Día de la madre pero ¿qué madre?

Uno de los grandes logros del Feminismo, tanto para las mujeres como para los hombres, ha sido desligar la sexualidad de la reproducción. Algo que hoy nos parece natural en muchos países del mundo, sigue siendo casi impensable en otros. Y no hace tantos en España, el país desde el que escribo, planificar la maternidad mediante el uso de métodos anticonceptivos era un delito tipificado en el Código Penal.

Por tanto, hablar de maternidad -como hablar casi de cualquier cosa- es hablar de política. Y esa es la premisa desde la que parto para hablar del Día de la madre. Celebrado y detestado a partes iguales, a veces sin saber muy bien por qué. Cuando se obliga o se prohíbe la maternidad, el exigir que sea voluntaria es irrenunciable. Pero ¿qué es ser madre? ¿cómo nos situamos frente a un modelo de maternidad heteronormativo y patriarcal completamente obsoleto?



Desde luego, casi nadie al hablar de madres habla de la madre que nos venden los grandes almacenes un día al año. Un "invento" pervertido y comercializado que en su origen tenía una pretensión reivindicativa, como nos cuentan maravillosamente nuestras compañeras de Mujeres Imperfectas. Tampoco la madre de la tradición judeocristiana que parirá con dolor como castigo al pecado original, origen de todos los males del universo.

El debate sobre la maternidad entre las mujeres que cuestionamos el patriarcado y la heteronormatividad, lleva fresco varias décadas por unos u otros motivos. La polémica ha estado candente en España hace apenas unas semanas. Desde las que reivindican la maternidad como esencia de la feminidad, coincidiendo en postulados extremos opuestos del posicionamiento político, hasta quienes intentamos hacer malabares con nuestras contradicciones, esquivando por un lado los detectores de mujer-mujer del patriarcado o de la feminista-feminista por quienes entienden el Feminismo como un movimiento unívoco y centralizado.

Plantearse la maternidad desde lo político no es sencillo. Y sin embargo ¿cómo hablar de maternidad exclusivamente desde lo privado en una sociedad en la que los horarios laborales son imposibles, la mono o bimarentalidad silenciadas, la conciliación se plantea como una  carga para la empresa y la sociedad y las escuelas de educación infantil públicas son casi inexistentes? 

(Ver en * educación diferenciada)

Y entre tanto las mujeres seguimos pariendo. Unas serán madres mediante el parto pero ¿acaso no hay madres que jamás han parido? ¿no hay mujeres que paren y ni desean ser ni serán nunca madres? ¿Qué juicios de valor, qué políticas públicas, qué mecanismos sociales rodean esas decisiones?


Las propuestas teóricas feministas a la maternidad son diversas pero en la práctica las madres -feministas y no feministas- seguimos haciendo lo de siempre: lo que creemos mejor para nosotras, para nuestras criaturas, para nuestra familia. La clave es que en esta ecuación el orden de los factores sí altera el producto. Lo que priorizamos no es baladí, no es natural y no siempre es fruto de una decisión libre e informada.

La maternidad puede ser un milagro, o una pesadilla, o ambas cosas varias veces al día. Y tenemos que decirlo y reivindicarlo. No es cuestión de ser "buenas madres" o "malas madres" porque eso supondría reconocer o dar validez a un modelo determinado y ¿quién decide ese modelo? ¿el patriarcado? ¿la sociedad? ¿nosotras a solas? ¿en pareja? ¿cómo lo conjugamos con la cultura y la sociedad preexistentes? 

Lo que no podré es "celebrar" la maternidad mientras una sola alumna treintañera, inteligente, formada y madre por decisión libre y gozosa me siga confensando dolida que se siente como un "desecho humano" porque tras el parto y la subida de teta se siente triste, frustrada, cansada y con ganas de estar sola aunque sea un ratito. Porque algo estamos haciendo muy mal cuando un modelo de "buena madre" sigue presente en el imaginario colectivo y la sociedad nos plantea como alternativa disidente ser "mala madre".

Utilicemos el Día de la Madre para construir alternativas de maternidades libres de culpa. Muchas, tantas como mujeres seamos. Y reconozcamos que las alternativas de nuestra elección no nos hacen "malas madres" solo nos hacen -si aceptamos la definición- madres diferentes.





María S. Martín Barranco
Especialista en Igualdad
@generoenaccion

Formación político-social (niños): LA FAMILIA. "Toda agrupación, para conseguir sus fines, necesita un jefe. El jefe de la familia es el padre. Como tal, trabaja y manda. Trabaja para dar ejemplo y procurar el bienestar de los demás miembros; manda, para que bajo su armoniosa autoridad cada cual cumpla su misión: la madre administrando el hogar y los hijos preparándose para una vida moral y materialmente digna."


Formación política (niñas): "Las misiones que actualmente tiene encomendadas la Sección Femenina son dos: servir a la Patria en quehaceres propios de la mujer y preparar a ésta para que el día de mañana pueda formar una familia cristiana, patriótica y ejemplar."

Recibe El blog de Especialista en tu mail

Comentarios

  1. Como papá que se queda con los chicos mientras mamá está en la oficina, solamente me queda acotar que...

    La única línea de vuestro artículo a la que le veo algo de sentido es la caricatura por Maitena.

    Muchas gracias.

    ResponderEliminar
  2. si claro querido "Mili Carnica"... porque tu eres la mayoria estadistica.... una excepcion no invalida la regla

    ResponderEliminar
  3. Ya, el único problema es que leyendo esto me vuelvo a sentir como una abducida por algún sistema bajo el cual quiero aparentar ser una buena madre a toda costa. Siento que contribuyo a culpabilizar a aquellas madres que se sienten emocionalmente vacías ante la maternidad reciente o creciente. Vuelvo a notar que la tesis principal de todo análisis es que la maternidad no realiza, no llena, no puede ni debe ser lo más importante o de lo más importante que una experimentará en toda su vida. Otra vez vuelta a desprestigiar ese papel, como si criar no fuese fundamental para la sociedad, como si criar supusiese estar sola de todas las formas posibles, como si al fin y al cabo se tratase de una tarea menor, tediosa, que supusiese perder toda la identidad en favor del sistema patriarcal preestablecido.

    Probablemente será así para muchas personas, pero quiero recordar que un hombre que tradicionalmente abandona la tarea de la paternidad por esos motivos es juzgado socialmente e incomprendido, mientras que algunos puntos de vista justifican que una mujer lo haga o lo piense. Apoyo en ambos casos, sin juicios.

    Yo defiendo la tesis de que la crianza es de toda la tribu (manida frase) en cuya tarea la madre tiene un papel que jugar si lo quiere y le apetece, la madre soltera, las madres, la madre biológica, la madre adoptiva, el padre con el papel de madre, los padres... Un papel de prestigio que tiene derecho a ser visible, protegido y defendido. Si hablásemos en términos de visibilidad, prestigio, protección... Al fin y al cabo, en términos positivos, contribuiríamos a acabar con la soledad que supone la maternidad, la incomprensión.

    La cuestión principal es la errónea creencia de que la mujer es invisible porque históricamente materna, cuida y gestiona los recursos. Maternar, cuidar y gestionar supone tener conocimientos y sabiduría, y gestionar los recursos supone empoderarse y tener mesura para garantizar la supervivencia propia, del entorno natural y de la sociedad. Y además hemos descubierto que tenemos la capacidad de ganar esos recursos, es decir, de tener el papel tradicional del hombre. En lugar de perder el tiempo en renunciar a nuestras fuerzas deberíamos ponerlas en valor, quizás el sistema matriarcal le otorgaría esas tareas al hombre también.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Debido a la insistencia de determinados machistas aburridos, nos hemos visto en la obligación de administrar la moderación de entradas. Este blog no publica ningún comentario que contenga enlaces. Lamentamos las molestias para el resto de participantes. Gracias por vuestra comprensión.