viernes, 30 de marzo de 2012

Reservado el derecho de admisión


«Cuando la propaganda que dimana del estado
recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado
 y no se permite ninguna desviación en su contenido,
 el efecto puede ser enorme.
Fue una lección que ya había aprendido Hitler
y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros días».
El control de los medios de comunicación.
Noam Chomsky



Tiene que ser la edad. No puede ser sino el paso de los años el que me hace mirar atrás para entender qué me queda por delante. En esta tesitura, nadie se extrañará del mareo que tengo en estos meses cuando veo las noticias y no sé si son del día o es el No-Do.
Cada mañana la prensa nos acompaña el desayuno con novedades que, como la moda, nunca son nuevas. Vuelven las faldas de pliegues y vuelve el debate del “aborto”. Con lo mal que nos sientan los unos y el otro.
Rebusco en la memoria y en las hemerotecas y algo de lo que no tengo recuerdo propio pero sí noción de su existencia llega a mis manos, y lo comparto:
«Ante el juicio de once mujeres de Bilbao sobre el aborto y las detenciones de Sardañola y ante la creciente represión en contra del aborto, nosotras, mujeres, exigimos la amnistía de todas las mujeres y hombres encausados por el aborto, la inmediata libertad sin fianza de los detenidos de Sardañola y un cambio en la legislación que contemple el aborto libre y gratuito. Por tanto, las abajo firmantes, conscientes de las consecuencias y de las repercusiones penales que nos pueda reportar, declaramos:
Yo he abortado
En los años 80 y el documento fue firmado en masa por integrantes de asociaciones de mujeres anónimas, y también por mujeres de relevancia, muchas de ellas en activo todavía, y cuyos nombres tampoco quiero privarme de compartir:
Pilar Brabo, Carlota Bustelo, Cristina Almeida, Matilde Fernández, Eva Forest, Eulalia Vintró, políticas. Lola Gaos, Tina Sainz, Emma Cohen, Núria Espert, María Cuadra, actrices. Ana Belén, Massiel, María del Mar Bonet, Guillermina Motta, cantantes. Crisitina Alberdi, Lidia Falcón, abogadas. Rosa Montero, Mercedes MIlá, Nativel Preciado y Soledad Gallego-Díaz, periodistas. Montserrat Roig y Rosa Regás, escritoras. Cierra la lista de mujeres públicas (por supuesto no en el sentido de nuestra carpetovetónica Academia de la Lengua  y sus Inmortales) Pilar Miró, directora de cine.
Esta declaración pública fue un reto a las autoridades, un pulso ganado porque ninguna de ellas conocida o no, fue procesada. Nos saltamos el manual neo liberal que desde los años 30 del siglo pasado postula que «los individuos tienen que estar atomizados, segregados y solos; no puede ser que pretendan organizarse, porque en ese caso podrían convertirse en algo más que simples espectadores pasivos». Comenzaban los primeros pasos de un camino que ya habíamos recorrido en la República, que retomaban diligentes nuestras predecesoras y que deberemos volver a transitar casi paso a paso si las intenciones de este Gobierno son tan aviesas como parecen.
Como cooperantes necesarios, para variar, los medios de comunicación: ¿Qué opciones sexuales se representan en los medios? ¿Qué aspectos de la libertad sexual y reproductiva se visibilizan? ¿Cómo se representan? ¿Cómo reflejan su realidad? No podemos olvidarnos de que todo lo que comunica educa, y educar es, sobre todo, transmitir valores. Se educa—y se comunica— con palabras  y nos volvemos a encontrar en un debate que apenas acaba de dejar de “colear” el del lenguaje: ¿Es lo mismo decir derecho a abortar, que interrupción voluntaria del embarazo que libre elección de la maternidad y sobre el propio cuerpo? Las palabras nunca son inocentes y quienes las utilizamos tampoco. Nuestros cuerpos vuelven a ser arma en una guerra ajena: la de la moral cristiana, que desea imponer, ni más ni menos que la maternidad por obligación; el castigo bíblico por querer decidir: parirás con dolor.
Si se echa un vistazo a los ensayos de Lippmann, tal y como nos recomienda Noam Chomsky del que tomo los siguientes párrafos: «se observará que están subtitulados con algo así como Una teoría progresista sobre el pensamiento democrático liberal. Lippmann estuvo vinculado a estas comisiones de propaganda y admitió los logros alcanzados, al tiempo que sostenía que lo que él llamaba revolución en el arte de la democracia podía utilizarse para fabricar consenso, es decir, para producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo inicialmente no deseado». Y sigue: « Así pues, en una democracia se dan dos funciones: por un lado, la clase especializada, los hombres responsables, ejercen la función ejecutiva, lo que significa que piensan, entienden y planifican los intereses comunes; por otro, el rebaño desconcertado también con una función en la democracia, que, según Lippmann, consiste en ser espectadores en vez de miembros participantes de forma activa. Pero, dado que estamos hablando de una democracia, estos últimos llevan a término algo más que una función: de vez en cuando gozan del favor de liberarse de ciertas cargas en la persona de algún miembro de la clase especializada; en otras palabras, se les permite decir queremos que seas nuestro líder, o, mejor, queremos que tú seas nuestro líder, y todo ello porque estamos en una democracia y no en un estado totalitario. Pero una vez se han liberado de su carga y traspasado esta a algún miembro de la clase especializada, se espera de ellos que se apoltronen y se conviertan en espectadores de la acción, no en participantes. Esto es lo que ocurre en una democracia que funciona como Dios manda.
»Y la verdad es que hay una lógica detrás de todo eso. Hay incluso un principio moral del todo convincente: la gente es simplemente demasiado estúpida para comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de los asuntos que les afectan o interesan, lo único que harían sería solo provocar líos, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran.» ¿Les recuerda en algo a las declaraciones de los medios de la derechona mediática tras las elecciones andaluzas, a el PP haciéndose la "víctima" de una herencia, a la criminalización de los sindicatos, las movilizaciones sociales, las protestas?
Las perlas públicas del gobierno de las gaviotas (son esas aves carroñeras ¿recuerdan?) no han dejado de sucederse y casi siempre con una misma estrategia: digo una burrada de calibre superior y tanteo el terreno (sobre la reforma salarial, sobre los sueldos, sobre el déficit, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, sobre la violencia estructural o sobre el aborto), el personal pone el grito en el cielo y se desahoga contra la premisa mayor, después hago la propuesta en firme, mínimamente más moderada y ¡oh, maravilla! Habrá suspiros de alivio. Si les digo que mini-empleos y sueldos de 400€ cuando vean que tienen 600 van a decir «peor podría haber sido». Si les amenazo sin pensiones, y solo recorto las más altas, si un Consejo de Ministros no hay un recorte ¡qué alivio, solo quitan derechos "de mujeres"! Sólo soy capaz de sacar una conclusión de esta pseudo-estrategia: O toman a la ciudadanía por tonta o el PP se ha pasado de listo.
El Ministro ultra Gallardón ya lleva muchas—burradas— sobre un mismo colectivo, las mujeres, en tiempo récord. Con los meses se va afianzando, con Rouco apretando los tornillos, no hay tuerca que resista el envite. Lo de la violencia estructural debió ser para que repasáramos el concepto y supiéramos la que se nos viene encima. Después la emprende con la super-mujer (o la super-mamá que en su antropocéntrica, machista, derechísima y metacatólica mente debe ser el sinónimo). No debe extrañarnos porque la Ministra del ramo (Mato, bonito nombre) no sabe distinguir entre violencia doméstica y violencia de género, habla en masculino genérico, seguirá pidiendo sobre la llamada “píldora del día después” informe sobre informe hasta que encuentre alguno que le interese —es decir, que diga que es malísima de la muerte—, y también apoya una nueva ley sobre la libre elección de la maternidad, más restrictiva. Wert, otra joya de gaviota, cree que el trabajo de las mujeres fuera de casa perjudica a las familias. El hombre no ha caído en la cuenta del montón de clases de familias que hay, algunas —el colmo del despiporre— formadas solo por mujeres ¡casadas entre ellas!
En mitad de una crisis de dimensiones estratosféricas, entre llamadas a una responsabilidad social traducida en «abre el bolsillo que tenemos que llenárselo a los bancos», los derechos de las mujeres vuelven a cuestionarse. Los avances que nos conciernen, siempre en un equilibrio tan precario, vuelven a estar al borde de un abismo. Se han empeñado en que creamos en el infierno, y nos lo están preparando en vida para que no nos quepan dudas de su existencia.
En nuestro cuerpo ya no está reservado el derecho de admisión. Qué será lo próximo, ¿Se prohíbe el cante?

María S. Martín Barranco
especialistaenigualdad@gmail.com

martes, 27 de marzo de 2012

Mass Media mediante, o como vacas al tren

Hay una famosa viñeta sobre Internet en la que aparece un perro
 sentado enfrente de un ordenador y al pie de la misma se dice:
 "Lo mejor de Internet es que nadie sabe que eres un perro*"
*Leído al revés en inglés, perro (dog) significa Dios (god).
Anthony Guiddens. Manual de sociología.
Hay una historia de la manipulación de unas personas por otras tan larga, supongo, como la Historia del mundo, o de la de la raza humana en él. No iré tan lejos, aunque sí muy lejos, a los momentos anteriores a la Gran Guerra. La I Guerra Mundial, según nos resume cuenta Noam Chomsky en El control de los Medios de Comunicación:
 «La primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos».
Que todo está inventado es algo que sabemos de sobra pero, a veces, es necesario escarbar entre la multitud de informaciones (ciertas, falsas, inmediatas, mediatizadas, importantes, irrelevantes, interesantes o cualesquiera otras susceptibles o no de clasificación) y llegar algo más allá para poner la vista en alguno de los puntos de la evolución de nuestra civilización en los que la marcha atrás ya no fue posible. Quizás todos sean así, una línea de no retorno que nos empeñamos en olvidar —o se empeñan en que olvidemos— tan pronto cruzamos, pero puede que esa línea sea el contorno de un círculo en el que, como si de un redil se tratara, pacemos la comodidad de no pensar, de dejarnos mostrar sin mirar más que lo que nos ponen delante, como las vacas al tren.
Hoy, casi cien años después, en un mundo que podría parecer tan distinto y tan lejano a aquél, asistimos entre el desinterés,  la diversión o la estupefacción a la repetición de maniobras que pretenden obtener los mismos efectos, pero llevadas a cabo de un mudo tan burdo, con una ordinariez y tosquedad tales que nos lleva a pensar que o bien toman a la opinión pública por idiota o los idiotas son, directamente, quienes por tales nos toman.
Quienes confeccionan las noticias funcionan como "guardianes", controlando lo que entra en la agenda política; es decir, de lo que el público se entera y que conformará a su vez la agenda del resto de los mass media. Es prácticamente imposible criticar la cobertura de los medios de comunicación dominantes si se tiene poco acceso a otras fuentes alternativas, pero también es sumamente improbable que en mitad de un bombardeo de información segundo a segundo, podamos tomar el tiempo de comprobar la veracidad, la adecuación o la coherencia de los titulares que se nos proporcionan, o que ahondemos en ellos. Si nos dan el resultado de una quiniela exigimos que sea veraz, que se haya comprobado, que no quepa posibilidad de error y una rectificación lo más rápida posible si lo hubo. ¿Por qué no exigimos el mismo rigor con el resto de las informaciones?
Baudrillard señalaba que, en una época en la que los medios de comunicación están por todas partes, se crea realmente una nueva realidad, la hiperrealidad, en la que se mezcla el comportamiento de las personas y las imágenes de los medios de comunicación. El mundo de la hiperrealidad se construye mediante simulacros, imágenes que sólo toman su significado de otras imágenes y que, por tanto, no se basan en una "realidad externa”. En ese contexto, los grupos que tienen poder logran controlar las ideas dominantes que circulan en la sociedad, con el fin de justificar su propia posición. El flujo de noticias está dominado por un pequeño número de agencias de noticias que proporcionan información puesta al día a periódicos y emisoras de radio y televisión de todo el mundo, que a su vez son multiplicadas hasta el infinito por las redes sociales. ¿Cuántas de estas informaciones no están suministradas por grupos de poder? ¿Qué sabemos del mundo, del resto del mundo, a través de un conocimiento que no esté construido por los medios?
Volvemos de nuevo la vista atrás, aunque no tanto, y recordamos cómo trataron los medios de comunicación de masas los movimientos sindicales de los años 80 en Inglaterra, tal y como nos recuerda Anthony Guiddens en su Manual de Sociología:
«Las noticias sobre relaciones industriales solían presentarse de forma selectiva y sesgada. Palabras como "problemas", "radical" y "huelga sin sentido" indicaban una postura antisindical. Era mucho más probable que se informara de las molestias que ocasionaban las huelgas a la población que de las causas de estas medidas de presión. Las filmaciones utilizadas solían dar una imagen irracional y agresiva, de las actividades de los huelguistas. Por ejemplo, si se les mostraba impidiendo que otros trabajadores entraran en una fábrica se hacía más hincapié en las confrontaciones que hubieran podido ocurrir, aunque hubieran sido muy pocas».
Ya me contaran si escuchan estas palabras en informativos u otros medios españoles del día 29 y en qué medida. Puede ser tan divertido o más que ver pasar el tren.

Elogio del paro útil


La dictadura mediática imperial existente ha impuesto
una cultura del dinero que aliena, aculturiza y produce falsa
conciencia, así como cinismo como profesión de fe. Una
cultura de la violencia que fluye por todo el universo humano
en sus tres esferas: individual, social y natural. Una cultura
de control que somete a todas las conciencias a un
bombardeo continuo de mentiras sórdidas que se hacen
verdades inocentes.
Contribución a la Crítica de la Enajenación y Dictadura Mediática delCapital Imperialista
Camilo Valqui Cachi y Cutberto Pastor Bazán

Desde que comenzaron hace casi un lustro ya, los primeros síntomas graves de agotamiento del sistema financiero por sobreexplotación de sus depredadores, hemos escuchado hablar una y otra vez del Estado de Bienestar. Sabemos que lo disfrutábamos en la mínima parte del mundo desde la que tengo la suerte —o no— de escribir, aunque no lo dijéramos entonces o no tanto, sabemos que entró en crisis el modelo por más que nadie nos dijera por qué y sabemos ahora que nos lo desmantelan y empezamos a sufrir cómo.
Tras la II Guerra Mundial, durante un largo período, el miedo a una revolución funcionó como eficaz acicate para el desarrollo de políticas y medidas en el ámbito de lo social que ponían freno a un capitalismo sin intervención del Estado. Tras el fin de la contienda bélica, en muchos países europeos los partidos comunistas se alzan como una seria opción de poder, si a esto añadimos que la Unión Soviética sale reforzada de la guerra, no es de extrañar que se pongan en marcha los mecanismos adecuados para que Europa occidental sea el cortafuegos soviético. Como apunta Tortella, la única verdadera revolución del siglo XX es la revolución socialdemócrata a través del Estado del Bienestar. Con las excepciones de Portugal y España que sufrían sendas dictaduras, la eclosión del Estado de Bienestar es prácticamente unánime en toda Europa. Gregorio Rodríguez Cabrero hace una definición del mismo que aúna las diferentes perspectivas desde las que este “contexto social” puede contemplarse:
“El concepto de Estado de Bienestar connota un conjunto de respuestas de policy (control)  al proceso de modernización, consistentes en intervenciones públicas en el funcionamiento de la economía y en la distribución de las expectativas de vida, las cuales se orientan a promover la seguridad e igualdad de los ciudadanos, introduciendo entre otras cosas derechos sociales específicos dirigidos a la protección en el caso de contingencias preestablecidas, con la finalidad de aumentar la integración social de sociedades industriales con elevada movilización” (Rodríguez Cabrero, 1996: 89).
En realidad, el Estado de Bienestar es una concesión de los mercados para mantener estables las tasas de demanda: el Estado debe garantizar unas importantes tasas de consumo (políticas de bienestar) y de inversión (planificación económica), de esta manera se adecua el mercado a las exigencias sociales y se evitan las crisis cíclicas. El principio rector del Estado del Bienestar, es según Mishra, garantizar unos mínimos fundamentales para el conjunto de la ciudadanía. Para avalar este principio subraya tres elementos base en el Estado del Bienestar (Mishra, 1993: 41-42):
1. Control y regulación de la economía en aras de garantizar una alta tasa de empleo.
2. Creación de servicios públicos en sectores clave como la sanidad, la educación o la vivienda.
3. Servicios asistenciales para hacer frente a la pobreza, de carácter excepcional y condicionado a las rentas.
No hay más que ver esos tres puntos para saber que esa revolución del Siglo XX ha perdido su fuerza a la misma velocidad que perdemos la esperanza:
1. Se controla y regula la economía para garantizar la estabilidad de los mercados, atendiendo a las necesidades del dinero antes que a las necesidades de las personas.
2. Se disminuyen o se destruyen los servicios públicos de sanidad, educación y vivienda y dejan de considerarse una inversión para pasar a ser un lastre para las administraciones encargadas de proporcionarlos.
3. Se venden como una carga para el sistema, y no como una regulación necesaria del mismo, las medidas para hacer frente a la pobreza producida por las incorrecciones y necesidades del propio sistema.
Para el mantenimiento del Estado de Bienestar hay, además, un factor fundamental: la ciudadanía. El desarrollo de la ciudadanía es un proceso complejo en el que no vamos a entrar detalladamente, pero que necesita de una lectura revisada para poder adecuarse a las nuevas demandas de hombres y mujeres de todas las edades. Aspectos como el medioambiente, la paz, las libertades sexuales, la integración de las diferentes culturas o la perspectiva de género han de ser considerados y absorbidos en la reconstrucción de la teoría de la ciudadanía.
La conciencia del poder de una ciudadanía responsable es el paso imprescindible para atemperar la velocidad de la caída y para la propuesta de alternativas a un sistema muerto que sigue recibiendo transfusiones continuas y respiración asistida.
Dicen que parar el 29M es lo último que necesita la economía de nuestro país, quizás sea lo que necesitamos sus ciudadanas y ciudadanos: parar, hacer el duelo por el muerto y caminar después hasta un sistema mejor. La revolución del Siglo XXI será ciudadana o no será.

lunes, 19 de marzo de 2012

Viva la Pepa.

La Pepa, o querer y no poder avanzar

En tiempos de crisis, suele haber una tendencia (que podríamos creer inevitable si no fuera siempre inducida por un mismo y muy determinado grupo ideológico) a poner en tela de juicio cuestiones elementales de justicia social. Si la memoria histórica sirve para algo, ese algo no es abrir heridas (heridas que sólo puede reabrir una parte de las víctimas, la que tuvo la suerte de poder cerrarlas al ganar la guerra que habían comenzado) sino intentar aprender para no cometer los mismos errores. Otros puede, parecidos quizás. De ahí que recordemos en primer lugar, tal y como ya hizo Esperanza Parejo al resumir la evolución de Mujeres y democracia en España”, «una visión de la situación jurídica de la mujer en un tiempo aún cercano, pero que aparece a nuestros ojos perdido en la noche de los tiempos porque, ante los logros adquiridos en la lucha de la mujer por la igualdad y la dignidad, se nos puede olvidar que, cuando el talante democrático de los legisladores y demás miembros de la sociedad no acompaña a los principios legales, surgen reacciones en contra del avance de la mujer que restarán efectividad al ejercicio de sus derechos en la sociedad».
El feminismo tiene su origen en la Ilustración europea y se produce como un alegato contra la exclusión de las mujeres del uso de los bienes y derechos que formulaba la teoría política rouseauniana. La Libertad, Igualdad y Fraternidad preconizadas por la Revolución francesa no eran más que para los hombres, exactamente igual que la Ciudadanía de La Pepa. Las mujeres no tenían los derechos que les eran reconocidos a los hombres; de los derechos políticos las mujeres carecían por completo, por no tener no tenían ni reconocido el derecho de voto. Es sabido que inicialmente solo los poseedores de una renta concreta votaban —sufragio censitario—, pero no las pocas mujeres que tuvieran la misma condición; después el voto se aseguraba con la autosubsistencia, pero no para las mujeres, aunque tuvieran empleo y, por último, todo varón podía ejercerlo con independencia de su condición, pero ninguna mujer fuera cual fuera la suya. Cuando todos los varones pudieron votar se afirmó que se había alcanzado el “sufragio universal”, sin añadir que esa “universalidad” era solo para la mitad de la población, mientras la otra quedaba privada de su ejercicio.
Las mujeres eran, en 1812 socialmente invisibles, Amparo Rubiales en su inolvidable conferencia “La situación jurídica de la mujer en España” la describe inmejorablemente: «No tenían ninguna posibilidad de acceso a la educación ni a la formación y solo eran utilizadas como mano de obra barata, cuando esta se necesitaba; en España no tuvieron reconocida legalmente la posibilidad de acceso a la educación universitaria hasta el año 1911,  y su acceso anterior a la enseñanza primaria y secundaria solo se entendía de utilidad en la medida en que se consideraba mejor para la educación de los hijos o para que, en el caso de que tuvieran la desgracia de no casarse, se pudieran ganar la vida, primero como institutrices y, más tarde, como maestras».
Hasta el año 1911 eran casi cien años después porque en España, las mujeres hemos tenido que esperar mucho, casi hasta la llegada de la democracia, para ver recogidos plenamente nuestros derechos en la Ley. Esta lucha se concreta en cuatro campos específicos: el derecho a la educación; los derechos políticos, profesionales y laborales; los derechos dentro de la institución familiar y los derechos en el ámbito del orden penal. Sin embargo, en algunas fases históricas de cambios económicos se suelen olvidar los significados de ciertos conceptos constitucionales que se incluyen en esas cuatro áreas de conquistas.
Es paradójico que en plena fase de retroceso de los derechos conquistados en las últimas décadas por las mujeres —y colectivos como el LGTB hasta ahora evitado escrupulosamente para cualquier cosa que no fuera criminalizarlo— celebremos, y bien celebrado está, el bicentenario de la Constitución de 1812, La Pepa. Celebremos y recordemos pero no olvidemos que las Constituciones españolas, hasta la de la Segunda República (119 años después), omitían toda referencia al principio de igualdad entre los sexos. No olvidemos que el partido que batalló y batalla contra las cuotas no tuvo apenas mujeres en cargos significativos hasta que un partido de izquierdas adoptó la famosa y archipolémica cuota del 25% en las listas electorales y en puestos de responsabilidad orgánicos en 1988 (a 176 años de 1812, para evitar la cuenta a quien lea). Recordemos que si por algo abogaba aquella Constitución de 1812 era por una educación nueva como pilar de una nueva sociedad para la que daban un paso adelante en un tiempo difícil, pero no olvidemos que hasta 1970 (tras 158 años) no se aprobó la Ley General de Educación que proclamó la igualdad de ambos sexos en el sistema escolar e impuso la escolarización obligatoria hasta los 14 años, medida que posibilitó el acceso universal de las niñas a la educación. No nos permitamos olvidar que hasta 1989 (y eran ya 179 años después de La Pepa) los delitos contra la libertad sexual de las personas no existieron porque no existía dicha libertad, eran delitos contra la honestidad que no protegían a las mujeres sino al honor de “sus” hombres.  Unos delitos de los que otros hombres no podían ser víctimas.
Aprendamos de los errores, profundicemos en los aciertos, recordemos para no repetir y no permitamos un solo paso atrás o tendremos decir como en el chiste: «que viva, pero que no viva tan lejos».

©María Martín 
 especialistaenigualdad@gmail.com

viernes, 2 de marzo de 2012

Semana 1 encuesta "Discurso y género"


Encuesta internacional
Discurso y Género
Semana 1
En la primera semana de difusión pública de la encuesta “Discurso y género” para la investigación de la Percepción social del discurso feminista, tanto en su modalidad profesional (para asociaciones y respuestas colectivas) como particular (para respuestas individuales), podemos extraer los siguientes datos:
ü   Los cuestionarios han sido enviados vía mail en España a 500 asociaciones de carácter nacional y provincial. 250 de esas asociaciones eran “de mujeres” o con intereses a favor de las mujeres (contra la violencia, por la igualdad de derechos laborales, por un lenguaje inclusivo…), las otras 250 lo eran de intereses generales. Ninguna asociación ha respondido ni hecho acuse de recibo de los mismos.
ü  En los países de habla hispana, el cuestionario ha sido remitido por correo electrónico a 100 asociaciones de las que han respondido 4, todas ellas mexicanas.
ü  Se ha enviado en España información sobre la investigación, así como los cuestionarios, a todos los partidos políticos con representación parlamentaria nacional. No ha respondido, a nivel institucional, ninguno.
ü  Se ha enviado información directa a 376 unidades de igualdad, centros de la mujer, casas de la mujer e instituciones oficiales con distintas denominaciones de España, México, Argentina, Costa Rica, Perú, Chile, Uruguay, República Dominicana, Venezuela y Colombia. Han respondido el cuestionario algunas trabajadoras del Centro de la Mujer de Illescas (Toledo, España); la Unidad de Igualdad del Ayuntamiento de Granada y están difundiendo la iniciativa desde la dirección del Centro de Ayuda contra la Violencia Intra Familiar de Tulancingo C.E.A.V.I.F. (Hidalgo, México) y un centro de Argentina que no se ha identificado.
ü  Se han enviado directamente 1000 correos electrónicos a particulares y empresas. Han respondido interesándose 190 personas.
ü  El blog de Especialista en Igualdad desde el que puede obtenerse información y hacer descarga de los formularios, ha recibido en la página correspondiente a la encuesta durante esta semana 1256 visitas, el cuestionario profesional se ha descargado 75 veces, el individual 131. Se han recibido cuatro consultas como comentario al blog.
ü  En las red social Facebook, la información sobre la encuesta se ha compartido desde la página Especialista en Igualdad 26 veces. Dos personas han pedido más información, y otras 2 han respondido vía Facebook a la encuesta.
ü  En la red social Twitter, se ha mencionado 54 veces y se retwiteado 11.
ü  Se han recibido 18 cuestionarios, de ellos 12 respondidos por mujeres y 6 por hombres.
ü  Entre las respuestas, 2 eran al cuestionario profesional, 16 al individual.
ü  El profesional ha sido contestado por 1 hombre y 2 mujeres.
ü  El individual ha sido contestado por 5 hombres y 10 mujeres.
ü  Las respuestas han llegado desde Jamaica, Italia, España, México y Argentina por personas con el castellano como lengua materna.
Agradecemos el esfuerzo a todas las personas que se han tomado la molestia de leer, difundir, contestar, preguntar y muy especialmente a Melissa Fernández Chagoya de GENDES S.A. que hizo todo eso y además reenvió a sus contactos un resumen y un recordatorio de los plazos, para que no se perdieran entre tanta información.
La primera conclusión de esta investigación es que está claro que un estornino en el Twitter de Dinio García es mucho más interesante para casi todo el mundo que una investigación sobre género.
La segunda, que hay quienes no somos todo el mundo, y —por ello o a pesar de ello— no perdemos la esperanza. 
Pueden decargar la información AQUÍ
Que tengan un feliz finde. 
La semana que viene, más.


jueves, 1 de marzo de 2012

Información política: la indefinida línea entre electorado y público

Lo que parece verdad cuenta mucho más que lo que
es verdad; de ahí la búsqueda sistemática de las pruebas
y el estudio de las técnicas adecuadas
para demostrar la verosimilitud de una tesis.
Tórax y Tisias, maestros de Retórica. Grecia siglo V a.C.


               La diferencia entre verdad y opinión que a simple vista puede parecer tan clara como para no necesitar más discusión, no sólo marcó las controversias en el arte de la Retórica hasta el S. XIX, sino que se nos hace hoy absolutamente imprescindible de distinguir si acariciamos la idea de extraer alguna conclusión de las informaciones que de forma profusa nos facilitan los medios de comunicación en todos los campos y, muy especialmente, en el de la política.
Atendiendo a teorías clásicas de la argumentación, el discurso es un hecho social y político que une en un mismo diálogo al orador u oradora y su auditorio, que se comunican (quien emite el mensaje y quien lo recibe) mediante disertaciones que se producen en un momento definido en el tiempo.

      Podríamos decir, reduciendo siglos de historia a dos míseras líneas, que encontramos en política dos métodos bien definidos de argumentación: por una lado una argumentación “científica” que se dirige a la mente y tiende ha hacer el alegato verosímil aduciendo pruebas lógicas de verosimilitud, y por otro, la que está fundamentada en la atracción emotiva de la palabra que, sabiamente manipulada (es decir, manejada) se dirige al corazón. No hacen falta ejemplos de ello, es suficiente ver el próximo informativo para apreciar cómo una y otra se utilizan con mayor o menor destreza, con mayor o menor intención por dirigentes de los destinos de todos los estados, regiones (perdón, Comunidades Autónomas), diputaciones, provincias, ayuntamientos, entidades locales, corporaciones, empresas, sindicatos, pymes, asociaciones vecinales, indignados e indignadas, periodistas o presidencias de comunidades de vecinos. O apelamos al corazón, o apelamos a la razón, o a ambos.

      El siguiente paso —y no lo doy yo, ya fue dado por Aristóteles— sería hacernos conscientes de la oportunidad de ese discurso, es decir, cómo una u otra argumentación son apropiadas para auditorios concretos en situaciones determinadas. También en la Grecia clásica Antífono redactó ya los lugares comunes —y vacíos—, las fórmulas generales que sirven para cualquier tipo de discurso. Continuamos escenificando, continuamos hablando para esconder lo que pensamos. Grecia, entonces, parecía saber lo que decía, o para qué lo decía.
No hay nada nuevo bajo el sol, o no bajo el sol que ustedes y yo compartimos con aquellos sesudos señores que inventaron y perfeccionaron las artes de la manipulación política que hoy se nos ofrecen no sé bien si degradadas o remasterizadas por los medios.

      Si deseamos hablar sobre el poder de la palabra y el modo de utilizarlo para dirigir a otras personas, tampoco debemos creer que innovamos. Posiblemente fueron los sofistas (las sofistas ni estaban ni se las esperaba) los primeros en tomar conciencia de ese poder de la palabra y su influencia sobre los asuntos humanos y sociales. Ellos aprendieron a analizar las predisposiciones del auditorio para ajustar el discurso a sus ideas, valores y necesidades; aprendieron, pues, a persuadir que no es otra cosa que seducir con lo que de engaño tiene toda seducción. También se hicieron conscientes de la importancia de la puesta en escena de ese discurso, de las circunstancias en que se desarrollaba.

      Ni más ni menos que eso, aunque de modo más burdo, menos consciente y empobrecido, es lo que se nos ofrece hoy por los medios de comunicación en España (y me atrevería a decir que en el resto de países occidentales u occidentalizados), en el siglo XXI. Cadenas de televisión, periódicos, emisoras de radio, blogs o grupos de redes sociales que, contraviniendo todas las normas periodísticas, brindan como información meras opiniones —sin indicarlo en ningún momento, tal y como se establece en todos los códigos deontológicos de la profesión—, opiniones como mínimo sesgadas y en algunas ocasiones puras invenciones disfrazadas de investigación y que sólo son suposiciones o insinuaciones. No son mentiras, son sofismas. No son mentirosos —o mentirosas—, son sofistas.

      Hoy hemos pasado de personas con derecho a ser informadas, de electorado que decide, a ser la excusa para casi todo. Somos votantes, somos consumidoras y consumidores. Somos, para casi todo el mundo, gente a la que vender algo: un producto, una idea, un dios, una forma de vida, un impuesto, una reforma laboral. Un cambio. Un cambio del cambio. Hemos pasado de ejes a satélites. Somos espectadores, público. Y cierran Público. Grecia, al menos, sigue teniendo a sus clásicos. Las clásicas, serán otra historia.
                                                                                                                                                                                                                                    ©María Martín 
 especialistaenigualdad@gmail.com