Por qué los asesinatos de mujeres por violencia de género son #terrorismomachista




La imagen de un iceberg es habitual cuando hablamos de violencia de género. La violencia directa sería insostenible sin todo un sistema que la apoyara, que la mantuviese, que la justificara, que la escondiera, que la reprodujera y empleara. El triángulo de la violencia es un concepto introducido por Johan Galtung para representar la relación existente entre los tres tipos de violencia que él define en su teoría: Violencia Directa, violencia estructural y violencia cultural. La violencia, según Galtung, es como ese iceberg, de modo que la parte visible es mucho más pequeña que la que no se ve. De acuerdo con el autor, existirían tres tipos de violencia:
  • La violencia directa es visible, se concreta con comportamientos y responde a actos de violencia. Si hablamos de violencia machista, son todas las expresiones de violencia que se ejerce directamente por parte de hombres concretos sobre mujeres concretas, desde la trata de mujeres, la patrimonial, los abusos sexuales, el maltrato habitual, la violencia sexual, etc.
  • La violencia estructural se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades y se concreta, precisamente, en la negación de las necesidades.En la violencia machista se ejerce a través de los roles sexistas y de la división sexual del trabajo, de la sociedad y todos los estamentos que la configuran. También a través de los valores sociales que refuerzan los mandatos hegemónicos de género.
  • La violencia cultural, crea un marco legitimador de la violencia y se concreta en actitudes. En la vioencia machista se concretaría en la llamada violencia simbólica.
La violencia simbólica*, cuando hablamos de violencia de género, es aquella que se ejerce a través de los patrones culturales y de la imposición del género, con representaciones simbólicas de lo que es “ser” mujer y/u hombre. Debemos entender la interrelación de estas dos categorías, la una no se puede explicar sin la otra. Gracias a ella, las mujeres somos instruidas en el terror sexual, en el que “algo” nos puede pasar si decidimos caminar solas por la vida, esto conlleva renuncias que nos podrían llevar a hablar de un “apartheid encubierto”, donde hay espacios y situaciones vetados para las mujeres. Esta amenaza no concretada, supone una coacción para los comportamientos y la libertad  y la salud individual y colectiva de las mujeres.

La Organización Mundial de la Salud define en su Informe mundial sobre la violencia y la salud (2002) la violencia como:
El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
La definición comprende tanto la violencia interpersonal como el comportamiento suicida y los conflictos armados. Cubre también una amplia gama de actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones. Además de la muerte y las lesiones, la definición abarca también las numerosísimas consecuencias del comportamiento violento, a menudo menos notorias, como los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometan el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.
No es sin embargo esa la violencia de la que hablamos. Está incluida, pero es más concreta y específica. Es la llamada violencia de género, violencia machista o violencia machista contra las mujeres. Siguiendo con la OMS:
"La violencia contra la pareja se produce en todos los países, en todas las culturas y en todos los niveles sociales sin excepción, aunque algunas poblaciones corren mayor riesgo que otras. Además de las agresiones físicas, como los golpes o las patadas, este tipo de violencia comprende las relaciones sexuales forzadas y otras formas de coacción sexual, los malos tratos psíquicos, como la intimidación y la humillación, y los comportamientos controladores, como aislar a una persona de su familia y amigos o restringir su acceso a la información y la asistencia.
Aunque las mujeres pueden agredir a sus parejas masculinas y también se dan actos violentos en parejas del mismo sexo, la violencia de pareja es soportada en proporción abrumadora por las mujeres e infligida por los hombres. En 48 encuestas de base poblacional realizadas en todo el mundo, entre el 10% y el 69% de las mujeres indicaron haber sido objeto de agresiones físicas por parte de una pareja masculina en algún momento de sus vidas. La mayoría de las víctimas de agresiones físicas se ven sometidas a múltiples actos de violencia durante largos periodos  y suelen sufrir más de un tipo de maltrato."

En 1993, en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer,la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció oficialmente el derecho de la mujer a vivir libre de violencia, derecho que también se reconoció en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), de 1994.
Tanto en la Declaración de las Naciones Unidas de 1993 como en la Convención de Belém do Pará se utiliza, en la versión inglesa, la expresión ‘gender-based violence’ (violencia basada en género) para reconocer que los factores de riesgo, las consecuencias y las respuestas a la violencia contra la mujer están influidas en gran medida por la condición social, económica y jurídica subordinada de la mujer en muchos entornos. Ciertas formas de violencia contra la mujer, como la violencia física infligida por el esposo, a menudo son toleradas o hasta aprobadas por leyes, instituciones y normas de la comunidad y algunos investigadores argumentan que la violencia contra la mujer puede ser no solo una manifestación de la falta de igualdad de género, sino también una manera de imponerla.
De hecho, la base de evidencia científica indica que las modalidades, los factores de riesgo y las consecuencias de la violencia contra la mujer son diferentes de los asociados a la violencia contra los hombres. En todo el mundo, los hombres tienen mayores probabilidades que las mujeres de sufrir violencia en el contexto de conflictos armados y actividades delictivas, mientras que las mujeres tienen mayores probabilidades que los hombres de sufrir violencia y tener lesiones provocadas por personas cercanas, como sus compañeros íntimos. Las niñas y las mujeres también tienen mayores probabilidades que los niños  o los hombres de sufrir violencia sexual en general.Además, la violencia física y sexual contra las mujeres y niñas tiene para la salud reproductiva un sinnúmero de consecuencias que son diferentes de las consecuencias de la violencia contra los hombres"
Y como dije hace ya dos largos años en el diario progresista Nueva Tribuna: "Aunque entre la violencia de género y lo que entendemos generalmente como terrorismo hay muchas diferencias existe un parecido fundamental: es la inyección del terror a través del uso de la violencia de modo ilógico, aleatorio e indiscriminado, para lograr un fin que esconde una calculada intención de terror, paralización, huida o miedo. En cualquier momento la amenaza se puede cumplir y, generalmente, no depende de la víctima evitarlo aunque crea lo contrario. O aunque pueda tomar determinadas medidas para su protección."

Como reivindico una y otra vez con cada acción en redes o de protesta en las calles de Especialista en Igualdad: "A las mujeres, en el mundo, se nos mata por ser mujeres y mientras la sociedad no asuma ese principio básico, mientras los medios de comunicación no lo digan ante cada acto de violencia en lugar de preguntar a la vecina de turno, mientras la sociedad no condene cualquier violencia con rotundidad (desde un chiste machista a un articulista que se atreve a decir refiriéndose a los malos tratos que «sarna con gusto no pica»), hasta que este Gobierno y los que fueron y los que serán no titubeen en sus mensajes"

La mayor muestra de la desigualdad entre las mujeres y hombres, la que desemboca en el asesinato de una mujer a manos de un hombre, es la puntal del iceberg. Pero ese iceberg flota sobre un mar de silencios que sostienen los programas de televisión inefables, las políticas irresponsables, los chistes machistas, los piropos en la calle, el lenguaje que nos ignora y nos minusvalora, los libros que cuentan las historia de los varones como si fuera la de la Humanidad, los medios que eluden su responsabilidad sistemáticamente, una sociedad incapaz de garantizar a las mujeres y las niñas su Derecho Humano a una vida libre de violencia.

La próxima muerte por terrorismo machista no podrá sorprendernos, está anunciada. La próxima muerte por terrorismo machista no podrá escandalizarnos: será nuestra responsabilidad.


María S. Martín Barranco

Comentarios

  1. Urge realizar programas que ayuden a empoderar a la mujer y a sus hijos para romper con estos ciclos de violencia. Urge que las mujeres dejen de sentirse objetos o que son buenas si "lo aguantan todo" por la familia. Ojalá que no se nos olvide que las mujeres no somos grupos minoritarios, somos la mitad de la población mundial.

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  2. Es importante promover la acción comunitaria para fomentar valores basados en los derechos humanos y una cultura libre de violencia

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