lunes, 23 de diciembre de 2013

Destruyendo la libertad de las mujeres

Libertas delenda est* 



Escribo el 20 de noviembre, apenas unas horas después de conocerse la noticia. No tengo palabras para describir el shock que me ha producido conocer los primeros detalles de la contrarreforma de la Ley de derechos sexuales y reproductivos en mi país (España). Una involución que nos arroja de un golpe a los primeros años de la democracia española, que es lo mismo que decir que nos deja a las puertas de la dictadura. Otra.

Cuando una persona no puede decidir libremente sobre las cosas más importantes o que más influyen y definen el curso de su vida no es libre. Cuando otra persona decide por ella la ley le da un nombre: incapacitada o menor de edad. Deciden por nosotras, luego se nos trata como a menores o incapaces al 50% de la población española. Y han decidido que las mujeres en España somos incubadoras.

Anteponer los derechos de un cúmulo de células (tengan el nombre científico que tengan que ni lo sé ni -ahora- me importa) por delante del derecho de una persona nacida, en pleno uso de sus facultades y capaz de elegir qué quiere hacer con su vida, es imponer una moral religiosa por encima de la aconfesionalidad del Estado y la libertad individual a la que tanto se apela en el ámbito económico.

Del mismo modo que la Ley del divorcio (en contra de la que votaron Ministros que hoy los cuentan de tres en tres a sus espaldas) no hizo sino permitir que este se produjera y no obligó a nadie a divorciarse, la libre elección de la maternidad no obliga a nadie a interrumpir su embarazo. Solo permite a las mujeres que han tomado esa decisión (siempre difícil, no nos van a engañar, no abortan como quien va a tomar café) hacerlo en condiciones higiénicas y médicas que garanticen su vida. Permite un aborto seguro. Nada más.

Las ricas abortarán antes o después de un fin de semana de shopping en London. Las pobres no podrán ni recibir información de manera legal. Pero ¿sabe, “señor” Gallardón? Las redes de mujeres funcionan infinitamente mejor que su sinapsis neuronal (aunque suponer que la tiene sea demasiado suponer). No habrá en este país una mujer a la que no se informe, a la que no se asesore, a la que no se acompañe y a la que no se financie una interrupción del embarazo. Y seremos tantas las dispuestas a confesar nuestros delitos que no habrá aparato represor del Estado que lo soporte. Palabra de feminista.

Eso, a pesar de que el aborto no es consecuencia de la liberación de la mujer ni del Feminismo. En la antigua Roma la práctica del aborto ya era conocida y legislada. Hasta la llegada del cristianismo, el pater familias decidía sobre la mujer, porque era de su propiedad. Con la llegada de la religión católica, apostólica y romana, se prohibió ¿le suena de algo, “señor” Gallardón? Algunas de las prácticas utilizadas aún antes que los romanos por los sumerios, llegan hasta hoy. Por desgracia, son a las que se vuelve cuando el aborto se prohíbe y se realiza en condiciones de precariedad. Y, hablando de precariedad ¿qué ser abominable en su sano juicio obligaría a traer al mundo a un hijo o una hija con una enfermedad que garantizará años en estado vegetativo mientras recorta cualquier ayuda al cuidado de esa criatura? Nacer por obligación, morir por inanición. ¿Qué es usted, Ministro, nuestro pater familias o nuestro verdugo?

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y estudios sociológicos, clínicos y médicos de todo tipo avalan desde hace años la afirmación de que una vez tomada la decisión de no continuar con su embarazo las mujeres abortan, el problema es que hacerlo en la clandestinidad produce un número inasumible de muertes al año. No protegen la vida, protegen su moral. Es más, no protegen su moral, protegen a la única parte de su electorado que aún se mantiene fiel: la heredera directa de la moral franquista aliada como siempre desde el Siglo XV en España con la Iglesia Católica. Y sí. No todo el mundo en la Iglesia es de esa calaña, pero si estás en el club... estás en el club. 

Proteger la vida del nasciturus, concebido no nacido, y no proteger la de una niña de 15, 16 o 17 años a la que violan si su padre y su madre deciden que tiene que continuar el embarazo no es defensa, es aberración. El número de Tratados Internacionales suscritos por España y con fuerza de ley que se infringen con este sucedáneo de texto legal que ha tenido a bien vomitar antes de Navidad es innumerable. Y lo haremos efectivo. Solo se le ha escapado un pequeño detalle para ser “redondo”: tendría que haberse presentado el 28 de diciembre. 

Así que si su “Ley” solo protege sus votos más radicales ante la única promesa electoral que son capaces de cumplir. Si su defensa de caballero andante nunca se la ha pedido y no es aceptada sino contestada. Si para defenderla en la sede de la soberanía popular (popular... han deslegitimado y hecho aborrecible esa palabra para generaciones de personas en España, enhorabuena); si para defenderla, decía, ha necesitado mentir en el parlamento, intentar no hacer público quién compone el Comité de expertos (y a buen seguro serán hombres pero a saber expertos en qué), esconderla de sus compañeros y compañeras de partido antes de presentarla ¿qué tenemos que deducir? Si desisten de proteger a quienes vivimos arrojados a la miseria por sus políticas neolibreales rayanas en el fascismo para proteger al no nacido ¿tan desesperado está por un puñado de votos? ¿Tendremos que exigir el derecho a ser nasciturus para que este Gobierno de ultras incompetentes cumpla su cometido?
Quizás debamos tomar esta Ley con más tranquilidad. Para las mujeres es un paso atrás en nuestros derechos humanos que nos unirá y del que tomaremos impulso. Para usted, “señor” Gallardón -maldito malnacido-, es el certificado de defunción. Bien pensado, el día apropiado habría sido el 2 de noviembre. Día de muertos.









María S. Martín Barranco


Formadora y consultora en Género


Directora EVEFem

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Alerta feminista por un Pacto entre Mujeres



Estamos en #AlertaFeminista. En realidad, deberíamos estar en alerta nacional porque la libertad está en peligro. Toda la libertad, porque no vale partirla a cachitos. La libertad es una y la que me restan a mí disminuye la de la sociedad en su conjunto. Quizás algo tan sencillo de entender como eso sea lo que mantiene a quienes viven (vivimos) en España en la apatía absoluta frente al despojo de nuestros derechos. No hablamos del derecho al aborto, o no solo de él. Hablamos de permitir o no que nos traten (otra vez) como a incapaces necesitadas de la tutela del estado para decidir sobre nuestros cuerpos y nuestro futuro.

La prensa de una y otra ideología, con más o menos acierto se ha hecho eco esta semana del acto celebrado en la Sala Clara Campoamor. Mujeres de varios partidos políticos unidas por encima ( o frente, o más allá o apoyadas o no) de sus formaciones en favor de la libertad y de los derechos de todas las mujeres. El pacto es sencillo y la transcribo a continuación. No quiero, sin embargo, dejar de poner el énfasis en lo que creo que es la clave de la política del futuro: si las mujeres demostramos a los partidos (todos) que todas nos moveremos como una sola cuando recorten nuestras libertades, saltándonos a la torera las disciplinas de los partidos que deseen pasar por encima de nuestros derechos; si conseguimos hacer eso nuestro poder se multiplicará por mil dentro de cada partido y fuera de él. Porque será el poder de la unidad por el bien común. Será una llamada de atención. Seremos mayoría cada vez que decidamos que así debe ser. ¿No es eso la política? Pues tomémosla pacíficamente y deshagamos de una vez por todas los nudos que nos atan a las formas patriarcales. Por nosotras y por todas nuestras compañeras. Hasta por las que usan el poder que ganamos para ellas, para arrebatarnos nuestros derechos. Las reacciones, por supuesto, no se han hecho esperar. Vienen de quienes votaron contra el divorcio, y ahora se divorcian, por poner solo un ejemplo. También la indisciplina permitió aprobar aquella Ley.

"PACTO ENTRE MUJERES POR LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS Y DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO"

Ante el anuncio del Gobierno de España de reformar la actual Ley orgánica 2/2010 de Salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, las organizaciones de mujeres abajo firmantes apelamos:
  • A los valores de la libertad y la igualdad recogidos en la Constitución Española así como al Pacto entre mujeres tal y como lo entendieron las Parlamentarias de la legislatura Constituyente cuando se negaron a avalar con su voto la discriminación por razón de sexo en la sucesión a la Corona.
  • Apelamos a la Libertad de decidir de las mujeres sobre nuestra vida y la autonomía en relación a nuestros derechos sexuales y reproductivos. Recortar estos derechos significaría tutelar a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Sin libertad para decidir no hay igualdad. Sin igualdad no hay democracia.
  • Apelamos a la Igualdad que garantiza la actual ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, reconociendo el derecho de las mujeres a ser atendidas en el sistema de sanidad público cuando decidan interrumpir su embarazo.
  • Apelamos al Pacto entre mujeres, porque solo a nosotras nos concierne decidir sobre nuestro embarazo, tanto si queremos ser madres como si no queremos serlo.
  • Apelamos a las Parlamentarias para que hagan efectivo el Pacto porque ellas son la voz y el voto de sus representadas, son la voz y el voto de las mujeres en el Parlamento.
Por todo ello:
  • Pedimos a nuestras Parlamentarias que suscriban un Pacto entre mujeres que garantice los derechos sexuales y reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo, haciendo valer su condición de Parlamentarias, ejerciendo como nuestras legítimas representantes y oponiéndose a cualquier reforma de la actual ley que signifique un retroceso en los derechos adquiridos por las mujeres. 
  • Pedimos que se pacte entre mujeres derechos que solo conciernen a las mujeres y por ello apelamos a su condición de mujeres por encima de cualquier ideología.
Hacer realidad este Pacto significa garantizar la igualdad y la libertad y con ellas la democracia."