viernes, 8 de abril de 2011

¿De qué se extrañan?

Los medios de comunicación han decidido satanizar justo ahora a Salvador Sostres, ese tipo al que llevan dando alas y riendo las gracias desde tiempo inmemorial. Un señor, con perdón de los señores, al que no sólo se le veía el plumero sino que lo mostraba con alarde cual pavo real en  celo. Sin pudor, con premeditación y alevosía. Un irresponsable, machista, xenófobo, baboso y putañero confeso con quien se han sentado contertulios de todos los pelajes que hoy se llevan las manos a la cabeza. 

¿Tocaba? porque esto es como la burbuja inmobiliaria, o yo soy adivina por más que no acierte ni un número de la primitiva. Cuando alguien se hace llamar escritor por escribir, entre otras maravillas, un premonitorio (¿o será biográfico?) "Libro de los imbéciles"  y periodista por haber estado matriculado un año en periodismo sin haber sido capaz de dar algo que no fuera su opinión que es lo que se hace en España por más del 80% de la población, pero eso sí, en las barras de los bares y sin sueldo de por medio ¿dónde está la sorpresa?

Cualquiera que sepa leer, tenga conexión a internet y la use para entrar a las redes sociales y no sólo para ver el resultado de la championligue sabe que hay una gran cantidad de hombres y mujeres que piensan exactamente lo mismo que él, que confunden el culo con las témporas y hablan de machismo, feminismo, hembrismo, género y sexo como si tuviesen siete masters del universo en el tema. 

Los medios que se escandalizan y usan a Sostres de arma arrojadiza alojan en sus páginas a un Pérez Reverte que se permite decir que "sarna con gusto no pica" , o votan a una señora que tiene en nómina a despreciables como él o el ínclito Neira con un sueldo que paga la ciudadanía. 

¿Por qué la violencia de género sólo interesa cuando lo deciden los medios de comunicación? ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué nunca un análisis profundo? ¿Por qué no todos los medios tienen un decálogo para tratar su información? ¿Por qué tenemos que estar muertas para que nos hagan caso? ¿Por qué les molesta que pidamos que se nos nombre? ¿Por qué hacen caso omiso de sus libros de estilo, de las recomendaciones de la ONU, de la propia ley española y no estamos en sus consejos de Admnistración?  ¿Por qué no se levantaron a una contra la supresión del Ministerio de Igualdad? ¿Por qué las demás violencias no importan si también son muchas y preceden a la última? ¿Por qué les importa cuando les importa? ¿Para qué?

No sean hipócritas. Esta no es, sólo faltaría, una defensa del por ahora último personajillo que se hace famoso a costa de una muerta. Este es el grito por quienes, mujeres y hombres, hacemos camino al andar cada día y a quienes ya casi nada nos extraña.