Buenas prácticas de ciberfeminismo en red

Las páginas y grupos feministas en Facebook, los blog y web feministas en internet, los perfiles feministas individuales y colectivos en todas las redes sociales son (somos) manada. Bravo.


Imagen desde el Blog de María Llopis. Campaña "Caperucitas feroces"

Somos diversas, afortunadamente; somos distintas, como no podía ser menos; nos complementamos a veces y nos superponemos otras. Perfecto también. En ocasiones nos detestamos, nos ignoramos, nos criticamos o nos castigamos con toneladas de indiferencia. No me parece tan perfecto pero no creo que vivamos en un mundo ideal, lo asumo, e intento evitarlo en la medida de lo posible. Sé dónde están mis campos de batalla y no están en territorio feminista (detesto este lenguaje bélico y de pronto es el único que me sale; lo anoto para pensar después).



Sí me parece inaceptable y me niego a asumir prácticas desleales: copiar frases o textos sin citar la autoría, usar las ideas de otras compañeras u otras páginas, atacarlas solo porque su planteamiento vital del feminismo difiere del propio. No, no y no. Bastante tenemos con el patriarcado de fuera para ser condescendientes con el patriarca interior que campa a sus anchas dentro de cada una de nosotras y de nuestras organizaciones. Ese, considero que hay que señalarlo (preferiblemente en privado) y reflexionarlo con detenimiento cuando nos lo señalan, sea en público o en privado e independientemente de las formas. 


Además, cada vez con más frecuencia encuentro otra práctica que creo que deberíamos meditar:

Hay páginas, grupos o perfiles que dejan el mismo mensaje en privado, en público, te ingresan al grupo correspondiente sin decirte ni mú, te etiquetan junto a ni se sabe cuántas personas más que, a su vez, responden y llenan tus notificaciones de mensajes. Para completar el cuadro entran a tus conversaciones sobre algo (sea lo que sea, da igual el espárrago verde que el precio del yen) y dejan el dichoso enlace. 

Compartir nuestro trabajo en un grupo o una página feminista (o en algunas) que no sean la tuya está bien. La idea de la red es compartir, crear, entregar, lanzar o arrastrar conocimiento de acá para allá. Pero ¿dónde está el límite entre compartir el trabajo y el SPAM? ¿Qué pasa cuando eso que haces y está muy bien no lo dejas en un grupo sino en 50 (generalmente compartido por personas con intereses similares -las redes son muy pequeñas al fin y al cabo-)? ¿Y cuando llegas a promocionar tu producto (o tu curso, tu taller, tu actividad, tu revista, tu lo que sea) en grupos donde hay otras personas que se dedican a lo mismo y por respeto al conjunto no se promocionan? ¿O cuando usas cualquier conversación para meter con calzador lo que haces, tu enlace, tu blog, tu página, tus cursos o tus servicios?  

Porque no sé a ustedes, pero a mí hay mañanas en las que me han incluido en 50 grupos y tengo invitaciones a 20 o más eventos (algunos al otro lado del mundo), y estoy etiquetada en docenas de publicaciones. Y eso es tiempo, es trabajo en ignorar, o borrarte o consultar para saber si te interesa o no. 

Conste que soy la primera que a veces (muchas veces, más de cuatro veces como en la canción popular) deja enlaces a su blog en conversaciones donde cree que el post enlazado es pertinente. O ha invitado a algún evento a gente que he creído interesada. No me refiero a eso, sino a la insistencia y la reiteración. ¿Dónde está el límite entre la información y el abuso? Y lo que es más importante ¿por qué las reacciones cuando ese comportamiento se hace notar, o se plantea el tema son tan desproporcionadas? 

Si osas replicar ¡oh, rayos y centellas! eres poco feminista, atentas contra la libertad de expresión, eres nazi e inquisidora. Se desvía la atención desde la sanción (o la réplica) al comportamiento hacia la victimización por la represión del contenido. Oigan, que no digo que lo que comparten no sea una maravilla, solo digo que dejarlo en 100 grupos en 30 minutos no es compartir información, es atosigar. Y ya me atosiga bastante el sistema. 


Feministómetro surgido del XII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe
Imagen desde el Blog de Ersilia 

Pero, señoras y señores, pongamos las cartas sobre la mesa ¿no lo decimos abiertamente y con tranquilidad si quien lo hace en nuestras páginas es un perfil sospechoso de machista? ¿Por qué habríamos de consentir esos mismos comportamientos solo porque esa página sea -o se llame- feminista? No pretendo cerrar debates sin abrirlos, pero quiero que el debate sea una exposición de ideas, no una exhibición de feministómetros.

Sería enriquecedor y gratificante poder acordar un código de buenas prácticas en las redes, y respetarlo. Porque pedimos a los medios decálogos para el tratamiento de la violencia machista. A las agencias de publicidad que se regulen para no vulnerar los derechos de las mujeres y no usarnos como carnaza en la venta de sus productos. ¿No estaría bien no usar la sororidad como excusa para avasallar a nuestras páginas compañeras?

Imagen de Feminismo Unizar

Especialista en Igualdad tiene desde 2009 un Código de auto-regulación que aplicaba -hasta hoy- en privado. Ha ido creciendo, mutando, ampliándose en unas partes y haciéndose más exigente en otras. Con toda seguridad es imperfecto, pero es el mejor que hemos sabido hacer. Y lo cumplimos.

Quienes colaboran en los  diversos proyectos  de Especialista en Igualdad lo conocen al dedillo. Hoy lo hacemos público para que cuando lo infrinjamos, puedan agitarlo ante nuestras pantallas y exigirnos una rectificación, o un cambio. Y para que nos ayuden a mejorarlo.

Es nuestro grano de arena a la sororidad entre ciberfeministas. 

María S. Martín Barranco
@generoenaccion

Comentarios