jueves, 28 de mayo de 2015

Mujeres como yo, hombres como tú




Esta mañana, como tantas otras, antes de empezar el trabajo diario he pasado por el blog para ver si algún comentario esperaba su publicación. Desde hace un par de años los comentarios están moderados porque, por recomendación legal, algunas amenazas especialmente serias debían pasar antes por comprobaciones oficiales.

Lo primero que he leído ha sido: "Mujeres como tu deberían recibir una buena paliza" (la ausencia de tilde en el tú es por respetar la grafía original). Es parte del agradable comentario que ha dejado alguien "anónimo" en la entrada ¿Por qué el Feminismo sí debe llamarse Feminismo?

No es la primera ni la última vez, pues el 95% de los comentarios que recibo son insultantes o amenazantes. Lindezas como "Maldita puta no sirves para una mierda" no son nada raras en mi página Facebook:







 O también:

Hembrista Aburrida y desesperada (Anónimo.  19/09/2014)
Difamadora hembrista aburrida (Anónimo. 16/8/2014)
Terriblemente puta. (Anónimo. 19/10/2014)

En fin, no voy a aburrir a nadie con más. La novedad de la frase de hoy es la claridad con la que dice lo que piensa. Intenta justificarse un poco en que soy una mala feminista. Pero vamos, lo dice tal cual. Y casi se agradece.

Este blog, con muchos años y muchas visitas a sus espaldas es de acceso libre. No hay publicidad que te atraiga a él, ni ningún virus maligno que lo abra en tu PC o tu dispositivo móvil sin permiso. Si has llegado hasta aquí es porque has querido, o te has equivocado. Si cambias de opinión o te percatas de que no te interesa o no te gusta, puedes irte. No hay trampas que dejen la página de "El Blog de Especialista" perpetuamente abierta bloqueando las demás.

Vienes y te vas con libertad. También puedes quedarte y leer. Pulsar me gusta, no me gusta, compartir o dejar tu opinión. No hay demasiados comentarios en proporción a las visitas. Casi 400.000 visitas y apenas 425 comentarios cuando escribo esto. Aquí no se borran comentarios, ni se bloquea a nadie. Solo se envian a SPAM los que dejan publicidad de otros lugares de forma indiscriminada o repetitiva.

No suelo entrar al trapo de comentarios insidiosos o directamente insultantes, amenazantes o violentos. Mi cuenta de blogger ha sido sometida a denuncias y este blog también. A todos los organismos imaginables. Desde la Policía a protección de datos pasando por Hacienda. Hasta ahora, sigo aquí aunque mis amables troll entren con sus perfiles profesionales a preguntarme por las multas que nunca llegaron a imponerme. No saben que querer dañarme, denunciar y que haya una infracción con su sanción correspondiente, no es lo mismo. Confunden su realidad distorsionada con el mundo real una y otra vez. Creen que su voluntad es lo que debe ser. Siempre.

Por eso es la primera vez que dedico todo un post a contestar. Porque, querido infraser anónimo de esta mañana, estoy tan agradecida a tu sinceridad que quería decirte algo: "mujeres como yo" somos las que hemos conseguido que cada vez haya menos "hombres" como tú. 

María S. Martín Barranco
@generoenaccion

sábado, 23 de mayo de 2015

Elogio del voto inútil


Desde que comenzaron, hace casi dos lustros ya, los primeros síntomas graves de agotamiento del sistema financiero por sobreexplotación de sus depredadores (no puedes sobreexplotar especies animales pero sí a la humana, paradojas capitalistas), hemos escuchado hablar una y otra vez del Estado de Bienestar. Sabemos que lo disfrutábamos en la mínima parte del mundo desde la que tengo la suerte —o no— de escribir, aunque no lo dijéramos entonces o no tanto, sabemos que entró en crisis el modelo por más que nadie nos dijera por qué y sabemos ahora que nos lo desmantelan y empezamos a sufrir cómo.
Todos los partidos en campaña prometen y prometen. Como en ese (machista) dicho popular: una vez metido (el voto en la urna, aclaro) se olvida lo prometido. Así que sé que la tentación mayor es decir "no voto". No seguiré legitimando el sistema, no podrán decir —otra vez— que es en mi nombre. Se acabó la manipulación. 
—"Votar es inútil ¿no ves que no sirve para nada?" me decía una amiga hace unos días. No volveré a votar nunca más.
Ojalá fuera tan fácil.
En realidad, el Estado de Bienestar que tanto nos gustaba "cuando votábamos", es una concesión de los mercados para mantener estables las tasas de demanda: el Estado debe garantizar unas importantes tasas de consumo (políticas de bienestar) y de inversión (planificación económica), de esta manera se adecua el mercado a las exigencias sociales y se evitan las crisis cíclicas. El principio rector del Estado del Bienestar, es según Mishra, garantizar unos mínimos fundamentales para el conjunto de la ciudadanía. Para avalar este principio subraya tres elementos base en el Estado del Bienestar (Mishra, 1993: 41-42):
1. Control y regulación de la economía en aras de garantizar una alta tasa de empleo.
2. Creación de servicios públicos en sectores clave como la sanidad, la educación o la vivienda.
3. Servicios asistenciales para hacer frente a la pobreza, de carácter excepcional y condicionado a las rentas.
Pero los mercados han dejado de hacer concesiones. Se han vuelto tiranos. No hay más que ver esos tres puntos para saber que esa revolución del Siglo XX ha perdido su fuerza en el XXI a la misma velocidad que perdemos la esperanza. Y el sistema que nos gustaba cuando eran otros quienes lo cargaban sobre sus espaldas, ahora se nos muestra en su depravación:
1. Se controla y regula la economía para garantizar la estabilidad de los mercados, atendiendo a las necesidades del dinero antes que a las necesidades de las personas.
2. Se disminuyen o se destruyen los servicios públicos de sanidad, educación y vivienda y dejan de considerarse una inversión para pasar a ser un lastre para las administraciones encargadas de proporcionarlos.
3. Se venden como una carga para el sistema, y no como una regulación necesaria del mismo, las medidas para hacer frente a la pobreza producida por las incorrecciones y necesidades del propio sistema.
No hablaremos ya de la sobreexplotación por excelencia: la de las mujeres en nombre de todo lo que haga falta. La mitad de la población haciendo gratis a tiempo parcial o completo y por "amor" lo que cuando se hace por otra persona, es un empleo (o varios): cuidados del hogar y la familia, planificación, afectividad familiar, manejo de tensiones. ¿Podría el capitalismo sobrevivir si externalizara y —en consecuencia— pagara todo el trabajo que las mujeres no cobramos? ¿O pagarnos en su totalidad los trabajos por los que nos pagan menos? Pero no es el tema. 

Para el mantenimiento del Estado de Bienestar hay, además, otro factor fundamental: la ciudadanía. El desarrollo de la ciudadanía es un proceso complejo que necesita de una lectura revisada para poder adecuarse a las nuevas demandas de hombres y mujeres de todas las edades. Aspectos como el medioambiente, la paz, las libertades sexuales, la integración de las diferentes culturas o la perspectiva de género han de ser considerados y absorbidos en la reconstrucción de la teoría de la ciudadanía. Algunos nuevos partidos intentan tomar ese camino. Cómo se transita solo podrá saberse si les damos oportunidad. Votando.
Porque la conciencia del poder de una ciudadanía responsable es el paso imprescindible para atemperar los daños de la caída y para la propuesta de alternativas a un sistema muerto que sigue recibiendo transfusiones continuas y respiración asistida.


Es cierto que el sistema está podrido. Es cierto que usan nuestro voto como pala para cavar la tumba de nuestros derechos. Y volverán a hacerlo si renunciamos a lo poco que nos queda. Ningún derecho se consolida no ejerciéndolo. Vota.
El silencio nunca es una buen estrategia. Si lo fuera, no estarían intentando callarnos a golpe de Real Decreto. Tenemos que hablar, tenemos que decir qué queremos y qué no. Porque el sistema está diseñado para que tu ausencia tenga un significado muy concreto: beneficiar a una parte de ese sistema. Y, sorpresa, ¿adivinas a qué parte beneficiará? ¿Necesitas acaso que lo diga?
Mar Esquembre explica aquí de forma sencilla cómo afecta tu voto válido, tu no votar, tu votar en blanco o el emitir un voto nulo. Haz lo que te dé la gana, pero hazlo sabiendo. No digas que no avisamos: cualquier voto que no emitas para castigar al sistema podrá ser utilizado en tu contra. 
¿Destruir la casa del amo con las herramientas del amo? Sí. No solo, pero también. Que quienes murieron para que pudiéramos hacer lo que el domingo  tenemos el derecho de hacer no tengan que revolverse en sus tumbas. Ni en sus cunetas.

María S. Martín Barranco
@generoenaccion

domingo, 17 de mayo de 2015

Padeces LGTBIfobia y no lo sabes si...

Aunque parezca difícil de creer en el año 2015 hay aún 22 países del mundo en los que las personas homosexuales, bisexuales, intersexuales y transexuales son castigadas en alguna forma.  Desde multas, hasta la pena de muerte en 7 de ellos. Son países enfermos de homofobia, de tansfobia, de LGTBIfobia.



Dice el diccionario de la RAE que homofobia (pretender encontrar LGTBIfobia en un diccionario claramente homófobo es ciencia-ficción) es “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Como siempre que se usa el DRAE hacen falta más búsquedas para entender la definición. 

Les ruego por tanto que me acompañen para saber qué es aversión y cuándo se considera obsesiva. Después buscaremos qué es homosexual y podremos entender. O al menos eso espero, porque un diccionario machista y obsoleto por más que se haya actualizado hace un año, bien puede dejar traslucir la homofobia de la sociedad. 

Comencemos el periplo:

Aversión: Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Obsesivo/va: Perteneciente o relativo a la obsesión. 
Obsesión: 1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija. 2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente.
Homosexual: Dicho de una persona: Con tendencia a la homosexualidad. 2. adj. Dicho de una relación erótica: Que tiene lugar entre individuos del mismo sexo. 3. adj. Perteneciente o relativo a la homosexualidad.
Homosexualidad: 1. Inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo.2. f. Práctica de dicha relación.

No voy a entrar en un bucle infinito de definición en definición. Tan solo quiero adentrarme en los entresijos de una palabra que manejamos con ligereza y desconocimiento parecidos. 

Si completamos, pues, la primera definición con las posteriores, podríamos decir (siempre según el Diccionario de la Real Academia) que homofobia es el rechazo o repugnancia que nos perturba anímicamente hacia las personas que tienen una inclinación erótica con individuos del mismo sexo.

Como en una enfermedad física, esos países que castigan la libertad sexual son solo el síntoma de una enfermedad que cualquiera puede sufrir en estado latente. 



Estoy segura de que con el diccionario en la mano no tenemos ningún tipo de aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. ¿A que no? Pero ¿hay algún otro signo que denote que discriminamos a las personas homosexuales, bisexuales, transexuales o intersexuales? Hagamos un repaso:


  • ¿Aceptarías con naturalidad la atracción hacia una persona del mismo sexo? Sí/ No
  • ¿Te avergonzarías si tuvieras una hermana o un hermano homosexual? Sí/ No
  • ¿Aceptarías que tu pare o tu madre entablaran una relación con una persona de su mismo sexo? Sí/ No
  • ¿Te importaría que tus hijas o hijos tuvieran amistades con chicas o chicos homosexuales? Sí/ No
  • ¿Crees que la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, intersexualidad es una enfermedad o una rareza biológica? Sí/ No
  • ¿Crees que la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad es antinatural? Sí/ No
  • Si tuvieras un sueño erótico con una persona del mismo sexo ¿lo contarías? Sí/ No
  • ¿Te sientes violentado por ver a una pareja homosexual tener muestras de cariño en público? Sí/ No
  • ¿Las parejas homosexuales o transexuales tienen derecho a casarse? Sí/ No
  • ¿Las parejas homosexuales o transexuales tienen derecho a tener o adoptar hij@s? Sí/ No
  • Si una persona de tu mismo sexo intenta un acercamiento sexual ¿reaccionarías igual que si lo hace una de otro sexo? Sí/ No
  • ¿Dejarías a tu hija al cuidado de una cuidadora lesbiana? ¿Y a tu hijo de un cuidador gay? Sí/ No
  • ¿Crees que es “peor” ser homosexual en alguno de los dos sexos normativos? Sí/ No
  • ¿Usas “puto”, “maricón”, “maricona”, “bollera”, “cachapera” o expresiones "a tomar por culo" y similares como insulto? Sí/ No
  • ¿Intervienes ante actitudes, situaciones o comentarios LGTBIfobos? Sí/ No


Cuenta tus SÍ y tus NO, si has sido capaz de responder con sinceridad y tendrás un diagnóstico aproxmado.

Porque, por más que el diccionario oficial no lo reconozca, la homofobia es también odiar. Despreciar o demostrar intolerancia hacia las conductas que te parece “sospechosas” de homosexualidad (los niños no lloran, no te comportes como una niña, eso es de maricones, arréglate que pareces lesbiana), es homofobia. Lo es insultar aunque lo escondas tras supuestas bromas. Es discriminar de forma manifiesta o sutil y, por supuesto, lo es agredir o atentar contra la vida. Es homofobia o transfobia callar. El silencio siempre es cómplice. 

Y tú ¿padeces LGTBIfobia?

María S. Martín Barranco
@generoenaccione

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Por qué algunas mujeres maltratadas vuelven con su maltratador?



Cada cierto tiempo nos encontramos con un caso de asesinato por violencia de género en el que la víctima había denunciado y, o bien había retirado la denuncia o sin hacerlo (e incluso teniendo una orden de alejamiento) convivía o seguía viéndose con su agresor.

La primera reacción machista es algo así como "sería una denuncia falsa" o "le gustaría que le pegaran si volvió con él". Parecen obviar que está muerta, algo habrá pasado ahí.

La reacción entre quienes desean entender y creen que el que esté muerta cuenta algo es preguntarse ¿Por qué algunas mujeres vuelven a convivir con sus agresores incluso después de haberlos denunciado y tener órdenes de alejamiento?

La explicación que voy a dar a continuación es una simplificación absoluta de un ciclo de violencia que ocupa millones de páginas de estudios sociológicos y psicológicos. En su simpleza, puede dar una somera respuesta a eso que tantas veces nos hemos preguntado: ¿Por qué las mujeres vuelven con su agresor?

Como todo el mundo puede imaginar, cualquier mujer denunciaría o se alejaría inmediatamente si el primer día que conoce a un hombre éste le diera una paliza, pero los primeros maltratos son sutiles (por qué te pones eso, dónde vas, déjame ver ese mensaje o dame la contraseña de tu facebook) son señales que por culpa de los mitos del amor romántico tomamos como signo de amor y no de control.

Ese control se extiende a la ropa, a las amistades, a la familia (tu hermana es imbécil, tu padre es un calzonazos, tu madre es una pesada, tu hermano qué se cree...) y a la propia persona (otra vez te has equivocado, fulanita sí que se sabe arreglar, si cocinaras como mi madre no me quedaría en el bar...) que pierde su autoestima e intenta (convencida de que el amor todo lo puede y él la quiere y cambiará por amor si ella cede un poco) ceder para complacerle.



Cada cesión es un poco mayor hasta que está plenamente inmersa en esa espiral de abuso o rueda de control en la que se siente culpable del maltrato y solo intenta "portarse bien". Los síntomas del Síndrome de la mujer maltratada que comienza a manifestarse tras un par de vueltas al círculo, la llevarán a dejar de pensar por sí misma y pensar "por la cabeza del agresor"; es lo más parecido al Síndrome de Estocolmo o a un lavado de cerebro. 

Esto no quiere decir que esas mujeres no sean fuertes. En absoluto. Lo son, pero lo son en un contexto inhabitual de violencia. Sobrevivir cada día e intentar sobrellevar la cotidianeidad en una situación de violencia en el hogar agotan los recursos emocionales y físicos de cualquiera. No les pediré que hagan la prueba. Se le ha llamado "Síndrome de adaptación paradójica a la violencia de doméstica".

Tampoco ayuda que incluso profesionales no sepan distinguir entre la violencia de género a nivel teórico y su tipificación en cada país. O que haya multitud de mitos sobre los maltratadores y el maltrato. Ni el tratamiento de los medios ante las muertes, ni las de las actuaciones de las FCS que llegan a saltar a la prensa (porque sí, hay miles de actuaciones correctas diarias pero esas, normalmente, nadie las cuenta).



Por eso, es imprescindible que los medios de comunicación asuman la responsabilidad que tienen en la publicación de determinados contenidos, en el tratamiento mediático, en la voz que permiten a quienes justifican los asesinatos machistas. 

Por eso es urgente que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tengan formación en género desde el momento del acceso. ¿Cómo es posible, por ejemplo, que la Guardia Civil no tenga un solo tema sobre violencia de género o igualdad en su temario de acceso, cuando cubre las zonas del país (las rurales) donde esa violencia es más difícil de detectar y denunciar?

Por eso es necesario que la justicia sea veloz, eficaz y que quienes la imparten sepan qué hacen y cómo hacerlo. Porque ellas sí saben algo: que tienen menos peligro dentro de casa con el maltratador que fuera al albur de una orden de alejamiento que dificilmente se hará cumplir. Porque las matan porque quieren ser libres y se creen menos en peligro mientras sean sumisas. Y porque es muy fácil decir "denuncia" y sentirnos moralmente superiores. Pero si después apenas el 80% de maltratadores cumplen sus condenas ¿cómo las protegemos ante la impunidad o la desidia?

Por eso las mujeres deben saber que no se las juzgará y que estaremos ahí aunque se vayan y vuelvan, siempre. Porque los principales argumentos del maltratador son "quién te va a querer ahí fuera", "quien te va a creer a ti antes que a mí" y si las juzgamos en público y en privado una y otra vez volverán con él porque le estaremos dando la razón.

María S. Martín Barranco
@generoenaccion

jueves, 7 de mayo de 2015

¿"Cállate, bonita"?



Me gustas cuando callas porque estás como ausente, decía Neruda.


Todo un imaginario colectivo discriminador de las mujeres condensado en un verso. Mujeres estereotipadas como charlatanas, cuando ellos son quienes tienen el derecho a usar su voz, a imponerla o a silenciar la nuestra. Mujeres quejicas cuando pedimos los derechos y el respeto que nos corresponden frente a hombres que al hacer lo mismo reivindican o son adalides de la justicia.

En el debate de investidura del Parlamento andaluz, ayer, se increpaba a una Parlamentaria con frases tan lúcidas y lucidas como "Cállate, bonita" y "No tienes ni puta idea". Las decía un parlamentario desde la bancada -supuestamente- progresista. Aunque ya sabemos que machiprogres de izquierdas hay tantos como machifachas de derechas.

La frase ya de por sí da para varias tesis doctorales, pero la reacción del resto de la Cámara es lo más espeluznante. 

Déjame que te hable también con tu silencio, dice el mismo poema. Y silencio cómplice fue el de las parlamentarias y parlamentarios que permitieron semejante tropelía.

Esto no es cuestión de educación. O más bien de ausencia de ella. La educación de nuestra clase política (en general, y sálvese quien pueda) es lo más parecido a la de un aula de educación infantil el primer día de clase. Pataleos, cuchicheos, pataletas y protestas. Solo faltan los lloros y solo se diferencia en la asistencia:en el cole te cuentan las faltas. Les hemos malacostumbrado y consentido y ahora no hay supernani que valga. 

Decir “cállate, bonita” a una es decir a las mujeres, todas, que estamos donde no deberíamos y que nuestra voz, aunque represente a miles, siempre puede ser callada con una orden dada por quien ostenta el poder y el privilegio. “Donde hay barbas, callen faldas” dice, sexista, el refranero español pero no es esa la voz del pueblo que queremos en quienes nos representan.

¿Tendremos a estas alturas que recordar a sus señorías el papel del lenguaje? Porque quizás, si no lo saben, no deberían estar en el espacio en el que hablarán por mí. ¿Tendremos a estas alturas que recordar a sus señorías que la ley* les encomienda erradicar las prácticas discriminatorias de todo tipo? Porque quizás, si no lo saben, no deberían estar en el espacio en el que trabajarán para eliminarlas, sino aprendiendo a detectarlas. 

Esto no es cuestión de partidos. Si todas las parlamentarias y parlamentarios de esa Cámara (que siento asco de que me represente) se hubieran levantado. Si al menos todas las parlamentarias hubieran puesto en su lugar a quien habló no consintiendo. 

Porque fue con vuestro silencio como hablasteis quienes no alzasteis la voz. Fue el silencio de la Presidencia de la Cámara quien permitió. El silencio del partido que no sanciona el que consiente. El silencio de la candidata a Presidenta, a la que al día siguiente un periódico de tirada nacional también faltaba el respeto mostrando solo sus piernas como portada.



Olvidar que lo que le hacen a una nos lo hacen a todas y anteponer los intereses del partido a los de la dignidad de las mujeres posibilita la impunidad ante todos los machismos que nos hieren a diario. También nos deja sin herramientas para luchar contra el machismo que nos mata, bien arropado por un sinfín de violencias permitidas, consentidas, silenciadas, aplaudidas.

Recordamos siempre el primer verso de Neruda y olvidamos el último: “Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto”. Pero fue cierto. Se dijo. Y no pasa nada. Solo unas pocas estamos desoladas. Desoladas, pero no calladas.



María S. Martín Barranco
@generoenaccion

*Art. 14 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.