Ni feminista ni machista

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En mucho lugares del mundo nacer mujer es motivo de tristeza, o sinónimo de esclavitud, o perspectiva segura de dolor y muerte. Omnipresentes en la cultura occidental como objetos, invisibles como sujetos de sus derechos y de sus propias vidas.

Y es de visibilización de lo que hablamos cada 8 de marzo. No de celebrar ni de entregar flores sin saber por qué. El 8 de marzo no celebramos ser mujeres, celebramos ser sujetos de derechos, de ciudadanía, de nuestras vidas. El 8 de marzo conmemoramos la revolución silenciosa que nos llevó a ellos a las que tenemos la suerte inmensa de disfrutarlos y exigimos que los posean aquellas a quienes, todavía hoy más cerca del primer cuarto que del inicio del siglo XXI, aún no se les reconocen.

Por eso, no hay nada que me parezca mayor muestra de ignorancia que esa frase ya clásica de “Soy femenina no feminista” como si no ser feminista -es decir, no trabajar por los propios derechos- diera un plus de feminidad. Aunque en realidad, así es. Si te ajustas mejor al papel de mujer culturalmente establecido eres más femenina en el sentido en el que la sociedad te necesita: sumisa y transmisora de sumisión.

En las sociedades occidentales la maternidad es patriarcal, la enseñanza y la cultura son patriarcales, el empleo es patriarcal, el sistema económico es patriarcal, la lengua que hablamos y sus reglas de uso, la política es patriarcal, la pareja como institución es patriarcal, el diseño de las ciudades es patriarcal, las grandes compañías que nos venden internet, gas, luz, calefacción, son patriarcales; lo son los medios de comunicación que nos conectan al mundo. 

Por eso, visibilizar a las mujeres y los logros que otras mujeres hemos conseguido para ellas no es cuestión baladí. Porque a nosotras, hasta hoy, nunca nos han reconocido los derechos porque sí. Hemos tenido que arrebatarlos a quienes nos los negaban. Han cuestionado si teníamos alma, si pensábamos, si podíamos votar, si podíamos elegir marido (o mujer), si podíamos divorciarnos, si podíamos tener la custodia de nuestras hijas e hijos, si podíamos trabajar, leer, escribir, estudiar, ser científicas, matemáticas o incluso directoras de orquesta. Se ha cuestionado si podíamos cobrar nuestro sueldo, emprender un negocio, tener la titularidad de una propiedad, ponernos pantalones, minifalda, viajar solas, decidir si queremos tener hijos y cuándo y cuántos. Hemos tenido que pelear el derecho a que se castigue la violencia contra nosotras, a que no se nos pueda violar en el matrimonio, a que se encarcele a nuestros agresores.

Y esta es la noticia que parece no haber llegado a una buena parte de la sociedad: eso no lo ha conseguido un partido determinado, ni una religión determinada, ni una persona determinada, ni un país determinado. Eso lo han conseguido el Feminismo y las feministas para todas las mujeres.

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Así que antes de decir que no eres ni feminista ni machista, pregúntate si estarías dispuesta a renunciar a esos derechos. Si la respuesta es no, al menos, ten la decencia (y la inteligencia) de no insultar a quienes los consiguieron para ti. 


María S. Martín Barranco
Artículo aparecido originalmente en el número marzo 2014 AMAM Mujeres abranzando México. La Revista
* Todas las imágenes del post son propiedad de Mujeres Imperfectas

Comentarios

  1. Me gusta mucho el blog! agradezco que haya personas como ustedes que visibilizan estas problematicas, sacando de la ignoracia sobre estas cuestiones a muchas personas que defienden este sistema injusto. Me da fuerza para continuar comunicando los ideales feministas a todos los que me rodean quienes muchas veces me cuestionan y agreden por ello. Saludos!

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  2. El patriarcado es un concepto utilizado por las ciencias sociales, en especial en la antropología, sociología y en los estudios feministas. Hace referencia a una distribución desigual del poder entre hombres y mujeres en la cual los varones tendrían preeminencia en uno o varios aspectos, tales como la determinación de las líneas de descendencia (filiación exclusivamente por descendencia patrilineal y portación del apellido paterno), los derechos de primogenitura, la autonomía personal en las relaciones sociales, la participación en el espacio público -político o religioso- o la atribución de estatus a las distintas ocupaciones de hombres y mujeres determinadas por la división sexual del trabajo.

    Como podeis apreciar patriacardo y matriacardo no significan lo controrio ni los mismo.

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  3. Pues para no haberlo leído ha escrito unas respuestas más largas que el propio artículo...

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  4. Las feministas de ahora os quereis atribuir los logros de las feministas del pasado. Si ahora mucjas feministas historicas levantasen la cabeza u viesen en que se ha convertido en España y en otros paises se echarían las manos a la cabeza.

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  5. Hoy en día la gente no sabe que feminismo y hembrismo no significan lo mismo. El equivalente al machismo sería hembrismo, es decir, la consideración superior de la mujer sobre el hombre. Feminismo es un término que surge a partir del sufragismo inglés del siglo XIX que persigue la igualdad de sexos. Si realmente eres alguien defensor de la igualdad, entonces eres feminista, palabra que por cierto ha adquirido una connotación negativa gracias a personas que lo utilizan incorrectamente. Un saludo.

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  6. Las mujeres no deberían tener los mismos derechos que nosotros los machos

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  7. Igualdad = Defensor consciente (NO MACHISMO NI FEMINISMO)

    Por favor, ¿cuesta tanto entender la poca valoración que están dando al verdadero sentido de la vida?.
    No andar peleando por quién es superior, es mejor pelear y ayudar a cosas que de verdad lo necesitan.
    Actualmente hay muchos países hundidos en la pobreza, hay gente que los ayuda, pero muy pocas de las "feministas que abogan por la igualdad" los ayudan.
    Sinceramente me parecen gente hipócrita y repugnante.
    Quisiera algún día vivir en un mundo sin distinción ni rivalidades estúpidas o nombres para definir sus idioteces.

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  8. Gracias por el artículo. Recordar todo lo que otras hicieron antes por nuestros derechos nos anima a seguir luchando por las mujeres que vendrán. Si te transformas en un ser libre, no hay opresión posible.

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