegó al 0,2%.

7. El Síndrome de Alienación Parental existe. Se intenta legalizar insistentemente (con el apoyo de algunos partidos políticos) el inexistente Síndrome de Alienación Parental (SAP), una supuesta “enfermedad” provocada por las madres que atentan psicológicamente contra sus hijas e hijos para alejarles de su padre, desacreditada científicamente por prácticamente todos los Colegios de Psicología del mundo, y que a veces pone a las criaturas en situaciones tan difíciles como pasar fines de semana con el padre condenado por malos tratos a su madre o a otras mujeres.

8.La custodia compartida obligatoria ayudaría a resolver el conflicto de pareja porque reparte igualitariamente al hijo que es lo más justo y así evitaría la violencia. Igualitariamente como Salomón ¿no? partirlo por la mitad, dividir su vida solo porque su padre y su madre no se ponen de acuerdo, generalmente, para fastidiar a la otra parte. ¿Por qué no hay hogares corresponsables antes del divorcio en la misma medida que se piden custodias compartidas tras él? Cuanto menos llamativo ¿no? Promover la custodia compartida obligatoria sin contemplar la previa corresponsabilidad y situación de la pareja bajo el techo familiar lleva inevitablemente a graves desequilibrios a los hijos e hijas. 

9. Las y los feministas solo queremos chupar del bote. ¿Dónde está el bote que nunca lo vi ni nadie me avisó? 

10. Las feministas nos preocupamos de tonterías y hay luchas más importantes, uno de los argumentos preferidos por machirulos de izquierdas. 

Hay también una frase que aunque no puede llegar a llamarse mito, se cuenta entre mis preferidas porque se ha convertido en un mantra por las y los anti-feministas: 
  • Yo estoy a favor del "verdadero feminismo" pero no del radical. ¿Quién define qué es verdadero? exactamente, quien nos juzga. Así cualquiera.

Las estadísticas de cualquier país y las de los organismos internacionales demuestran mucho mejor que yo que todos esos falsos argumentos (que con ver algunos de los comentarios de este blog quedan suficientemente confirmados) no son sino la nueva forma de mostrarse de un machismo retrógrado que ya es consciente del rechazo frontal que recibirían al hacer afirmaciones como “en la cocina es donde tienes que estar”, “calla que no sabes de lo que hablas”, o “en esta casa yo mando y tú obedeces” que hasta hace apenas 50 años en España (y en muchos lugares hasta hoy) tenían una base legal, pues la ley imponía obediencia de la mujer al marido, no se permitían las parejas fuera del matrimonio y el marido podía matar a su mujer adúltera sin que fuese delito.

Contado en clave de broma puede dar para unas risas pero las consecuencias son muy graves tanto a nivel personal como a nivel social. En lo privado y en lo político. 

Nuestra sociedad se construye sobre un modelo basado en la limitación de los derechos y expectativas del 52% de su población. Los avances que con gran esfuerzo de algunas consiguen todas las mujeres, una parte de la sociedad no los considera como un paso adelante en la consecución de un mundo mejor, más libre y más justo sino como una disminución del total de sus privilegios. Por eso se enfadan tanto, porque creen que lo que alcanzamos se lo arrebatamos.


Por otro lado, las activistas feministas en redes o en la calle quedamos expuestas a una eterna estrategia de burla, ninguneo, ultraje y humillación por parte de los sectores más machistas de la sociedad.  Exposición que no podría consolidarse sin el silencio cómplice, las risas disimuladas o no, los codazos o las miradas de reojo del resto. Casi nadie acierta a decir con exactitud qué es Feminismo, pero se manejan con soltura los términos "hembrista" o "feminazi".

Unxs hacen, otrxs callan y consienten. ¿Dónde está la diferencia?

María S. Martín Barranco
@generoenaccion


viernes, 10 de octubre de 2014

IV Incursión #GolondrinasalaRAE

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.
Dado el sesgo sexista y la poca voluntad de cambios reales en el seno de la Real Academia de la Lengua Española y tras el éxito de ediciones anteriores, el próximo día 21 de octubre se realizará la Incursión de Otoño en las redes sociales de la Real Academia Española. En Twitter, Facebook,  correo electrónico y su página de propuestas estaremos durante esas 48 horas haciendo educadas consultas sobre las definiciones, informes y gramática sexista que ellos "limpian, fijan" y a cuyo machismo "dan esplendor", así como por la composición sexista de la institución y sus órganos de Gobierno, incluso los de designación más reciente.
Habrá una vigésimo tercera edición del Diccionario en breve, con leves cambios que se presentará una semana antes de nuestra visita. Está también en creación CORPES XXI, el banco de datos del español del siglo XXI y no queremos que tenga el marcado carácter machista que tiene hoy.
En esta nota, que se ampliará con las preguntas y dudas que nos dejen a modo de comentario en las redes sociales, se irán dejando las consultas que se harán a la venerable, machista y anticuada institución, entre la que se incluyen tipos deleznables como el ultramachista Pérez Reverte. Hay algunos artículos interesantes* que pueden leer al respecto como estos de Eulalia LledóMercedes Bengoechea o esta respuesta del escritor Carlos de la Fé al conocido informecontra los manuales de uso no sexista del lenguaje del académico Ignacio Bosque.
Algunos de los ejemplos a los que podemos referir nuestras consultas los encontraremos en el propio diccionario.
  • ¿Por qué no respetan el orden alfabético en los lemas? Se dice niño-a...
  • ¿Por qué no se admite el sentido sociológico de la palabra género?
  • ¿Por qué la composición de la Academia sigue siendo abrumadoramente masculina?
  • Propuestas de próximas académicas (por si no conocen a ninguna mujer y por eso no las eligen...)
  • ... añadan lo que deseen en comentarios. 
También pueden añadir las fotos a sus perfiles y portadas de las redes sociales, para ello hemos hecho diseños con los tamaños adecuados:

Perfil FB y Twitter

#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.

Portada Facebook


#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.


Portada Twitter


#GolondrinasalaRAE. La imagen original es de Fernando Vicente que la cede para la campaña.