sábado, 28 de septiembre de 2013

Crónica de una tarde de activismo

Crónica de una tarde de activismo
Algunas lecciones de la vida te llegan como una bofetada cuando menos las esperas. La tarde de activismo social a favor de la libre elección de la maternidad con las desconocidas compañeras de la Plataforma Mujeres en Plural de Granada fue una de ellas.
Desconocidas porque, aún sin haberme visto nunca, permitieron que me uniera a actividades que ellas habían trabajado, creado, pensado, decidido. Iba junto a Sonia Villar y Carlos de la Fé en representación propia y de la Red de Tertulias Feministas, que nació en Granada y desde aquí crece imparable por el mundo. Más compañeras desconocidas presentes en ausencia. Otras que llegaron casi por sorpresa como María Barrachina, de Movimientos de Género o Yanel Mogaburo, que gentilmente comparte algunas de las fotos que acompañan esta crónica.
El objetivo era ayudar a las integrantes de la Plataforma Mujeres en Plural en una “Feria por los derechos sexuales y reproductivos”. Lugar céntrico de Granada, la “Fuente de las Batallas” y algo de justicia poética, por no decir de paradoja llevada al extremo: a un lado, mujeres y hombres por los Derechos sexuales y reproductivos montando tenderetes endebles, mesas desmontables, pancartas de plástico y cartón. Al otro, puestos bien cerrados, formados limpiamente y bien instalados de las Cofradías, Hermandades y Conventos de Granada vendiendo dulces. A un lado regalábamos preservativos, al otro  se vendían pastelillos de Gloria y tortas rellenas de cabello de ángel: “Tortas de la Virgen”. Las Policías Local y Nacional, nos miran a una distancia prudente; acaso nos vigilan.

Ese era el escenario. La tarde amenazaba lluvia, era viernes, las y los adolescentes pasaban en grupos variopintos. Con look gótico, labios negros y tachuelas; con bolsos cuadrados y jerséis sobre los hombros; de pantalones casi a la rodilla y ombligos al aire. Parejas ancianas, jóvenes, de mediana edad. Grupos de guiris con cara de despiste. De todo un poco, es lugar de mucho paso.

Montamos las mesas, colocamos las pancartas, las octavillas, los cartelones y nos preparamos para informar sobre qué hacemos allí, qué cambios supondrá en los derechos de las mujeres el muy anunciado y nada explicado cambio en la Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo 2/2010 de 3 de marzo 2010, qué sucede en otros lugares del mundo, qué cifras se manejan sobre los abortos legales y clandestinos...

Hay quien huye creyendo que podemos producir no sé si embarazos o abortos espontáneos con nuestra sola presencia. Miradas de curiosidad, de asco, de desprecio, de desconcierto, de solidaridad, de asombro.
Un grupo de chicas se para a mirar de lejos y me acerco. Ofrezco un folleto informativo. La palabra aborto, por ahora, no ha aparecido. Varias de ellas me miran y me escuchan. Una, apenas 15 años me increpa:
—Criminal, ¿no te da vergüenza repartir esto?
No sé si responder o no. Respondo:
—No, y espero que nunca te haga falta.
Lo he dicho serena y segura, pero ahora un punto de dolor me cruza. ¿Le hará falta alguna vez? ¿Cómo he podido decir algo así? Solo es una niña...
Continúa la tarde, informamos, hablamos, repartimos. Jóvenes, mayores. Familias con niñas y niños que nos escuchan, nos acompañan. Gente que acelera el paso. Una mujer que en inglés me pregunta y a la que cuento que nos quieren recortar el derecho al aborto; lo hago en un idioma recién inventado porque todo el inglés que sé lo he aprendido viendo series en versión original subtitulada. Cruzo los dedos para que no se me haya escapado ninguna frase de Los Soprano. Parece entenderme, me da las gracias y me desea suerte. Good luck. Eso lo traduzco sin esfuerzo... va a ser verdad que hay que hablar un idioma para aprenderlo.

Otras personas no se acercan por miedo o por timidez. Hoy solo me han insultado una vez. Desde el extremo opuesto de la plaza —física, ideológica, vitalmente opuesto— las miradas de asco darían para un manual sobre la incomprensión humana.
A punto de irme, un hombre mayor, casi anciano pasa de largo con rapidez sin darme tiempo a hablarle. De pronto para y se vuelve.
—¿Tú eres proaborto o antiaborto?
Tiene un vozarrón, me mira directamente a los ojos y, con todo el aplomo del que puedo hacer acopio le contesto.
—Proaborto.
Espero, presa de los estereotipos como cualquier hija de vecina, que este señor mayor, bien vestido, bien peinado, con su bronceado de haber pasado en el apartamento de la playa de junio a septiembre me va a echar la bronca del siglo.
—Como tiene que ser, coño —me dice—. A cuento de qué va a venir ningún tío, ningún ministro ni ningún cura a decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su vida. Ni que estuviéramos en tiempos de Franco.

Y yo me quedé allí. Sonriendo. Emocionada y avergonzada a partes iguales. Con la Iglesia católica, apostólica y romana formada en orden a mi derecha (¿más justicia poética?) y la Feria por los derechos sexuales y reproductivos, desordenada, revuelta, satisfecha y en movimiento, a mi izquierda. Pensando en tantos hombres y tantas mujeres que trabajaron para darme un país habitable, seguro, con derechos. En tantas mujeres y tantos hombres en las cunetas, en fosas comunes, en el exilio o viviendo en un país oscuro y ensombrecido que se llenó de color, de vida y de esperanza gracias a su espera, a su paciencia y a que les condenáramos al silencio y la invisibilidad. Transición ejemplo del mundo, sí, pero, ¿qué mundo?
Anoche, amenazando lluvia, en una tarde tonta de otoño comprendí mejor que nunca que tal y como exijo como mujer ser nombrada hay una generación que luchó sobre cuyo olvido construimos mucho de lo poco que hoy nos va quedando. Lo sabía pero no lo entendía.  Un hombre me lo enseñó de golpe: todos los derechos son uno. Si nos quitan uno, nos los quitan todos. No te calles, no los calles. Son nuestros.


María S. Martín Barranco
Consultora, formadora e investigadora especializada en Género.
Directora EVEFem

lunes, 16 de septiembre de 2013

Caperucitas unidas contra el Patriarcado Feroz


No sé muy bien desde cuándo lo tuve tan claro. Pero lo tengo muy claro. ¿El qué? el poder inmenso de las redes de personas. Un poder que no es el poder patriarcal, jerarquizado, heteronormativo y capitalista sobre otras personas para avasallarlas e imponerse a ellas, sino el poder de hacer, de creer, de ser, de avanzar. El poder que nunca debilita a la otra parte sino que la enriquece y la mejora.

Todo el mundo sabe qué es una red. Una red tiene hilos, tiene puntos en los que esos hilos se cruzan y se anudan; tiene espacios libres en los que se equilibran las tensiones y por los que se cuela todo aquello que resultaría demasiado pesado de soportar o demasiado pequeño para ser de provecho. 

Situar a las mujeres en el centro de cualquier debate es cada vez más complicado y despierta todo tipo de resistencias patriarcales. Te exigirán que hables también de hombres, del mundo, del universo, de los universos paralelos, de las once cuerdas y, así, hasta el infinito y más allá. Cualquier cosa con tal de no dejar que nos centremos en lo que nos interesa. 

Y no solo hombres, porque el Patriarcado son hombres, y son mujeres. El machismo no va en la "y", el machismo está inserto en la desigualdad estructural e interseccional de nuestra sociedad. Hoy leía una cita de Caitlin Moran en el muro de Laura Freixas  "Cuantas más mujeres protesten, en voz alta, contra el feminismo, más probarán no sólo que éste existe sino también que disfrutan de sus privilegios, ganados con tanto esfuerzo" (Cómo ser mujer). Contra el machismo y el antifeminismo femenino, sororidad.

Por eso, de entre las redes, las de mujeres son necesarias, imprescindibles, urgentes. Y no, no excluyo a los hombres de ellas, pero sí les pido que nos cedan y nos pido que nos cedamos la capacidad de establecer espacios autónomos, propios y a solas. No siempre, no para todo, pero sí algunas veces, tantas como las necesitemos. Nos equivocaremos quizás, y aprenderemos de ello.

De ahí que al leer el artículo de Mar Esquembre Cerdá: "Todas y entre todas: por el consenso" publicado en su columna dominical del diario Información el 15 de septiembre de 2013 me haya sentido tan feliz y tan segura de que lo conseguiremos, como hace mucho tiempo que no lo estaba.  Que se hayan usado algunas de mis reflexiones sobre la necesidad de tomar la acción en mi país, España, para una campaña de llamada a la acción ya, ahora, inmediata, me llena de orgullo.

Las Feministas en red, tenemos por todo el mundo millones de hilos distintos en color, en grosor, en trama, en material. Somos diversas y desde la diversidad reivindicamos que se nos trate como a iguales, y como iguales nos tratamos y nos reconocemos. Ahora tenemos la labor enorme por delante de olvidarnos de los agujeros para reforzar los hilos y apretar los nudos. De fijarnos en lo mucho que nos une y desenfocar de la mira lo que nos separa.  Es el momento de ver la Red Feminista como los hilos que la unen y los nudos que la hacen fuertes y resistente, no como los espacios vacíos que completan la trama. Tenemos objetivos comunes por encima de las diferencias, démosles prioridad. Es urgente y es imprescindible. No es la primera vez, ni será el primer Pacto entre Mujeres aunque a veces lo olvidemos.

Y da igual lo que nos propongamos, como dará igual que el Patriarcado se resista con todas sus fuerzas. Juntas y de acuerdo somos poderosas, y lo saben. 

Y nosotras ¿lo sabemos?


María S. Martín Barranco
Consultora, formadora e investigadora especializada en Género.
Directora EVEFem


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Declaración de los Derechos Sexuales

4 de septiembre Día Internacional de la salud sexual



Declaración de los Derechos Sexuales 


La sexualidad es una parte integral de la personalidad de todo ser humano. Su desarrollo pleno depende de la satisfacción de necesidades humanas básicas como el deseo de contacto, intimidad, expresión emocional, placer, ternura y amor. La sexualidad se construye a través de la interacción entre el individuo y las estructuras sociales. El desarrollo pleno de la sexualidad es esencial para el bienestar individual, interpersonal y social. Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos. 

Dado que la salud es un derecho humano fundamental, la salud sexual debe ser un derecho humano básico. Para asegurar el desarrollo de una sexualidad saludable en los seres humanos y las sociedades, los derechos sexuales siguientes deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios. La salud sexual es el resultado de un ambiente que reconoce, respeta y 
ejerce estos derechos sexuales: 

El derecho a la libertad sexual. La libertad sexual abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos. Sin embargo, esto excluye toda forma de coerción, explotación y abuso sexuales en cualquier tiempo y situación de vida. 

El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo. Este derecho incluye la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre la propia vida sexual dentro del contexto de la ética personal y social. También están incluidas la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo. 

El derecho a la privacidad sexual. Este involucra el derecho a las decisiones y conductas individuales realizadas en el ámbito de la intimidad siempre y cuando no interfieran en los derechos sexuales de otros. 

El derecho a la equidad sexual. Este derecho se refiere a la oposición a todas las formas de discriminación, independientemente del sexo, género, orientación sexual, edad, raza, clase social, religión o limitación física o emocional. 

El derecho al placer sexual. El placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual. 

El derecho a la expresión sexual emocional. La expresión sexual va más allá del placer erótico o los actos sexuales. Todo individuo tiene derecho a expresar su sexualidad a través de la comunicación, el contacto, la expresión emocional y el amor. 

El derecho a la libre asociación sexual. Significa la posibilidad de contraer o no matrimonio, de divorciarse y de establecer otros tipos de asociaciones sexuales responsables. 

El derecho a la toma de decisiones reproductivas libres y responsables. Esto abarca el derecho a decidir o no tener hijos , el número y el espacio entre cada uno, y el derecho al acceso pleno a los métodos de regulación de la fecundidad. 

El derecho a información basada en el conocimiento científico. Este derecho implica que la información sexual debe ser generada a través de la información científica libre y ética, así como el derecho a la difusión apropiada en todos los niveles sociales. 

El derecho a la educación sexual integral. Este es un proceso que se inicia con el nacimiento y dura toda la vida y que debería involucrar a todas las instituciones sociales. 

El derecho a la atención de la salud sexual. La atención de la salud sexual debe estar disponible para la prevención y el tratamiento de todos los problemas, preocupaciones y transtornos sexuales. 

LOS DERECHOS SEXUALES SON DERECHOS HUMANOS FUNDAMENTALES Y  UNIVERSALES. 

Declaración del 13º. Congreso Mundial de Sexología, 1997, Valencia, España. Revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS, el 26 de agosto de 1999, en el 14º. Congreso Mundial de Sexología, Hong Kong, República Popular China.